4 de mayo de 2026
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Crisis Económica

Crédito caro y fintech: el nuevo mapa del endeudamiento en los hogares argentinos

El crédito "malo" volvió a crecer en Argentina, pero con tasas récord y fuerte presencia fintech. Endeudamiento, morosidad y una economía que resiste a crédito.

Por Marcelo López Álvarez

La vida financiera de los hogares argentinos atraviesa una transformación profunda, marcada por un fenómeno que combina necesidad, tecnología y un cambio de régimen macroeconómico. El crédito volvió a crecer con fuerza durante 2024 y 2025, pero lo hizo bajo una lógica distinta a la de otros ciclos expansivos: no es el sistema bancario tradicional el principal protagonista, sino un entramado de actores no financieros que ofrecen financiamiento rápido, de fácil acceso y a costos significativamente más elevados.

Más crédito, pero para sobrevivir

De acuerdo con un análisis de la consultora encabezada por la economista Marina Dal Poggetto, el crédito total de la economía duplicó su peso en relación con el Producto Bruto Interno en el último año, al pasar de cinco a doce puntos. Sin embargo, esa expansión esconde un cambio estructural en el comportamiento de los deudores. Con las tarjetas bancarias saturadas y los límites agotados, una porción creciente de los consumidores migra hacia billeteras virtuales, aplicaciones fintech y tarjetas emitidas por cadenas comerciales. Se trata de un crédito inmediato, pero usurario, que se consolida como válvula de escape para llegar a fin de mes.

A diferencia de los bancos, estos proveedores no financieros de crédito operan bajo reglas de fondeo distintas. Al no poder intermediar depósitos del público, se financian con capital propio, fondos comunes de inversión o mediante la securitización de sus carteras en el mercado de capitales. Aunque su volumen todavía es menor frente al sistema tradicional, su crecimiento ha sido vertiginoso: hoy el stock de este tipo de financiamiento equivale a aproximadamente un tercio de la masa salarial mensual del país.

El fin de la licuación inflacionaria

El atractivo del crédito alternativo se enfrenta, sin embargo, a una nueva realidad macroeconómica. El viejo hábito de endeudarse esperando que la inflación licuara las cuotas fijas quedó atrás. Con tasas de interés reales positivas, por encima de la inflación, el peso de la deuda ya no se diluye con el tiempo. La cuota deja de ser un alivio transitorio y se convierte en una carga persistente sobre ingresos que, en muchos casos, no logran recomponerse al mismo ritmo.

El problema se agrava porque el consumidor promedio tiende a decidir en función del valor de la cuota mensual y no del costo financiero total. En el ecosistema fintech, donde los algoritmos de scoring asignan tasas personalizadas según el perfil de riesgo, se observan costos financieros anuales que pueden superar el 300 % para quienes financian consumos en pocas cuotas sin promociones. El financiamiento rápido se transforma así en una trampa para hogares que ya operan al límite de su capacidad de pago.

La consecuencia directa de esta dinámica es un deterioro visible en los indicadores de morosidad. Mientras la irregularidad del sistema financiero tradicional ronda el 5 %, en el segmento no bancario supera el 18 % y, según algunas estimaciones privadas, se acerca al 20 %. Se trata de niveles que incluso exceden los picos registrados durante la crisis cambiaria de 2018 y el período más duro de la pandemia. No se trata únicamente de sectores informales: cada vez más trabajadores con ingresos registrados recurren a estos créditos para cubrir gastos corrientes, desde alimentos hasta medicamentos.

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El desarrollo del crédito en Argentina parece no tomar un camino virtuoso sino, más bien, problemático para las familias argentinas.

El desarrollo del crédito en Argentina parece no tomar un camino virtuoso sino, más bien, problemático para las familias argentinas.

La “bicicleta” financiera de los hogares

En este contexto emerge una estrategia de supervivencia que replica, a escala doméstica, las maniobras de administración de pasivos del propio Estado. Muchos hogares toman deuda en plataformas alternativas para cancelar vencimientos de créditos formales, en una suerte de “bicicleta” financiera personal. Endeudarse para pagar deudas se vuelve una práctica extendida, aunque claramente insostenible si los salarios reales no acompañan la carga financiera.

Respuesta legislativa y rol de la ANSES

La preocupación por el sobreendeudamiento llegó también al plano legislativo. En la Cámara de Diputados ingresó un proyecto de ley que propone que la ANSES otorgue créditos específicos para la cancelación de deudas de tarjetas de crédito y otros operadores no financieros. La iniciativa, presentada por el diputado Guillermo Michel con el acompañamiento de legisladores de diversos bloques, apunta a jubilados, trabajadores con ingresos de hasta seis salarios mínimos, monotributistas de las categorías más bajas y beneficiarios de programas sociales.

El esquema salvador

El esquema prevé préstamos de hasta 1,5 millones de pesos, ajustables semestralmente según el salario mínimo, con una tasa vinculada a la TAMAR más un margen adicional. La particularidad es que la ANSES cancelaría directamente la deuda con la entidad acreedora y luego cobraría al beneficiario en cuotas que no superen el 30 % de sus ingresos. El proyecto sostiene que se trata de sustituir pasivos con tasas abusivas por otros pagables en condiciones de mercado, sin generar riesgo fiscal.

Alerta desde el Banco Central

Los datos oficiales refuerzan la dimensión del problema. Según el Banco Central, casi el 8 % de los créditos personales y de las tarjetas presentan atrasos en los pagos, un récord histórico que duplica los niveles de crisis anteriores. En diciembre de 2025, la tasa activa promedio para préstamos personales rondaba el 71 % anual y la de tarjetas el 96 %, pero el costo financiero total superaba ampliamente el 120 %, llegando en algunos casos a multiplicar varias veces la inflación.

Un fenómeno con impacto social

Por ahora, el fenómeno no representa un riesgo sistémico para la estabilidad financiera, dado que los volúmenes siguen siendo relativamente acotados. Sin embargo, funciona como un termómetro de la tensión social y económica. El poco consumo que queda en la economía argentina se sostiene gracias a estas inyecciones de liquidez, pero a costa de una acumulación de deuda que compromete la estabilidad financiera de millones de familias.

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