La economía que viene

La pregunta del millón: ¿el control de cambio llegó para quedarse?

Por Gustavo Reyes

 La larga historia de controles cambiarios en nuestro país muestra que, en general, han comenzado en forma moderada pero luego se han extendido y generalizado con brechas cambiarias crecientes y atrasos del tipo de cambio oficial. 

La implementación de los controles de capitales, en todos los casos, ha coincidido con problemas de excesos de demanda de divisas en general, acentuados por problemas inflacionarios.

A pesar del éxito inicial, los controles cambiarios nunca terminaron con los problemas que originaron. Solamente el lanzamiento de programas económicos integrales permitieron que los problemas se volvieran manejables y que los controles de capitales pudieran ser removidos. Por estos motivos, en la medida que Argentina no resuelva mediante un plan integral el problema del déficit fiscal, de la inflación y del endeudamiento, resulta difícil que los actuales controles puedan ser revertidos y que no terminen de igual forma que en el pasado. Los argentinos ya hemos visto muchas veces esta película, ojalá esta vez podamos cambiar el argumento y llegar a un final diferente. 

Lo que enseña la experiencia 2011-2015

El cepo cambiario aplicado entre fines del 2011 y 2015 no ha sido la única experiencia en controles cambiarios que ha tenido nuestro país. A lo largo de su historia, Argentina ha tenido numerosas experiencias de restricciones a los movimientos de capitales. Como puede preciarse en los siguientes gráficos, en casi todos los casos, estos controles han terminado reduciendo el tipo de cambio real, generando mayores brechas cambiarias y aumentando los desequilibrios en la Cuenta Corriente (déficits).

En la mayoría de estos casos, la política monetaria terminó financiando el déficit fiscal mediante el impuesto inflacionario. A efectos de no espiralizar la evolución de los precios, las autoridades atrasaron el tipo de cambio respecto de la inflación generando caídas en el tipo de cambio real y déficit en la cuenta corriente.

Dado que los controles de capitales reducen el financiamiento externo del país, los déficit de cuenta corriente generalmente tienen que ser financiados con reservas del Banco Central. Cuando estas últimas llegan a un nivel crítico, la autoridad monetaria se encuentra obligada a devaluar perdiendo la ansiada estabilidad cambiaria (del tipo de cambio oficial). Por otro lado, la existencia de tasas de inflación más altas que las de variación del tipo de cambio oficial, terminan aumentando las brechas cambiarias y las expectativas de devaluación. Estas variables afectan negativamente la demanda de dinero de la economía, lo cual reduce también el control de la política monetaria del Banco Central. Fuente: Fundación Mediterránea

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