Hace algunas horas se conoció la inflación de Dinamarca que llegó al 11.1% anual, una verdadera tragedia para un país acostumbrado a sumar ese guarismo en más de una década. Casi una veintena de los países de la Unión Europea pelean con tasas de dos dígitos y los países balcánicos pasan de los 20 puntos. En ese marco de crisis mundial la ONU a través del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) informó que 9 de cada 10 naciones del mundo tuvieron retrasos o caídas en el desarrollo humano.
Pandemia, guerras, disparada casi infinita de los precios de alimentos y energía, sumado al ya clásico esquema de desigualdades que se consolida con las crisis son el escenario en el cual el PNUD advierte la “existencia de múltiples capas de incertidumbre interconectadas entre sí que están provocando una desestabilización sin precedentes en nuestras vidas. Los últimos dos años han resultado devastadores para miles de millones de personas en todo el mundo, con la pandemia de COVID-19 seguida por la guerra en Ucrania y su interrelación con enormes transformaciones sociales y económicas, amenazantes cambios a nivel planetario y un avance extraordinario de la polarización” asegura el último Informe sobre Desarrollo Humano 2022 del PNUD.
Por primera vez en los 32 años que el PNUD lleva elaborándolo, el Índice de Desarrollo Humano (IDH), que mide la situación de salud, educación y las condiciones de vida de los países junto con el PBI, ha empeorado a nivel mundial durante dos años consecutivos. El desarrollo humano ha retrocedido a niveles de 2016.
El informe advierte que “el retroceso es prácticamente universal, ya que más del 90 % de países registran un deterioro de los niveles de su IDH en 2020 o en 2021, y más del 40 % en ambos años”, una demostración de que la crisis sigue empeorando para muchos.
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El Programa dependiente de la ONU asegura que algunos países están empezando a recuperar terreno perdido, pero advierte una recuperación parcial y desigual, lo que amplía aún más las brechas en el desarrollo humano a nivel global. América Latina y el Caribe se ha visto particularmente afectada como región. Al observar el IDH del final del 2021, se observa que varios países de la región sufrieron retrocesos significativos en el desarrollo humano en comparación con 2019.
El dato no debería ser sorprendente ya que nuestra región fue una de las más afectadas por la pandemia, con el 9 % de la población mundial y el 33 % de las muertes por COVID-19 a nivel mundial. También fue la región con la contracción económica más fuerte, de cerca del 7 % en 2020. Mientras que algunas economías de la región se recuperaron en 2021, pero también en forma lenta y desigual.
Además el informe analiza por qué no se llevan a cabo los cambios necesarios y ofrece muchas razones, como la mutua interconexión entre inseguridad y polarización (grieta) y su impacto en la erosión de la solidaridad y la acción colectiva necesarias para combatir las crisis a todos los niveles. Nuevos cálculos muestran, por ejemplo, que las personas con una mayor sensación de inseguridad de todo tipo (física, social, alimentaria) son más propensas a caer en el extremismo político.
El Indicador de Desarrollo Humano es una de las mediciones que más aceptación tuvo en las últimas décadas (tanto por los países como por la academia) e incorpora tres dimensiones básicas: salud (mediate la esperanza de vida), educación (con una tasa combinada de alfabetización y matriculación en enseñanza primaria, secundaria y terciaria) y crecimiento económico (PIB per cápita expresado en similitud del poder adquisitivo en dólares). Los resultados se reflejan en un ranking de países ordenados en cuatro categorías de desarrollo humano: muy alto, alto, medio y bajo.
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Inflación, pandemia, guerra. El marco en el cual crece la desigualdad mundial según el informe del PNUD.
“Ya antes del COVID-19 se veía la doble paradoja que supone un progreso acompañado por una mayor inseguridad y una creciente polarización. Hoy en día, una tercera parte de la población mundial se siente estresada y menos de un tercio confía en los demás, lo que supone un importante obstáculo a la hora de adoptar políticas constructivas para las personas y el planeta” asegura Achim Steiner, administrador del PNUD.
El Informe recomienda llevar adelante políticas dirigidas a fomentar las inversiones de todo tipo y estratos sociales desde el desarrollo de energías verdes hasta un almacén barrial y políticas muy fuertes de protección social para preparar a las sociedades ante las contingencias de un mundo incierto junto al desarrollo de capacidades para responder a los desafíos que vayan surgiendo en el futuro.
Como se ve la grieta, la desigualdad y la complejidad de la crisis económica no tiene nada de exclusivo para la Argentina. Es más, nuestro país está entre los países que aparecen en la tabla dentro del grupo más alto de desarrollo humano en el puesto 47.
Los datos del informe de la ONU sirven para poner contexto pero también para complejizar el debate y romper la linealidad y pequeñez con la que se pretende instalar los debates en nuestra dirigencia y los medios, bien lejos de un contexto mundial que si no es mirado y analizado en su complejidad (como se dice vulgarmente) nos llevará puestos.