La protesta social y la toma ciudadana de las calles no es nueva ni inédita en la Argentina. La Revolución del Parque, las reformas universitarias, el 17 de octubre, las movilizaciones del 55, las concentraciones de los 80 desde la visita del Papa, la Guerra de Malvinas o la marcha de la CGT, la recuperación de la democracia, el 2001, el Bicentenario y así podríamos seguir párrafos y párrafos.
Las movilizaciones callejeras y los piquetes han sido una herramienta clave para expresar el descontento o el apoyo popular. En los últimos años, este fenómeno ha experimentado transformaciones significativas, especialmente en su relación con las redes sociales y el contexto político. Un trabajo de la consultora Monitor Digital reciente revela cómo las protestas, tras perder fuerza entre 2017 y 2020, resurgieron con intensidad en la pospandemia y alcanzaron nuevos estadios durante el año de gobierno de Javier Milei.
Las protestas sociales en Argentina han sido un termómetro del malestar ciudadano. Durante las últimas dos décadas, el interés de los argentinos por las movilizaciones ha tenido altibajos. Según datos recopilados por la consultora, los picos más altos de búsquedas en Google sobre protestas se registraron hasta 2012, cuando las políticas de subsidios a los sectores más vulnerables comenzaron a mostrar resultados.
Entre 2017 y 2020, el interés por las marchas disminuyó, pero resurgió con fuerza durante la pandemia de COVID-19. En 2021, las consultas en la web sobre movilizaciones aumentaron casi un 190%, y para 2023 escalaron al 290%. Este fenómeno se mantuvo vigente hasta 2025, con un repunte significativo en las búsquedas durante febrero y marzo de ese año, cuando las consultas sobre piquetes aumentaron un 150%.
El impacto de la pandemia y el gobierno de Milei
Según el trabajo de la consultora, la pandemia marcó un punto de inflexión. Las cuarentenas y sus consecuencias económicas generaron un clima de insatisfacción que se trasladó al mundo digital. Durante el gobierno de Javier Milei, las protestas volvieron a tomar protagonismo, especialmente en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano. Aunque la modificación en la asignación de planes sociales redujo los cortes de calles, las marchas continuaron, con un foco particular en el reclamo de los jubilados.
Redes sociales: el termómetro del descontento
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La conversación en las redes en Argentina viene siendo dominada por términos relacionados con la protesta
Monitor Digital destaca que las redes sociales se han convertido en un espacio clave para entender la protesta social. Según el análisis, las menciones sobre piquetes y marchas tuvieron picos coincidentes con eventos clave, como la movilización en defensa de la universidad pública en abril de 2024 y la reciente marcha de jubilados en marzo de 2025. En este último caso, las menciones en redes aumentaron un 14,5% respecto a febrero.
La valoración de las protestas también ha variado. Durante el gobierno de Milei, la percepción mejoró inicialmente, pero se deterioró notablemente a principios de 2025. En el análisis de sentimientos, términos como "represión" dominaron la conversación negativa, mientras que "derecho" y "seguridad" fueron las palabras positivas más recurrentes.
Jubilados y seguridad: los temas que dominan la agenda
El reclamo de los jubilados se posicionó como el tema central en la narrativa digital, relegando a un segundo plano el rol de los barras bravas y los operativos de seguridad. Con un 20% de influencia en la conversación, solo superado por la política (29%), el tema de los jubilados evidenció la sensibilidad social ante la lucha por haberes dignos, destacan los investigadores de Monitor Digital.
La categoría "seguridad" también ganó relevancia, ocupando uno de los cuatro lugares más influyentes en la narrativa sobre protestas. Esto se debe al intenso debate sobre la represión de las fuerzas de seguridad y la supuesta presencia de grupos violentos en las movilizaciones.
La protesta social, un fenómeno en constante evolución
La protesta social en Argentina es un fenómeno dinámico, que ha sabido adaptarse a los cambios políticos, económicos y tecnológicos. Con las redes sociales como amplificador, las movilizaciones callejeras continúan siendo un termómetro del descontento y una herramienta clave para visibilizar reclamos y un posible dique a políticas y decisiones de los gobiernos.