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Uranio

Uranio, el mineral que Argentina dejó de producir hace casi 30 años y Mendoza tiene bajo sus pies

Argentina tiene recursos de uranio, pero dejó de producirlo hace casi tres décadas y actualmente depende de las importaciones. El nuevo impulso a la energía nuclear vuelve a poner al mineral en el centro de la escena y Mendoza tiene potencial.

Por Cecilia Zabala

No tiene la popularidad del cobre ni alcanzó todavía el protagonismo del litio, pero el uranio vuelve a ocupar un lugar estratégico en la agenda energética argentina. El resurgimiento mundial de la energía nuclear, la creciente demanda de electricidad y la búsqueda de mayor seguridad energética volvieron a poner el foco sobre un mineral que Argentina posee, pero que desde hace casi tres décadas dejó de producir.

En ese escenario, Mendoza tiene mucho para mirar. La provincia fue protagonista de la producción nacional durante décadas con Sierra Pintada, en San Rafael, y actualmente suma nuevos proyectos que buscan determinar qué potencial conserva el subsuelo mendocino.

Pero, ¿qué es exactamente el uranio, para qué se utiliza y por qué vuelve a despertar interés?

Qué es el uranio y dónde se encuentra

El uranio es un elemento químico que existe naturalmente en el suelo, las rocas y el agua. En la tabla periódica se representa con la letra U y tiene número atómico 92.

Según explica la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), es uno de los elementos químicos presentes naturalmente en la corteza terrestre y una de sus principales características es su alta eficiencia energética.

Su utilización más conocida está vinculada con la generación de energía: el uranio es empleado como combustible para centrales nucleares de potencia y reactores de investigación.

El uranio natural está formado por distintos isótopos. Entre ellos se encuentra el uranio-235 (U-235), capaz de experimentar fisión nuclear. Cuando el núcleo se divide, libera una enorme cantidad de energía que puede aprovecharse para generar calor y, posteriormente, electricidad.

En el uranio natural, sin embargo, el U-235 representa apenas alrededor del 0,7%. Dependiendo del tipo de reactor, puede ser necesario aumentar esa proporción mediante un proceso denominado enriquecimiento.

De la mina a la energía: qué se hace con el uranio

Antes de convertirse en combustible nuclear, el uranio atraviesa distintas etapas. Una vez localizado un yacimiento económicamente aprovechable, el mineral se extrae y las rocas pasan por procesos de trituración y tratamiento.

Uno de ellos es la lixiviación, mediante la cual se separa el uranio de la roca. Posteriormente se realizan distintos procesos de concentración y precipitación hasta obtener un producto conocido como yellow cake o "torta amarilla", un concentrado que contiene aproximadamente un 70% de uranio.

Pero ese producto todavía no es el combustible que ingresa a una central nuclear. Debe atravesar otras etapas de conversión y procesamiento hasta obtener los materiales necesarios para fabricar los elementos combustibles.

Argentina posee capacidades tecnológicas desarrolladas durante décadas en distintas partes de esa cadena.

Argentina tiene uranio, pero no lo produce

El dato parece contradictorio: Argentina cuenta con recursos uraníferos identificados y una extensa trayectoria nuclear, pero actualmente no produce uranio.

Entre 1952 y 1997, el país extrajo y procesó alrededor de 2.600 toneladas del mineral. Desde entonces, la producción minera permanece paralizada y el combustible necesario para sostener el funcionamiento del sistema nuclear depende de materia prima importada.

La situación volvió a entrar en discusión a partir del renovado impulso oficial al sector. El Plan Nuclear Argentino contempla, entre sus distintas etapas, recuperar capacidades vinculadas al ciclo del combustible, incluyendo la explotación minera de yacimientos de uranio y su posterior tratamiento.

El objetivo está relacionado también con un escenario internacional diferente al de décadas anteriores. La energía nuclear volvió a ganar terreno ante el aumento de la demanda eléctrica mundial y la necesidad de contar con fuentes capaces de producir energía de manera continua y con bajas emisiones de carbono durante la generación.

En Argentina existen 21 proyectos de uranio identificados, distribuidos en distintas provincias y en diferentes estados de desarrollo.

La posibilidad de volver a producir permitiría reducir la dependencia externa de un insumo esencial para el propio sistema nuclear argentino.

Potencial de uranio en Mendoza.

Por qué Mendoza aparece en el mapa del uranio

Dentro de ese escenario, Mendoza tiene una particularidad: no empieza desde cero. La provincia posee una extensa historia vinculada con el mineral y uno de los nombres más importantes de la minería de uranio argentina: Sierra Pintada, en San Rafael.

El complejo funcionó durante alrededor de dos décadas y su producción se paralizó en 1995. El cierre productivo estuvo relacionado con las condiciones económicas y la caída internacional del precio del uranio.

Actualmente, la CNEA desarrolla allí un proceso de remediación ambiental sobre los pasivos generados por la actividad histórica.

Sin embargo, Sierra Pintada volvió a ingresar en la agenda nacional. Autoridades de Nación y Mendoza reconocieron que existe interés en evaluar una eventual reactivación, aunque todavía deben resolverse cuestiones ambientales, regulatorias, económicas y sociales.

La CNEA desarrolla en Sierra Pintada un proceso de remediación ambiental sobre los pasivos generados por la actividad histórica.

Entre sus ventajas aparece algo que pocos proyectos nuevos poseen: infraestructura minera e industrial ya construida, caminos, conocimiento geológico y experiencia acumulada en la producción de uranio.

Los cinco proyectos que muestran el potencial de Mendoza

Sierra Pintada ya no es el único punto de interés. El mapa mendocino cuenta actualmente con cinco proyectos vinculados con el uranio, aunque se encuentran en etapas muy diferentes y eso no significa que todos vayan a transformarse en minas.

El histórico Sierra Pintada, perteneciente a la CNEA, transita el proceso de remediación mientras se analiza una eventual reactivación.

A él se suma Huemul, en Malargüe, donde la empresa Jaguar Uranium desarrolla trabajos exploratorios. Se trata de un área con antecedentes históricos de producción de uranio y en la que los nuevos estudios también detectaron mineralización asociada a cobre, vanadio y plata.

La misma compañía solicitó derechos mineros sobre Nueva Sierra Pintada, un proyecto ubicado en San Rafael, en cercanías del histórico complejo de la CNEA. Se encuentra todavía en una instancia administrativa inicial.

En Malargüe aparecen otros dos nombres: Corcovo, cuyos derechos pertenecen a BlueSky, y Nuevo Corcovo, bajo la órbita de Impulsa Mendoza.

Corcovo forma parte de los proyectos incluidos en Malargüe Distrito Minero Occidental III y debe completar el procedimiento de evaluación ambiental correspondiente.

Así, el sur mendocino vuelve a configurarse como el territorio donde se concentra el mayor interés por este recurso.

Uranio: potencial no significa producción

Hay una diferencia fundamental entre contar con indicios, recursos geológicos, proyectos de exploración y una mina en producción.

Los trabajos exploratorios deben determinar la cantidad y concentración del uranio, las características de cada depósito y si resulta técnica y económicamente viable extraerlo.

A eso se agregan las exigencias ambientales y regulatorias particulares de la minería de uranio.

En el caso de Sierra Pintada, además, una eventual reactivación deberá atravesar el procedimiento ambiental provincial, obtener las autorizaciones correspondientes de la Autoridad Regulatoria Nuclear y avanzar en la búsqueda de inversores.

El Gobierno nacional ya anticipó que no prevé que el Estado vuelva a explotar directamente Sierra Pintada, sino generar condiciones para que el desarrollo pueda realizarse mediante inversión privada.

Un mineral que vuelve a ser estratégico

El renovado interés por el uranio se conecta con una discusión mucho más amplia que la minería.

Argentina posee tres centrales nucleares de potencia —Atucha I, Atucha II y Embalse—, una industria nuclear desarrollada durante décadas y capacidades científicas y tecnológicas propias.

La Central Nuclear Atucha II por dentro.

Pero uno de los primeros eslabones de esa cadena está interrumpido: el país tiene uranio en su territorio, pero no lo extrae.

El nuevo escenario energético mundial abrió la discusión sobre la conveniencia de recuperar esa capacidad.

Y allí Mendoza aparece con una combinación particular: historia productiva, infraestructura, conocimiento geológico y cinco proyectos en diferentes etapas.

Todavía queda un largo camino entre ese potencial y una eventual producción. Pero después de casi tres décadas fuera de las minas argentinas, el uranio vuelve a despertar interés y el sur mendocino tiene posibilidades de convertirse nuevamente en protagonista.

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