La política monetaria argentina atraviesa un momento particular. Mientras algunas decisiones impulsan la circulación de pesos en la economía, otras van en sentido contrario y buscan retirarlos del sistema. Esta combinación genera un escenario en el que las tasas de interés se mueven con cierta volatilidad y donde las posibilidades de una baja en el corto plazo aparecen limitadas.
Un reciente informe del IERAL de la Fundación Mediterránea analiza esta dinámica y sostiene que hoy la evolución de las tasas depende de varios factores que van más allá de la política monetaria tradicional.
En los últimos meses se observa una interacción entre dos actores centrales de la política económica: el Banco Central de la República Argentina y el Tesoro.
Por un lado, el Banco Central compra dólares en el mercado cambiario. Cada vez que realiza estas operaciones paga con pesos, lo que implica que aumenta la cantidad de dinero que circula en la economía.
Pero al mismo tiempo el Tesoro coloca deuda en pesos a través de licitaciones periódicas. Cuando los inversores compran esos títulos, entregan pesos al Estado, lo que reduce la liquidez disponible en el sistema financiero.
Este mecanismo genera una dinámica particular. Mientras el Banco Central inyecta pesos al comprar divisas, el Tesoro retira parte de ese dinero al financiarse en el mercado. En la práctica, esto significa que las tasas de interés no dependen únicamente de las decisiones del Banco Central, sino también del ritmo y la magnitud de las colocaciones de deuda pública.
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El panorama no aparece propicio a una rápida baja de las tasas de interés por parte del Banco Central
La acumulación de reservas impulsó la emisión
El informe señala que durante el primer bimestre de 2026 la principal fuente de expansión monetaria fue la compra de divisas por parte del Banco Central.
En ese período, las compras netas alcanzaron los 2.700 millones de dólares. Además, el ritmo de intervención fue en aumento: durante enero las operaciones fueron más moderadas, mientras que en febrero se registró una mayor presencia del organismo en el mercado cambiario.
Como consecuencia de estas compras, se emitieron aproximadamente 3,9 billones de pesos, lo que implicó un aumento significativo de la liquidez.
Sin embargo, ese efecto no se trasladó plenamente a la economía porque fue compensado por otras medidas destinadas a absorber pesos.
El Tesoro y la liquidez
El Tesoro tuvo un papel central en ese proceso de absorción monetaria. A través de sus licitaciones de deuda logró captar más de 3 billones de pesos de financiamiento neto, lo que redujo la cantidad de dinero disponible en el sistema.
La estrategia apunta a adelantarse a futuros vencimientos de deuda. Al conseguir financiamiento con anticipación, el Gobierno busca disminuir presiones fiscales más adelante, especialmente en un contexto en el que el mercado cambiario todavía mantiene ciertas restricciones.
Además, el Banco Central complementó este proceso mediante distintas operaciones financieras, como intervenciones en el mercado secundario de bonos, resultados en contratos de dólar futuro y el aumento de instrumentos que pagan intereses.
El resultado final fue que, a pesar de las compras de dólares, la base monetaria terminó mostrando un sesgo contractivo.
Un mercado financiero más volátil
Desde mediados de 2025 el sistema financiero opera con un esquema que genera más fluctuaciones en las tasas de corto plazo.
Esto se debe, entre otros factores, a la eliminación de las Letras de Liquidez del Banco Central (LEFIs), que antes funcionaban como un instrumento para ordenar la liquidez bancaria.
En este nuevo contexto, la tasa de caución a un día se convirtió en uno de los principales indicadores que siguen los operadores financieros para medir la disponibilidad de pesos en el sistema.
Cuando el Tesoro logra renovar más del 100% de los vencimientos de deuda, absorbe una mayor cantidad de pesos y las tasas tienden a subir. En cambio, cuando el Banco Central compra divisas o interviene en el mercado de bonos, aumenta la liquidez y las tasas tienden a bajar.
Durante febrero esta dinámica quedó en evidencia. La tasa de caución ponderada por volumen llegó a 42% anual a mediados del mes, después de haber subido desde fines de enero. Posteriormente retrocedió hasta 22% anual, en parte por compras de divisas del Banco Central y también porque el Tesoro evitó ofrecer instrumentos a tasa fija en una de sus licitaciones, lo que dejó más pesos disponibles en el mercado.
La deuda en pesos
En el mercado de deuda en moneda local también se registraron cambios en las últimas semanas.
Los instrumentos a tasa fija muestran una baja en sus rendimientos. Actualmente la curva de tasas se ubica aproximadamente entre 33% y 35% anual, con una caída de más de 500 puntos básicos en los plazos más cortos desde comienzos de año.
En los plazos más largos, en cambio, las tasas siguen siendo algo más elevadas que a fines de 2025.
También se observaron variaciones importantes en las tasas reales —es decir, descontando la inflación—. Durante febrero pasaron de niveles cercanos al 6% anual a valores próximos al 1% en pocos días.
Estos movimientos terminan impactando en el sistema bancario. Las tasas que los bancos pagan por los depósitos y cobran por los préstamos tienden a seguir la evolución de la liquidez del mercado.
Los factores que condicionan una baja de tasas
Según el análisis del IERAL, una reducción sostenida de las tasas depende de tres variables principales.
La primera es la tasa internacional libre de riesgo, que influye en las decisiones de inversión globales. La segunda es la expectativa de devaluación del peso. Y la tercera es el riesgo país, que refleja la percepción de los inversores sobre la economía argentina.
Para que los inversores mantengan sus ahorros en pesos, las tasas locales deben ofrecer un rendimiento mayor al que obtendrían al invertir en dólares. Si esa diferencia se reduce demasiado, aumenta la tendencia a dolarizar portafolios.
Además, el nivel de inflación sigue siendo un factor relevante. Las proyecciones actuales ubican la suba de precios mensual en torno al 2,5% o 2,6%, lo que obliga a mantener tasas reales positivas para sostener el interés por los activos en moneda local.
Un margen limitado para seguir bajando
En este contexto, el informe concluye que el espacio para una baja adicional de tasas en el corto plazo es reducido.
Las reducciones registradas recientemente responden en gran medida a una mayor liquidez y a expectativas cambiarias relativamente estables. Sin embargo, no reflejan todavía cambios estructurales en las variables que determinan el costo del dinero.
Por esa razón, una baja demasiado agresiva podría disminuir el atractivo de las inversiones en pesos y generar presiones en el mercado cambiario.
El escenario actual muestra un delicado equilibrio. Las autoridades económicas buscan administrar la liquidez sin afectar la estabilidad financiera ni las expectativas sobre el tipo de cambio. En ese marco, cualquier movimiento en las tasas de interés deberá considerar no solo la inflación y la política monetaria, sino también el comportamiento del mercado y el riesgo financiero del país, cierra el informe.