martes 22 nov 2022
Avanza la Ley en el Congreso

Alcohol cero: No innovar

El problema de esta iniciativa políticas es que es para la tribuna. Una ley de alcohol cero sería para Mendoza un golpe catastrófico, económica y culturalmente.

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Por Cristian Pérez Barceló 20 de noviembre de 2022 - 08:18

Mendoza tierra del sol y el buen vino, no es un slogan, es una invitación a degustar. Es el convite al turismo, que tanto aporta a la economía regional, pero también es la cosecha y elaboración de su industria madre que nos identifica en el mundo.

Una ley de alcohol cero sería para esta provincia un golpe de tal magnitud cuyas consecuencias alcanzarían un nivel catastrófico, económica y culturalmente.

Es por ello que la pretensión legislativa, seguramente, recibirá un recurso de amparo ante la Justicia para intentar poner orden ante el desvarío político de creer que una norma de esa naturaleza disminuirá las cifras de accidentes viales, tal como ya lo anunció Sergio Villanueva, gerente de la Unión Vitivinícola Argentina.

Correr ese límite actual de 0,5 de alcohol en sangre como máximo permitido, a directamente 0, no cambia en nada la realidad porque no hay diferencia en el organismo humano ni en reflejos ni en visibilidad, como atributos de manejo.

Ya los especialistas han revelado en distintas entrevistas a este diario, que los accidentes los provocan muchos factores, no solamente el alcohol; y en todo caso cuando este es el causante, siempre es en casos con gradualidades que duplican el mínimo establecido hoy.

Los rosarinos tuvieron una muestra ya de lo infundado de este tipo de normas. Allí, una ordenanza quiso tapar el sol con la mano, haciendo creer que las inconductas viales eran disminuibles, si se determinaba que no se puede beber nada antes de manejar.

De allí que el Centro de Derecho Urbanístico de Rosario presentó un recurso de amparo ante la Justicia santafesina contra la ridícula ordenanza.

alcohol cero, controles
No está demostrado, ni siquiera estudiado, que con alcohol cero hay menos accidentes que con el actual máximo de 0,5 de alcohol en sangre

No está demostrado, ni siquiera estudiado, que con alcohol cero hay menos accidentes que con el actual máximo de 0,5 de alcohol en sangre

Las estadísticas que elaboró el municipio de Rosario terminaron disfrazando una irrealidad. Sólo dijeron que habían bajado los números de casos positivos de alcohol detectados en la vía pública por la policía de tránsito. Pero no mostraron ninguna cifra que dijera matemática o taxativamente que eso se tradujo a su vez en menos accidentes.

Es que no está demostrado, ni siquiera estudiado, que con alcohol cero hay menos accidentes que con el actual máximo de 0,5 de alcohol en sangre.

Pero el problema en este tipo de iniciativas políticas es que son para la tribuna, el típico jueguito del habilidoso que tira un caño en mitad de campo para pavonearse en su aparente destreza, sin aportar nada al equipo.

Una serie de entrevistas con ciudadanos comunes reflejó que la sociedad no cree que esto sirva para el objetivo esgrimido. Por el contrario, los daños que provocará esta eventual Ley a Mendoza, son inconmensurables.

En todo caso, para medirlos, hay que hacer un estudio piramidal de la cúspide a la base. Empezando por el destino final del vino: el consumidor.

Y allí cabe la duda cultural que se traducirá en la fatal respuesta macroeconómica. Pensemos juntos: la salida en familia o en amigos a almorzar o cenar en un restaurante, derivará en tener que pensar que el conductor ya ni siquiera podrá beber una copa del vino que se pida a la mesa. Como dijo Norma Granados, dueña de un restaurante en General Alvear: el que viene a comer, es educado y moderado al beber.

La pretensión de imaginar que el asadito en la juntada de amigos pueda concluir con todos dejando los vehículos en la casa del anfitrión para contratar una Traffic que los vaya depositando uno a uno en sus respectivos domicilios, es cuanto menos una insensatez.

Si hasta ir a misa se puede transformar ya en un riesgo de inminente acta vial… al menos que no se quiera comulgar.

Mendoza Vino
Una ley de alcohol cero sería para esta provincia un golpe de tal magnitud cuyas consecuencias alcanzarían un nivel catastrófico, económica y culturalmente

Una ley de alcohol cero sería para esta provincia un golpe de tal magnitud cuyas consecuencias alcanzarían un nivel catastrófico, económica y culturalmente

Recibir turistas que en sus propios autos lleguen a Mendoza para catar en alguna bodega una insignificante copa, estará vedado y, para colmo, habrá que explicarle que se lo está cuidando del secuestro de su coche y la retención de su licencia; y por eso le dirán en el paseo: mire, pero no toque.

El Guaso, Osvaldo Asens, que tiene 14 hectáreas esperando las uvas cada año, para elaborar en su flamante bodega Limbo donde está feliz “con el creciente número de turistas que paseamos y le damos de nuestro Malbec, elaborado con una plantación de más de 90 años”, quizá sea uno de esos que le diga a sus visitantes que mejor no lo prueben porque pueden terminar presos.

Lo peor de todo es que no hay ningún legislador mendocino que haya tenido la voluntad, quizá por incapacidad, de elaborar un estudio serio sobre el correlato catastrófico que provocará en la cadena de comercialización del vino, esta iniciativa.

Sigamos pensando juntos, en forma de preguntas: ¿Podría cumplir la Policía con el cometido de contralor, si por ejemplo, en el sur cuentan con dos alcoholímetros nomás en San Rafael, y apenas uno en Malargüe?

Esto ya habla de inaplicabilidad de la ley.

De lege ferenda hablan los juristas cuando se espera una norma futura que regule un comportamiento. Y acá está el problema con la no valoración de la lege data, a la que se refiere el derecho cuando pondera la ley existente: “el mal que tiene la pretensión de modificarla es su absoluta falta de fundamento”.

Que “el alcohol al volante mata”, es un slogan fuerte, pero impreciso porque carece de las palabras clave: “en exceso”.

Si la sabiduría popular se opone a las iniciativas circenses, estas, finalmente, devienen en abstracto. Esto pasa cuando la ineficacia de las normas jurídicas deviene en desuetudo.

O sea, si no lo ordena la justicia desde una medida de no innovar hasta resolver el fondo con fundamentos serios, más temprano que tarde tendrán que borrar con el codo lo que quieran escribir con la mano; la misma que levantarán los legisladores de la tierra del sol y el buen vino al momento de votar o a la hora de brindar.

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