Opinión

Canción del dólar, las elecciones y del candidato que patearía el tablero

El dólar reflejó la tensión de una Argentina inflacionaria que se encamina a unas difíciles elecciones.

Por Myriam Ruiz

La semana estuvo convulsionada entre la altísima inflación de marzo, el dólar blue que saltó de los $400 a $442 -valor al que cerró este viernes- y los rumores de una posible devaluación que luego tuvieron que salir a desmentir quienes lo habían lanzado. Pero no fue sólo lo económico lo que descompensó el barco (por usar alguna de las metáforas preferidas de Macri), lo político tuvo mucho que ver.

El martes, cuando el dólar sufrió la primer corrida fuerte coincidió con el rumor de posibles cambios en Economía. Un día después Massa seguía en su lugar y quien salía era el Jefe de Asesores de Alberto Fernández. Desde la vereda contraria, en el inicio de semana líderes del PRO se despeinaban ante las cámaras en una lucha intestina: Macri criticando la indisciplinada decisión de Larreta de convocar a elecciones concurrentes, Vidal pidiendo que todos se bajen de las candidaturas y Bullrich presentando el paquete de “medidas de shock” que impondrá desde el primer día si es que gana.

Así las cosas, el viernes llegó con un dólar paralelo recargado y Alberto Fernández decidió tranquilizarlo renunciando a ser candidato. El remanso duró un par de horas. El dólar tocó los $445 en la city porteña y luego bajó a $442; en Mendoza cerró a $444.

Los inversores saben que hay enormes posibilidades de que venga un cambio de gobierno. En otros momentos hubiesen ido llegando con sus proyectos bajo el brazo pero este año esto no está ocurriendo. La crisis de representatividad de políticos y partidos está sentando mal precedente.

Recordemos que días atrás la Universidad de San Andrés publicó su Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública. Los resultados han sido durísimos para los partidos y frentes que han gobernado a la Argentina en los últimos 20 años.

El 44% de los encuestados dijo preferir como próximo presidente a “alguien nuevo, que patee el tablero”. Esta opción le ganó al 36% que dijo que votaría a alguien “con experiencia en la gestión”.

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Frases como “todos son iguales” o “es más de lo mismo” son recibidas en cualquier lugar en el cual uno tenga mínima interacción social: en el trabajo; en la fila del banco o del Rapipago; hasta en la charlita mínima al comprar en la carnicería y enojarte por el precio… en todos lados surge el “¿a quién votamos?” y la respuesta es una mirada cargada de cansancio.

Hasta Javier Milei tendrá que recurrir a mucho más que su papel de outsider y el peinado a lo Manuel Belgrano para convencer a los inversores sobre su capacidad de gobernabilidad.

La inestabilidad de los mercados es un reflejo de las vacilaciones con que se muestra la clase política.

Vacilaciones que impactaron hasta en nuestra provincia, justo esta semana cuando había cierre de listas. El sábado llegó y nada estaba como era entonces: A Cambia Mendoza le apareció un frente gemelo (le crecieron los enanos diría Joaquín Sabina) mientras el Frente de Todos se sigue achicando y terminará siendo el Frente de “aquellos” o de “los de más allá”.

¿Dónde están las decisiones que liderarán el cambio? ¿Dónde está el compromiso de quienes quieren levantar a la Argentina para que vuelva a ser potencia? ¿Qué campaña van a llevar adelante todos o ninguno con semejante inflación y pobreza que estamos pasando los argentinos? Esto más bien parece un tomala vos, dámela a mi.

Extraño ir a votar con mariposas en la panza, esa esperanza de que todo estará mejor. Extraño los domingos de elecciones de asado o tallarines en familia, donde se festejaba el primer voto de los más chicos o las lecciones del abuelo. Extraño la Argentina de veredas llenas de gente; de comerciantes sonrientes; de departamentos de estudiantes porque se podía alquilar y viajar; de fábricas que llamaban frenéticas con sirenas a sus trabajadores.

Extraño a mi país.

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