La plataforma —un mapa interactivo que está siendo desarrollada por la Dirección de Regulación y Control de Agua y Saneamiento (DIRCAS), dependiente del Departamento General de Irrigación— concentra miles de datos que hasta hace poco estaban dispersos o directamente no se medían. Redes, materiales, antigüedad de cañerías, reclamos de usuarios, obras en ejecución, calidad del agua, presión, consumo y hasta conexiones clandestinas: todo empieza a integrarse en un mismo sistema. El objetivo es claro: dejar de correr detrás de los problemas para empezar a anticiparlos.
El desarrollo de esta herramienta se vuelve especialmente relevante en la actualidad, considerando que la provincia cuenta con déficits estructurales en zonas rurales y periurbanas, así como "redes de agua potable y cloacas en que superan su vida útil tanto en diseño como en materiales”, según advirtieron desde AYSAM a este medio.
Un mapa que muestra lo que antes no se veía
El corazón de este nuevo sistema es un mapa interactivo que permite recorrer la provincia y observar, con distintos niveles de detalle, cómo funciona la red de agua y cloacas. Allí se pueden visualizar desde las áreas de concesión de los operadores hasta el trazado exacto de las cañerías.
Cada tramo de red contiene información clave: de qué material está hecho, qué diámetro tiene, cuántos años lleva en funcionamiento y cuál es su longitud. Estos datos, cruzados entre sí, permiten estimar el estado de la infraestructura.
“El material es fundamental. Las cañerías más nuevas suelen ser de PVC y tienen mejor comportamiento. En cambio, las más antiguas, de hormigón, cemento o asbesto, tienen mayor probabilidad de fallar con el tiempo”, explicó Pulido.
A partir de esta información, el sistema construye un mapa de calor que clasifica el estado de las redes en tres niveles: rojo, amarillo y verde. El rojo indica tramos críticos, con alta probabilidad de fallas; el amarillo, zonas intermedias; y el verde, redes en buen estado.
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Datos de cañerías de agua que arrojan relevamientos de DIRCAS.
Foto: Gentileza DIRCAS / Departamento General de Irrigación.
En términos generales, las áreas más comprometidas se concentran en el microcentro del Gran Mendoza, donde la infraestructura es más antigua. A medida que se avanza hacia zonas más nuevas, el estado mejora. Sin embargo, el mapa no es estático. Se actualiza de manera constante con datos de inspecciones, obras y cambios en la red.
De la intuición a la evidencia y la importancia de los reclamos
Uno de los principales aportes de la plataforma es que permite dejar atrás decisiones basadas en la intuición o la urgencia. Hasta ahora, muchas obras se realizaban a partir de problemas visibles: una rotura, un desborde, una queja vecinal. Con el nuevo sistema, la idea es priorizar intervenciones en función de datos objetivos.
Por ejemplo, si una zona aparece en rojo en el mapa de calor, el sistema sugiere que allí debería concentrarse la inversión. Si además se suman reclamos de vecinos, la prioridad aumenta. “Lo que hacemos es cruzar variables. Si tengo una cañería vieja, con material deteriorado y, además, reclamos en esa zona, ya tengo un indicador claro de que ahí hay que actuar”, señaló Pulido.
En este nuevo enfoque, los reclamos de los usuarios pasan a ser, también, una fuente de información estratégica. Actualmente, el organismo recibe reclamos en segunda instancia, cuando el operador no resuelve o el usuario no queda conforme. Tan solo en un mes, se registraron casi 1.270 casos.
La mayoría está vinculada a cuestiones comerciales —especialmente facturación—, pero también hay reclamos por problemas en el servicio de agua y cloacas.
Hasta ahora, estos datos se analizaban de manera general, por departamento. El próximo paso será geolocalizarlos, es decir, identificar el punto exacto donde ocurre el problema. “Los vecinos son nuestros ojos en la calle. Si logramos ubicar esos reclamos en el mapa, podemos anticipar fallas antes de que se hagan visibles”, explicó Pulido.
La integración de esta información permitirá detectar patrones: zonas con alta conflictividad, problemas recurrentes o áreas donde la infraestructura está al límite.
Inspectores, sensores y datos en tiempo real
El sistema no se alimenta solo de información digital. También se nutre del trabajo en territorio. Equipos de inspectores recorren la provincia con tablets y herramientas específicas para medir presión, cloro y turbidez del agua. Cada dato se carga en tiempo real y queda geolocalizado.
Además, utilizan medidores patrón para verificar el funcionamiento de los micromedidores domiciliarios. Esto permite detectar errores en la medición o en la facturación. “Antes, muchas de estas verificaciones dependían de procesos manuales. Hoy, los datos se cargan automáticamente y se integran al sistema”, indicó el funcionario.
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Laboratorio Móvil de DIRCAS.
Foto: Gentileza DIRCAS / Departamento General de Irrigación.
A esto se suma un laboratorio móvil que se instala en barrios, escuelas y centros de salud, donde se realizan análisis de calidad de agua en presencia de los vecinos. Los resultados básicos —como niveles de cloro o presión— se obtienen en el momento. Otros análisis más complejos se procesan en laboratorio, pero también se incorporan al sistema.
Calidad del agua: datos abiertos y control permanente
Uno de los indicadores más relevantes es el nivel de cloro en el agua, fundamental para garantizar su potabilidad. Según explicó Pulido, el rango óptimo se ubica entre 0,2 y 1,5 miligramos por litro. Valores por encima de ese nivel siguen siendo aptos para el consumo, aunque pueden percibirse con un sabor u olor más intenso. Menos de 0,2 se considera no aceptable.
Todos estos datos se incorporan al mapa, generando otro tipo de “calor”: el de la calidad del servicio. Así, se puede identificar zonas con valores fuera de rango y actuar de manera inmediata. En caso de detectarse un problema, el operador es intimado a corregirlo, más allá de las sanciones administrativas que puedan aplicarse.
“El objetivo principal es solucionar el problema. La sanción viene después, si corresponde”, aclaró.
Hacia un sistema predictivo y una nueva forma de gestionar
La gran apuesta de Irrigación es que toda esta información no solo sirva para describir el presente, sino también para anticipar el futuro.
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Medidor utilizado por inspectores de DIRCAS.
Foto: Gentileza DIRCAS / Departamento General de Irrigación.
El siguiente paso es incorporar herramientas de análisis predictivo e inteligencia artificial. Esto permitirá generar reportes automáticos que indiquen, por ejemplo, qué zonas tienen mayor riesgo de fallas en el corto plazo. “La idea es que el sistema nos diga: acá vas a tener un problema, y esta puede ser la solución”, adelantó Pulido. De esta manera, el organismo podrá sugerir a los operadores dónde invertir, qué obras priorizar y cómo optimizar el funcionamiento del sistema.
Ese “cerebro oculto” que hoy funciona puertas adentro —mientras continúa el trabajo de relevamiento de datos— busca convertirse en una herramienta clave no solo para la gestión estatal, sino también para la transparencia y el acceso a la información pública de los ciudadanos.