Más de la mitad de los chicos en la Argentina vive en la pobreza: el drama que golpea a toda la sociedad
Aunque los indicadores muestran una leve mejora, el 53,6% de los niños y adolescentes vive en la pobreza. Hambre, falta de acceso a la salud y angustia emocional marcan una realidad que no logra revertirse.
El drama de las infancias atravesadas por la pobreza.
En la Argentina de hoy, más de uno de cada dos chicos es pobre. No es una metáfora ni una percepción: es un dato concreto que refleja el alcance de una crisis que es estructural. Según el último informe de la Encuesta de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), el 53,6% de los niños y adolescentes vive en condiciones de pobreza, mientras que el 10,7% directamente en la indigencia.
Aunque el número representa una baja respecto a los picos recientes, el alivio es relativo. Detrás de esa aparente mejora, persiste una realidad mucho más compleja: las privaciones no desaparecieron, solo cambiaron de forma o intensidad.
En paralelo, el sistema de contención social muestra signos de saturación. La asistencia alimentaria llegó al 64,8% de los niños, un récord histórico.
Cada vez más hogares dependen de la ayuda para subsistir y los cmedores escolares, comunitarios y programas estatales se volvieron parte de la rutina de muchas familias.
Las transferencias como la Asignación Universal por Hijo alcanzan al 42,5% de los chicos, pero no logran cubrir a todos los que lo necesitan, advierte el informe difundido por la UCA.
Y aún quienes acceden a estos ingresos siguen siendo pobres.
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La pobreza que se cronificó
Si se mira la serie completa, el problema es aún más profundo. En 2010, la pobreza infantil alcanzaba al 45,2%. Desde entonces, el deterioro fue casi constante, con picos extremos durante la pandemia y una recuperación parcial en los últimos dos años.
Pero el dato actual sigue estando muy por encima de los mejores momentos de la última década. Es decir, "la pobreza dejó de ser una emergencia para convertirse en un estado permanente", señala el informe de la Deuda Social Argentina.
Cuando ir al médico deja de ser una opción
El impacto no se limita a la alimentación. Casi uno de cada cinco chicos (19,8%) dejó de asistir al médico o al odontólogo por problemas económicos.
En muchos casos, no es solo falta de dinero. También hay dificultades de acceso al sistema de salud.
La atención odontológica, por ejemplo, es una de las más postergadas, "pese a su impacto directo en la nutrición, la autoestima y la calidad de vida".
Vivir en condiciones precarias
El hogar muchas veces también refleja las carencias en las que viven niños y adultos.
El 18,1% de los chicos vive en viviendas precarias
El 20,9% en situación de hacinamiento
El 42% en hogares sin saneamiento adecuado
Estas condiciones no solo afectan la salud física, sino también el desarrollo emocional y educativo.
A esto se suma otro dato poco visible: el 37,5% enfrenta privaciones en vestimenta, lo que impacta directamente en la autoestima y la integración social.
El costo emocional de crecer en la pobreza
Más allá de lo material, hay una dimensión que suele quedar en segundo plano: la emocional.
El 18% de los chicos presenta síntomas de tristeza o ansiedad. En la adolescencia, el número sube al 21,2%, y es aún mayor entre las mujeres.
La desigualdad también se expresa en este plano: los sectores más vulnerables duplican el riesgo de padecer malestar emocional.
Y hay un dato que conecta todo: la tristeza o ansiedad aumenta en un 46% la probabilidad de no aprender en la escuela.
Es un círculo difícil de romper: pobreza, angustia y menor aprendizaje.
Infancias sin acceso a oportunidades
La exclusión también se manifiesta en lo cotidiano.
El 82% no realiza actividades culturales o recreativas
Solo la mitad tiene una computadora en su casa
Apenas el 16% accede a internet
Solo el 6,3% recibe ayuda económica para estudiar
Son datos que muestran una brecha cada vez más profunda entre quienes pueden proyectar un futuro y quienes quedan relegados desde la infancia.
Un cambio silencioso en las familias
La crisis también está impactando en decisiones estructurales. Cada vez hay menos hogares con niños en la Argentina. En 1991 eran el 56%; en 2022 bajaron al 44%.
La tasa de fecundidad cayó a 1,4 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo.
Detrás de este fenómeno hay múltiples factores, pero uno es evidente: la dificultad de sostener económicamente una familia, advierten desde el Observatorio de la Deuda Social Argentina.
Un problema que no se resuelve solo con asistencia
Los especialistas advierten que las políticas actuales no están diseñadas para resolver el problema de fondo.
La asistencia ayuda, pero no reemplaza el ingreso de un trabajo formal ni garantiza condiciones de vida dignas.
El desafío es más profundo: mejorar el empleo, reducir la informalidad y generar oportunidades reales para los adultos.