14 de junio de 2026
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Escorihuela: "Los abuelos se sienten solos; no tienen ni para los remedios"

En el centro de jubilados de este barrio de Guaymallén se recibe a 30 ancianos a quienes se les sirve el almuerzo. Pero, según comentaron los encargados del lugar, hay lista de espera y cada vez hay "más necesidad".

Por Florencia Rodriguez

"Hay mucha pobreza, basta recorrer el barrio para comprobarlo. La situación está cada vez peor. Lo digo porque acá hay gente que viene a pedir comida, no pide ninguna otra cosa, simplemente comida y eso duele mucho". Estas fueron las palabras que eligió Héctor Pedro Grilli, de 71 años quien junto a Aldo Pelleriti, de 81 años, lleva adelante un Centro de Jubilados que también funciona como comedor para los abuelos del barrio Escorihuela de Guaymallén.

En este lugar se atiende a 30 abuelos de la zona de lunes a viernes. También se brinda servicios de todo tipo, de salud con 3 médicos clínicos, de podología, se hacen electrocardiocargrama, análisis gratis y pronto comenzarán a prestar atención en odontología. Pero eso no es todo: el menú de este centro está diseñado y controlado por una nutricionista ya que se trata de personas de la tercera edad y su alimentación debe ser especialmente cuidada por temas como diabetes e hipertensión, entre otras.

Héctor y Aldo comandan este centro que funciona desde el 2010. Además, en la cocina, Sebastián Nebot, de 30 años, se encarga de preparar y servir los alimentos. Como en toda institución que se dedica a trabajar en zonas vulnerables, las necesidades no son pocas y a veces hasta ponen dinero de su bolsillo para poder combatir los faltantes que no son pocos ya que las restricciones en medicamentos con cobertura de 100% ponen a estos abuelos en una encrucijada: ¿los remedios o comida? Es por esto que este centro es muy importante para los ancianos que allí concurren.

Héctor Grilli, presidente del Centro de Jubilados del barrio Escorihuela. Foto: Cristian Lozano.

"Hay mucha pobreza. Ha aumentado una enormidad, basta recorrer el barrio para comprobarlo y la situación está cada vez peor. Lo digo porque acá hay gente que viene a pedir comida, y no les podemos dar a todos", contó Héctor. Y agregó: "Estamos acá todos los días y vemos la necesidad de la gente. En estos últimos 2 años ha sido muy notorio el aumento de las carencias, está muy fea la cosa. Acá hay mucha gente que quiere venir a comer pero deben cumplir los requisitos: percibir la jubilación mínima, ser evaluado por una persona de Pami que los entrevista para conocer la situación de cada abuelo. En fin, hay requisitos. Actualmente, tenemos 30 abuelos registrados pero hemos pedido a la obra social que nos aumente el subsidio para recibir a 20 más por lo menos porque cada vez vienen más a pedir comida, simplemente eso y duele mucho pero aún no nos responden nada", expresó el presidente de este centro de jubilados.

En la lista de espera efectivamente hay 20 abuelos que quieren ser inscriptos para poder recibir su comida diaria. No muy lejos de ese comedor vive una pareja de ancianos con una de las situaciones más complejas de la zona: la mujer no puede caminar y el subsidio de Pami es para el alquiler de la casa donde viven y, si sobra algo, para los remedios. 

Leé más sobre los índices de la pobreza en Mendoza en nuestro diario: El 35,3% de la población urbana de Mendoza es pobre y supera la media nacional

"Esa señora es la que hoy más nos necesita. Al tomar tantos medicamentos y tras la decisión del Gobierno de sacar muchos al 100%, compran los medicamentos y no tienen para comer. Nos dice: ‘aunque sea un plato de comida le pido, para mi y para mi marido. Por eso nos pusimos en campaña para ver cómo podemos hacer uno o dos platos más para esas personas. Tenemos que hacer algo, son cosas que nos duelen muchísimo pero es difícil, nuestro cocinero recibe 41 pesos por cápita por día para preparar la comida. Siempre estamos ajustados", manifestó Héctor.

En la cocina y en la vida

El encargado de preparar y servir los alimentos es un joven de 30 años. Sebastián Nebot comenzó a trabajar en el comedor en el 2013 y la satisfacción por estar en contacto con los abuelos fue tan grande que decidió quedarse. "Siento que los adopté y que ellos me adoptaron", señaló Sebastián quien también trabaja en un gimnasio.

El joven vivió en el barrio durante muchos años por lo que conoce bien lo que sucede en la zona. Afirma que el grado de vulnerabilidad que golpea a los jubilados es muy alto y que aunque las necesidades son varias, con muy poco se puede colaborar mucho con los abuelos, por ejemplo, escuchándolos.

Sebastián Nebot en acción. Foto: Cristian Lozano.

"El sólo hecho de escucharlos es mucho, se sienten agradecidos porque se sienten solos. Algunos se quedan solos en sus casas, por ende no comen, se deprimen. Están en estado de abandono. Además, por ahí hay trámites tan complicados que uno puede dar una mano en ese sentido también. Nosotros ayudamos hace poco a un abuelo a conseguir sus audífonos y desde el 4 de abril los tendrá. Estaba tan contento con la noticia que vino en bicicleta hasta acá para agradecerme. Es gratificante también para nosotros y todos podemos ayudar de mil maneras", expresó Sebastián.

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Nebot señaló que la calle está dura y así lo refleja también un informe de la Fundación Mediterránea que reveló que 35% de la población urbana de Mendoza es pobre. Pero para Sebastián los números son sólo eso: números, "son fríos. Hay que estar acá en el barrio y ver cómo viven. En estos últimos meses hemos notado que hay más gente que se acerca, hay más necesidad. No podemos hacer mucho porque lo que nos llega de Pami no nos alcanza entonces nos da impotencia pero estamos y vamos a seguir ayudando", dijo el joven que también forma parte del Partido Verde con el cual también visita otras zonas vulnerables de Mendoza.

Hablan los abuelos

Pero para saber realmente lo que ocurre, es necesario hablar con los primeros protagonistas de esta historia: los abuelos que asisten a este centro de jubilados. Fresia, por ejemplo, tiene 75 años y asiste a este lugar desde que abrió sus puertas.

"Es como un recreo para mi, nos distraemos, cortamos el día. Aquí uno se despeja de los problemas que tiene en la casa. En la mía somos 8 para comer. Tengo 5 hijos y ya perdí la cuenta de cuántos nietos tengo. Creo que nunca habíamos estado así. Es duro ver cómo viven las criaturas, los más chicos. Sus padres trabajan a veces todo el día y no les alcanza para comer. Está muy difícil para todos", relató.

A la derecha de la foto, Fresia, de 75 años. En el extremo izquierdo de la imagen, Ángel Martínez, de 74.

Ángel Martínez, 74 años, también sumó su experiencia. A los 3 años se quedó sin su mamá y trabajó desde joven hasta que, finalmente, se jubiló y ahora los problemas son otros: "Hace poco que vengo. Me casé a los 23 años- mi señora tenía 19- pero ahora no quiere saber nada de mi. Vive conmigo pero no me habla, ni prepara la comida para los dos. Entonces vengo para acá", comentó.


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