El mercado del dólar atraviesa por estos días en la Argentina un escenario tan calmo como inusual. El precio del dólar mayorista profundiza su tendencia descendente y se aleja con holgura del techo de la banda cambiaria, aun en un contexto en el que el Banco Central de la República Argentina interviene activamente como comprador neto de divisas.
La intervención del Central, lejos de generar presiones alcistas, como habría ocurrido en otros momentos de la historia económica local, convive con un fenómeno poco frecuente: la sobreabundancia de dólares que buscan el siempre apetitoso (y peligroso para el futuro) Carry Trade.
El lunes, el tipo de cambio mayorista llegó a tocar mínimos de 1.361 pesos en las primeras horas de la rueda y cerró en 1.370,5. Los dólares financieros acompañaron la dinámica: el MEP se ubicó en torno a los 1.391 pesos y el contado con liquidación cerca de los $1.438, muy por debajo del techo de la banda, que ronda los 1.600 pesos.
En lo que va del año, el dólar mayorista acumula una caída superior al 4%, pese a que la autoridad monetaria ya adquirió más de 2.300 millones de dólares en el mercado oficial.
La “pax cambiaria” y sus límites temporales
La estabilidad no es casual. Responde a una combinación de factores que confluyen de manera excepcional en el corto plazo y que, en conjunto, sostienen lo que en la City se define como una “pax cambiaria”. Sin embargo, ese equilibrio tiene fecha de revisión: el segundo semestre.
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Luis Caputo sonríe, sobre oferta de dólares en el mercado incentiva el carry trade
La sobreoferta de dólares
Un informe reciente del Banco Comafi identifica cinco flujos concretos que explican el actual contexto de sobreoferta. El primero es la liquidación estacional del agro (también incentivada por la bicicleta financiera), que concentra ingresos de divisas en el primer semestre y refuerza la sensación de abundancia en el mercado oficial.
El segundo es la expansión del crédito en dólares, tanto bancario como corporativo, que alimenta el MULC con oferta genuina. El tercero lo constituyen las emisiones de deuda en moneda extranjera (principalmente obligaciones negociables) que ingresan por el mercado oficial y presionan a la baja el tipo de cambio.
A estos factores se suma el propio rol del Banco Central, que no solo compra divisas, sino que también ofrece cobertura a través de futuros y de instrumentos dólar linked, moderando expectativas y estabilizando la curva.
A lo cual se suma el anuncio de ayer del ministro Luis Caputo de que en cada licitación de bonos en pesos para el mercado local se agregará una en dólares.
El contexto internacional como factor adicional
El quinto elemento que señala el banco es el contexto internacional: con un escenario global relativamente benigno y flujos hacia mercados emergentes, Argentina se beneficia por derrame. Cuando el viento externo acompaña, el ancla cambiaria pesa menos.
El resultado de este combo es un mercado cambiario claramente sobreofertado en el corto plazo. Pero el calendario importa. Según el mismo informe, el primer semestre aparece relativamente contenido gracias al agro, el crédito en dólares y los incentivos al carry trade. Hay flujo, hay tasas reales positivas y hay margen dentro de la banda cambiaria.
El problema emerge cuando se proyecta el balance externo más allá de mitad de año.
Las tensiones cambiarias
Para 2026, el balance cambiario muestra tensiones latentes. Con un superávit comercial estimado en torno a los 10.000 millones de dólares y un déficit por ingreso primario cercano a los 12.000 millones, la cuenta corriente terminaría en rojo.
A eso se suma una potencial Formación de Activos Externos (fuga al colchón) del orden de los 25.000 millones y la aspiración oficial de acumular otros 10.000 millones de dólares en reservas. En conjunto, la necesidad de financiamiento se acerca a los 30.000 millones de dólares. Ese es el verdadero test que enfrentará la política cambiaria en el segundo semestre.
Expectativas y riesgos hacia la segunda mitad del año
Lo cierto es que la tranquilidad del dólar parece asegurada durante la primera mitad del año por la combinación de superávit comercial, flujos estacionales del agro, compras netas del Banco Central y tasas reales positivas. No obstante, el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyecta un tipo de cambio promedio cercano a los 1.750 pesos hacia fines de 2026.
La segunda mitad del año parece ser otra historia: la declinación de la entrada de los agrodólares, sumada a un crecimiento del gasto de dólares por energía en el invierno y las elecciones de medio término en Estados Unidos, que pondrán a prueba la solidez política de Donald Trump, dejan una hoja en blanco en la historia del dólar y la economía argentina.