En la sala de neonatología del Hospital Regional Antonio J. Scaravelli, en Tunuyán, la vida comienza muchas veces antes de lo esperado. Allí, entre incubadoras, monitores y manos expertas, los bebés prematuros encuentran no solo atención médica, sino también algo esencial para su desarrollo: el contacto humano.
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Neonatología en el Hospital Scaravelli: el método que transforma la vida de bebés prematuros
En el Hospital Scaravelli, el cuidado de bebés prematuros combina ciencia y humanidad. El contacto piel a piel emerge como algo indispensable para su bienestar.
Carolina Cantalejos, enfermera neonatal, abre la puerta a SITIO ANDINO a ese universo íntimo donde la ciencia y la emoción se entrelazan. “Es una profesión muy bonita, porque uno se da cuenta ahí del valor de tantas cosas”, resume, al describir el trabajo cotidiano en una unidad que, aunque de complejidad intermedia, cumple un rol clave en la atención de los recién nacidos.
Una neonatología que acompaña desde el primer instante
El Hospital Scaravelli cuenta con una neonatología de nivel 2, lo que implica que recibe bebés a partir de las 35 semanas de gestación. Si bien no es habitual la atención de prematuros extremos, el equipo está preparado para actuar ante cualquier eventualidad.
“Cuando nace un bebé prematuro, lo que hacemos es estabilizarlo y, si es necesario, derivarlo a hospitales de mayor complejidad”, explica Cantalejos. Sin embargo, muchos de estos pequeños logran permanecer en Tunuyán, donde comienzan su adaptación al mundo bajo cuidados constantes.
Uno de los casos recientes refleja esa realidad: una beba de 35 semanas, con buen peso y evolución favorable, que solo necesitó permanecer en incubadora. “Gracias a Dios estuvo todo bien, no requirió oxígeno ni intervenciones complejas”, cuenta la enfermera.
El poder del contacto piel a piel
En los últimos años, la medicina neonatal ha puesto el foco en una práctica tan simple como poderosa: el contacto piel a piel, también conocido como COPAP. En el Scaravelli, esta técnica comienza a ganar terreno como parte fundamental del cuidado. “El bebé viene de estar en contacto constante con su mamá. Al nacer, el mundo es frío y extraño. El COPAP permite que esa transición sea más suave”, señala Cantalejos.
Este primer encuentro, muchas veces llamado la “hora de oro”, tiene beneficios comprobados:
- Regula la temperatura corporal,
- estabiliza el ritmo cardíaco y la respiración,
- favorece la adaptación fisiológica del recién nacido.
Pero también va más allá de lo clínico: “Es un momento muy lindo, muy emotivo. El bebé reconoce la voz de la mamá, su olor, sus latidos. No es tan brusca la llegada al mundo”, describe.
El contacto piel a piel también cumple un rol clave en el inicio de la lactancia materna. Según explica la profesional, el recién nacido activa de forma espontánea su reflejo de búsqueda.
Este proceso no solo facilita la alimentación, sino que fortalece el vínculo afectivo entre madre e hijo, reduce los niveles de ansiedad y contribuye al neurodesarrollo del bebé. “Es increíble verlos. Olfatean como si fueran un animalito, buscan ese olor conocido hasta llegar al pecho”, relata.
Además, el impacto también alcanza a la madre. “Ese contacto libera oxitocina, lo que ayuda a la recuperación postparto, a contraer el útero y a reducir hemorragias”, detalla Cantalejos a este medio.
¿Cómo funciona el método canguro y la contención en momentos críticos?
Dentro de estas prácticas, el llamado método canguro ocupa un lugar central. Consiste en sostener al bebé sobre el pecho desnudo, brindándole calor, seguridad y contención.
Incluso en procedimientos médicos, este contacto puede marcar la diferencia. “Cuando tenemos que hacer una vía, que es doloroso, el contacto físico ayuda a disminuir el estrés y la ansiedad del bebé”, explica la enfermera.
En un entorno donde los estímulos pueden resultar invasivos —luces, ruidos, intervenciones—, esa cercanía se convierte en una herramienta terapéutica.
A diferencia de otros tiempos, la neonatología del Scaravelli promueve un modelo de puertas abiertas. Aunque existen protocolos estrictos de higiene y seguridad, los familiares pueden ingresar y acompañar.
“El padre o los abuelos pueden entrar, tocarlo, agarrarle la manito. Es algo muy importante, tanto para el bebé como para la familia”, cuenta. Ese acompañamiento no solo fortalece el vínculo, sino que también brinda tranquilidad en momentos de incertidumbre. “Las familias llegan con miedos, con preguntas. Nosotros tratamos de contenerlos, de explicarles que no están solos”, agrega.
El área de neonatología del Hospital Scaravelli, entre la ciencia y la emoción
Para quienes trabajan en este servicio, cada jornada es un desafío y, al mismo tiempo, una experiencia profundamente humana. “Sentir que un bebé tan chiquitito te agarra el dedo… no hay palabras para explicarlo”, confiesa Cantalejos. “Es como si te pidiera ayuda. En ese momento sos todo para ese bebé”.
Ese equilibrio entre el conocimiento científico y la sensibilidad es lo que define el trabajo en la enfermería neonatal. No se trata solo de monitorear signos vitales o aplicar tratamientos, sino de acompañar los primeros días de vida con empatía y compromiso.
El trabajo del equipo no termina en la sala. A través de charlas, capacitaciones y actividades —especialmente durante la Semana del Prematuro—, buscan brindar herramientas a las familias. Desde RCP hasta cuidados en el hogar y asesoramiento en lactancia, el objetivo es que madres y padres se sientan preparados para continuar el camino fuera del hospital.
“Cada vez hay más información, pero todavía falta. Por eso es tan importante que pregunten, que se acerquen”, sostiene la enfermera. En un contexto donde la tecnología avanza a pasos agigantados, la neonatología del Hospital Scaravelli apuesta a no perder de vista lo esencial: el contacto humano. Porque, como resume Cantalejos, “más allá de lo médico, lo emocional tiene un peso enorme”. Y en esos primeros días de vida, un abrazo —literal o simbólico— puede ser tan importante como cualquier tratamiento.