Los restos de vid suelen ser implementados por las bodegas como compost para devolverle a la tierra algunos nutrientes. Sin embargo, desde el ámbito de la investigación pública se encontraron otros usos para darle vida útil a lo que queda del proceso de la vitivinicultura en Mendoza.
Desde el Conicet Mendoza, los especialistas desarrollan aislantes para la construcción creados a partir de desechos de la vid y el micelio de hongos. Se trata de paneles termoacústicos, creados por los investigadores del Instituto de Ambiente, Hábitat y Energía (Inahe-Conicet).
Tradicionalmente los aislantes están fabricados a partir de derivados del petróleo, pero esta alternativa es un aporte a la economía circular, reduce el impacto ambiental y le da un nuevo uso de los restos de la vitivinicultura, la actividad productiva dominante en Mendoza. El proyecto cuenta con la colaboración de una bodega de la provincia que aporta los residuos de poda.
De acuerdo a una de las investigadoras, Maira Terraza, quien es diseñadora industrial y becaria doctoral del Conicet a cargo del proyecto; este desarrollo aporta al uso de materiales con baja energía incorporada, mediante una menor huella de carbono, y contempla el ahorro energético durante la vida útil del edificio, como también el impacto ambiental de su fabricación, según publicó la UNCuyo.
Además, las primeras pruebas demostraron que la creación se comporta bien a nivel térmico y tiene una destacada capacidad de absorción acústica. Los investigadores trabajan en alcanzar la validación mediante las normas ISO 9001, para lo cual realizan pruebas de absorción de agua, resistencia al fuego y durabilidad a largo plazo.
Desarrollo de hongos comestibles mediante restos de vid
La doctora Cecilia Césari, de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Mendoza, trabaja con la especie Pleurotus Ostreatus, también conocida como gírgolas pardas. Según explicó, los hongos silvestres necesitan alta humedad ambiental que la provincia no tiene, por lo que el equipo cultiva en condiciones controladas.
Los primeros ensayos de laboratorio y campo dieron resultados alentadores.
Gentileza
"Las hacemos crecer en residuos lignocelulósicos, es decir, restos de vegetales. Estos hongos son saprófitos, por lo que se alimentan de materia vegetal muerto, específicamente de celulosa, hemicelulosa, lignina, que están en las paredes celulares de las plantas. Básicamente, son hongos xilófagos, es decir que consumen madera", explicó.
Los investigadores articulan con el sector gastronómico mendocino, al cual le pueden aportar un producto con características regionales, hecho en Mendoza. De acuerdo al proyecto, al ser una tecnología ecológica en base a residuos vegetales sin costo, el cultivo de gírgolas es una oportunidad prometedora para la provincia y la gastronomía local.