Apertura comercial y ciclos pendulares: por qué Argentina vuelve a repetir su historia en la economía
La historia argentina expone los riesgos de abrir la economía en un mundo que gira al proteccionismo y advierte sobre los costos del péndulo económico.
La economía argentina parece condena a un pendulo entre extremos
La historia económica argentina parece condenada a repetirse, no como farsa, sino como una tragedia circular de la que resulta imposible escapar. En medio del debate actual sobre el modelo de país, la apertura comercial y la competitividad, resurgen voces del pasado que, leídas a la luz de la coyuntura presente, adquieren una vigencia estremecedora.
Recientemente, la economista Marina Dal Poggetto, a través de una interesante publicación, trajo a la mesa de discusión el pensamiento de Adolfo Canitrot, una figura clave para entender los ciclos pendulares que han desgastado el tejido productivo nacional durante el último medio siglo. El análisis de sus textos, escritos hace décadas, funciona hoy como un espejo incómodo donde el actual programa económico busca su reflejo, aunque el escenario internacional devuelva una imagen distorsionada.
Economía: El diagnóstico del populismo y el cierre económico
Para comprender la dinámica actual, es imperativo revisar los diagnósticos que Canitrot elaboró en dos momentos históricos distintos. En su documento de 1975, el economista describía la anatomía del populismo con una precisión quirúrgica. Estos ciclos nacen invariablemente en contextos de recesión con costos reprimidos. La estrategia inicial consiste en impulsar la demanda “poniendo plata en el bolsillo de la gente”, pisando tarifas y elevando ingresos nominales.
Esta alianza de clases funciona temporalmente, dinamizando el consumo, hasta que las limitaciones fiscales y externas transforman esa expansión en un problema de costos insostenible, forzando un cierre de la economía para proteger una estructura que ya no puede competir.
El diagnóstico liberal y sus resonancias actuales
Sin embargo, es el segundo documento citado por la economista, escrito durante la dictadura militar, el que genera las resonancias más inquietantes con el presente. En aquel texto, Canitrot delineaba el diagnóstico liberal de la época, atribuyendo los males argentinos a la distorsión de precios relativos y a un proteccionismo que fomentaba una “industria ineficiente”.
Se señalaba al sector agropecuario como la víctima de políticas demagógicas y se denunciaban las prácticas monopólicas de un sindicalismo que presionaba los salarios por encima de la productividad.
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El doctor Adolfo Canitrot una de la economistas de Argentina que fue fundamental en el debate de modelos de nuestro país
El giro pendular y el costo de la transición
Lo sorprendente, como subraya Dal Poggetto, es que aquel diagnóstico de hace más de cuarenta años es prácticamente idéntico al que sostiene la administración actual. Al leer las soluciones propuestas entonces -sinceramiento de precios, reducción del gasto público, apertura comercial y reforma financiera-, uno podría estar leyendo un comunicado oficial de esta semana.
No obstante, la historia advierte que el tránsito de un modelo a otro no es gratuito. El pasaje de una economía protegida a una economía abierta requiere, según los textos desempolvados, un “intermedio recesivo” inevitable y una violenta corrección de precios relativos.
Apertura económica en un mundo que se cierra
Aquí es donde el análisis cobra una dimensión crítica y urgente. Si bien la agenda macroeconómica de estabilización fiscal y monetaria aparece como una condición necesaria tras el descalabro inflacionario previo, la implementación de la agenda microeconómica -la apertura comercial- se enfrenta a una paradoja fatal: Argentina intenta abrirse en un momento en que el mundo decide cerrarse.
De alguna manera, las empresas argentinas han pasado de operar en Disneylandia , con tasas negativas y protección absoluta, a tener que sobrevivir en la jungla. Mientras Argentina busca integrarse al comercio global reduciendo aranceles, las potencias mundiales giran hacia el proteccionismo.
El reciente nombramiento de figuras afines a Donald Trump en Estados Unidos, como Howard Lutnick (Secretario de Comercio), refuerza la tesis de que la globalización tradicional ha fallado. Las naciones desarrolladas utilizan hoy los aranceles no solo como herramientas económicas, sino como armas de negociación geopolítica.
Riesgos para la industria y lecciones regionales
Este desencuentro temporal es quizás el mayor riesgo del actual experimento libertario. Dal Poggetto advierte con preocupación: “Argentina se cerró en un mundo que se estaba abriendo y ahora estamos yendo exactamente al revés”.
La industria nacional, aquejada por costos internos que superan en un 40 % a los internacionales, una logística deficiente y una carga tributaria inalterada, debe competir ahora contra gigantes como China, que subsidian su producción, o contra un Occidente que levanta barreras.
El contraste con la experiencia chilena, a menudo citada como modelo, es revelador. La apertura del país trasandino se realizó con un tipo de cambio alto y bajos impuestos a la exportación, protegiendo en cierta medida la transición. En cambio, Argentina está ejecutando una apertura veloz con un dólar anclado utilizado como herramienta antiinflacionaria, lo que podría derivar en un daño irreversible para el tejido industrial sin que los beneficios al consumidor compensen el aumento del desempleo.
El verdadero problema: la inestabilidad estructural
El problema de fondo, concluye el análisis, trasciende la discusión técnica sobre si es mejor una economía abierta o cerrada. El verdadero flagelo es la inestabilidad de las reglas de juego. Una economía herméticamente cerrada es inviable, pero una apertura ingenua en un mundo proteccionista puede ser suicida.
Como bien sintetiza Dal Poggetto al reflexionar sobre los escritos de Canitrot, el daño estructural no lo causa un modelo en sí mismo, sino el violento movimiento pendular de ir de un extremo al otro sin una estrategia de desarrollo sostenible. En este “eterno retorno”, Argentina corre el riesgo de repetir los errores del pasado, ignorando que el escenario global donde se juega la partida ha cambiado para siempre.