Diciembre y el dólar: por qué baja la presión cambiaria y qué puede pasar en el verano
Diciembre aporta calma al dólar, pero las reservas negativas y los vencimientos de deuda anticipan un verano clave para medir la solidez del programa económico.
La necesidad de dólares para cubrir la demanda interna y de vencimientos puede poner all gobierno en aprietos
En el volátil e impredecible mercado del dólar en la Argentina diciembre suele comportarse como una pausa en medio de un ciclo de tensiones persistentes. La estacionalidad juega a favor de la estabilidad y modera, al menos transitoriamente, la presión sobre el tipo de cambio. El mayor requerimiento de pesos por parte de empresas y familias, impulsado por el pago de aguinaldos, el cierre de ejercicios contables y un consumo que se expande de manera puntual, contribuye a descomprimir los dólares financieros y el circuito paralelo.
Sin embargo, esta calma presenta límites conocidos, especialmente cuando las reservas internacionales continúan en niveles críticos y el Banco Central enfrenta compromisos que condicionan su margen de acción. Y la sociedad ve el dólar barato y cambia las playas locales por las internacionales y acumula billetes en sus colchones. Siempre apostando a la devaluación. Si algo tienen en claro los argentinos es que nunca se pierde en el mediano y largo plazo.
Una estabilidad transitoria en los tipos de cambio
El inicio de este diciembre confirma una dinámica repetida. La demanda de pesos sostiene una relativa estabilidad en los distintos tipos de cambio, con un dólar informal que oscila en torno a los 1.445 pesos y se posiciona momentáneamente como la cotización más baja entre las alternativas del mercado. Los financieros, por su parte, muestran movimientos moderados, acompañando un clima de menor tensión. Todos los diciembres presentan un freno transitorio en la dolarización, aunque con fecha de vencimiento definida. Superado el pico estacional de liquidez, la presión retorna con fuerza, empujada por importadores, empresas que buscan cobertura, recomposición de portafolios, y en años como este, el turismo.
La ingeniería de las reservas
El verdadero punto de preocupación, coinciden analistas y operadores, no reside en la cotización diaria de la divisa, sino en la situación del Banco Central. La entidad debió afrontar esta semana un vencimiento del Bopreal 2026 cercano a los 1.000 millones de dólares y, ante la profundización de las reservas negativas, crece la sospecha de que la cancelación se realizó en gran medida mediante movimientos de encajes bancarios. En términos prácticos, se recurrió a los dólares que los depositantes mantienen en el sistema financiero, recursos que contabilizan como reservas pero que no forman parte del poder de fuego propio de la autoridad monetaria.
Las reservas netas, por lo tanto, continúan en terreno negativo. Diversas consultoras estiman que el rojo supera los 16.000 millones de dólares, cifra que, al incorporar los pasivos asociados a los Bopreal, profundiza la fragilidad del balance del Central. La consultora 1816 lo definió como un “estado de relojería”, donde la estabilidad depende más de la continuidad de la confianza que de la solidez de los activos disponibles. Un viejo precepto asegura que el negativo es infinito, mientras la confianza no se rompa.
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Las playas internacionales, refugio de miles de turistas argentinos en el verano y que ejercerán presión sobre el dólar
Optimismo oficial y advertencias técnicas
Mientras, la lectura del escenario económico actual y de los próximos meses aparece dividida entre posturas complacientes de los más cercanos al Gobierno y análisis profesionales -de ambos lados de la grieta ideológica- que advierten riesgos crecientes. El consultor Salvador Di Stéfano, defensor casi militante de Javier Milei, asegura en sus redes sociales que será un verano con dólar estable, tasas a la baja y un rebote bursátil impulsado por el resultado electoral de octubre. Su diagnóstico se apoya en la estacionalidad favorable de diciembre y en la aspiración oficial de sostener el proceso de desinflación con un cambio controlado entre las bandas.
No obstante, voces de mayor experiencia en la conducción económica plantean reservas y advertencias. El expresidente del Banco Central Martín Redradocuestiona la capacidad del país para afrontar los vencimientos de enero, que suman alrededor de 4.500 millones de dólares. Subraya, además, que un cambio en la administración estadounidense y la necesidad de Donald Trumpde obtener un buen resultado en las intermedias de noviembre podría limitar la disponibilidad de apoyo financiero excepcional como el recibido meses atrás, lo que deja a la Argentina más expuesta a su propia generación de divisas. Los ingresos por exportaciones, aunque relevantes, se ven condicionados por una producción real que aún muestra rezagos.
Domingo Cavallo se suma casi semanalmente desde su blog a las advertencias de que el tipo de cambio real se encuentra apreciado, configurando un “dólar barato”, al tiempo que las tasas de interés reales elevadas desincentivan la inversión y restan dinamismo a la economía. Según su visión, ambas distorsiones neutralizan los efectos positivos de la desregulación. En su diagnóstico, la clave pasa por acumular reservas genuinas y avanzar hacia la eliminación del cepo cambiario.
Distorsiones macroeconómicas y la economía real
Las tensiones de fondo también se aprecian en los indicadores de actividad. Más allá de sectores dinámicos como el financiero, el agro y el petróleo, la economía continúa sin señales claras de recuperación. El consumo se mantiene débil y la caída de la recaudación refleja un amesetamiento que condiciona la consolidación fiscal. Además, si bien la brecha cambiaria entre oficial y financieros permanece baja en términos históricos, se aproxima al 3 por ciento, lo que podría configurar un indicio temprano de posibles presiones futuras.
El Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyecta un tipo de cambio oficial de 1.500 pesos hacia el último día de este año, con un ritmo de devaluación mensual cercano al 2 por ciento. Si bien la inflación mantiene su tendencia descendente, los economistas discrepan respecto de la sustentabilidad del esquema. La pregunta que divide opiniones es si la desaceleración inflacionaria será suficiente para sostener un crawling peg reducido sin deteriorar la competitividad. Hasta ahora el Gobierno no lo viene logrando. En los últimos meses la inflación viene doblando sistemáticamente el crecimiento de la banda superior del tipo de cambio.
El verano como prueba decisiva para el programa económico
La calma actual convive con luces de advertencia que no pueden ignorarse: reservas netas negativas, falta de claridad regulatoria y una economía real que aún no logra traccionar.
Superada la estacionalidad favorable de diciembre, el horizonte volverá a caracterizarse por interrogantes. El desempeño del verano será determinante para evaluar si la estrategia oficial alcanza para sostener la calma o si, como advierten los sectores más cautelosos, la escasez de dólares y los vencimientos de deuda impondrán nuevamente su peso sobre las expectativas.