domingo 20 nov 2022
18 años de prisión

Fuerte condena por abusar de una niña frente a sus hermanos

Un hombre fue condenado a 18 años de cárcel en San Rafael, por abusar de una menor delante de sus hermanitos, que también fueron atacados cuando la defendieron.

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Por Cristian Pérez Barceló 4 de noviembre de 2022 - 20:19

Un hombre fue condenado a la pena de 18 años de prisión, una de las más altas resueltas por la justicia de Mendoza en casos de abuso sexual simple. Es que las circunstancias en el que cometió el hecho y las consecuencias generadas en la víctima, motivaron al tribunal a considerar el caso de suma gravedad.

Pedro Raimundo Fredes Celada, de 62 años de edad, no sólo cometió el aberrante hecho contra una menor de 14 años, sino que lo hizo delante de sus hermanitos de 6, 4 y 1 año de vida; a quienes también golpeó cuando intentaron defender a la hermana.

La humilde casa de las víctimas, ubicada a metros de la vivienda de Fredes, quien estaba encargado de una finca vecina, muestra una escena del crimen que habla de notable vulnerabilidad, que se ha hecho palpable no sólo por el acto criminal sino por las ulteriores vivencias de la humilde familia.

TELEVISIÓN ANDINA concurrió hasta el lugar, tras conocerse el fallo, y pudo dialogar con la madre y los chicos, quienes aún recuerdan con horror lo sucedido, generando en ellos daños psicológicos de difícil superación.

El hecho fue aberrante, surgido desde la confianza que le tenía a Fredes en esa casa, al punto que hacía días lo habían invitado a la fiesta de 15 de quien terminó siendo víctima de sus bajezas.

Como un animal que aguarda el momento oportuno para atacar a su presa, esperó a que el abuelo y la madre de las criaturas se fueran a trabajar, y sabiendo que ese día feriado no tendrían clases, se acercó hasta la vivienda, que estaba con la puerta abierta; ingresó y se abalanzó sobre la adolescente.

El ataque artero fue de pocos minutos, pero suficiente como para consumar un acto sexual aterrador, que un niño de sólo 6 años de edad quiso impedir, tratando de agarrar al agresor para sacarlo de encima de su hermanita.

La respuesta del hombre fue tan violenta, que lanzó al pequeño varios metros para atrás. Ya no podían hacer nada, mientras un recién nacido lloraba en brazos de otra de las niñas que estaba en el humilde living.

El acto cometido en un suelo precario, añejo y procesado, concluyó con la huida del abusador, dejando a una víctima que, como suele suceder en estos casos, recurrió rápidamente a bañarse. En realidad, como dijo la mamá al programa Curiosos del Poder, a “manguerearse en el patio”.

El hermanito que había intentado defenderla, tomó el celular y mandó un audio de whats app a la hermana mayor para decirle “el Pollo agarró a la …", mencionando allí el nombre de la víctima, cuyos llantos se podían de fondo en el mensaje auditivo.

Ese audio estremeció la sala de la audiencia en el juicio porque reflejaba a las claras el momento, la tragedia, el espanto y la desesperación de las víctimas.

El salvajismo del acto no tiene explicación alguna; más si consideramos que “Pedro era amigo de mi papá desde que tenían 16 años”, dice la mamá, dando cuenta que el atacante había sido prácticamente criado con el abuelo de la niña ultrajada.

La llegada de esta madre desesperada al tomar conocimiento de lo sucedido, fue seguida de una súplica de su hija, quien bajo el agua de una manguera le pedía ayuda porque “estoy sucia, mami”.

La policía hizo el resto: la niña fue llevada al hospital, luego tuvo que contar varias veces más lo sucedido, y recién ahora tuvo un poco alivio al conocer de parte de la fiscal Ivana Verdún, la sentencia del tribunal presidido por Eugenia Laigle, e integrado por Néstor Murcia y Ariel Hernández.

Los jueces tuvieron un especial cuidado en que no queda sólo en un fallo con una condena efectiva y prolongada, sino que redactaron que se dé urgente intervención a la Oficina de la Mujer, de San Rafael a los fines de propiciar ayudas de toda índole a la víctima, articulando con los organismos e instituciones que resulten necesarios”.

Una vieja cocina, un par de ollas abolladas, una pava quemada, una mesita de madera y un par de sillas, completan la escena de una vivienda que a pesar de ser de material, carece de elementos básicos, como camas dignas o algo más que un simple nylon andrajoso en el techo.

La mamá apenas puede sostener el hogar ahora, porque no se atreve a volver a salir a trabajar. El abuelo de las criaturas, ya jubilado, hace algunas tareas de finca para colaborar con las cosas del hogar.

Ni siquiera pudieron seguir llevando al psicólogo a los niños porque “no tenía plata para el colectivo”, nos cuenta la madre, al tiempo que revela que la víctima “no quiere ir a otro porque no quiere volver a contar lo que le hicieron”.

El próximo lunes a las 22, Canal 4 pondrá el informe especial de un caso que ha conmovido al sur mendocino, y que refleja nuevamente que los agresores sexuales de menores de edad tienen como principal aliado el grado de confianza que generan en el entorno de sus víctimas.

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