Nuestra provincia fue el lugar donde el héroe de la Independencia permaneció más tiempo. Desde su llegada en 1814 hasta su partida en enero de 1817, el Libertador frecuentó y disfrutó de dos zonas emblemáticas de Mendoza.
Ubicado en la actual calle Remedios Escalada de San Martín, entre Corrientes y Urquiza, este terreno fue adquirido por él en 1816 con la intención de convertirlo en su hogar mendocino. Sin embargo, nunca llegó a habitarlo, quedando como testigo silencioso de sus planes y de una etapa clave en su vida.
Solar de San Martín
Placas que se encuentran en el Solar de San Martín
DGE
El Libertador argentino y su esposa, doña Remedios de Escalada, vivieron en una elegante residencia ubicada en la actual calle Corrientes 343. Entre esas paredes vio la luz su única hija, Mercedes Tomasa, el 24 de agosto de 1816. Un año más tarde, la calma familiar dio paso al bullicio de la historia: San Martín dejó su hogar mendocino para encabezar la campaña emancipadora que cambiaría el destino de América.
Mientras ultimaba los preparativos del Ejército de los Andes, José de San Martín recorrió distintos parajes de Mendoza, dejando su huella en varios de ellos. Estos son algunos de los más destacados:
En la casa que la familia Segura poseía en El Plumerillo funcionaba un oratorio al que asistían el general San Martín y sus oficiales para participar de los oficios religiosos. Con el tiempo, aquel modesto oratorio dio lugar a la construcción de una capilla.
Cuando la expedición libertadora hacia Chile comenzó a tomar forma, San Martín buscó un lugar ideal para concentrar y entrenar a sus tropas. Sus pasos lo llevaron hasta este terreno salitroso, de llanura abierta y horizonte despejado, perfecto para levantar un campo de acuartelamiento e instrucción. Allí, entre el polvo, el sol mendocino y el sonido metálico de las armas, empezó a latir el corazón del Ejército de los Andes.
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Entre las muchas inquietudes que San Martín tuvo como Gobernador Intendente, una de las más nobles fue embellecer la ciudad de Mendoza. Con esa visión, ordenó prolongar la Alameda existente cinco cuadras más, transformándola en un amplio y elegante paseo público. Bajo la sombra de sus álamos y el murmullo del viento cuyano, los mendocinos encontraron un lugar para caminar y conversar.
Alameda de Mendoza
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En 1817, mientras ultimaba las previsiones para cumplir con precisión el plan de liberar Chile, San Martín visitó distintos puntos de Mendoza y fue testigo de momentos que marcaron su historia.
En 1608, el provincial Padre Diego de Torres Bollo fundó en Mendoza una residencia de la Compañía de Jesús, destinada a que los jesuitas misionaran y evangelizaran a los pueblos originarios de las provincias de Cuyo. En una de sus capillas laterales se encontraba el altar con la imagen de Nuestra Señora del Carmen, a quien San Martín nombró Patrona del Ejército de los Andes.
El 20 de marzo de 1861, un devastador terremoto redujo el templo a escombros, dejando en pie solo algunas ruinas, mudos vestigios de un pasado marcado por la fe, la historia y la gesta libertadora
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Cristian Lozano
Desde el 17 de agosto de 2012, Mendoza atesora, entre sus monumentos más preciados en honor a San Martín, el Memorial de la Bandera del Ejército de los Andes. En su interior descansa el mayor de nuestros tesoros: la bandera que acompañó al Ejército de los Andes, primera enseña independiente de América y símbolo imperecedero de nuestra libertad. Sus pliegues, cargados de historia, siguen ondeando en la memoria colectiva como un eco vivo de la gesta libertadora
Ya iniciada su misión de conseguir la independencia del vecino país, el general siguió rutas específicas que lo llevaron a consumar su tan ansiado objetivo.
El 13 de marzo de 1904, bajo el gobierno del Dr. Carlos Galigniana Segura, se inauguró este imponente monumento en la frontera entre Argentina y Chile, como símbolo de hermandad entre ambos pueblos. En su base, una placa de la Universidad Nacional de Cuyo evoca un momento histórico: la madrugada del 2 de febrero de 1817, cuando las tropas libertadoras cruzaron estos pasos cordilleranos e ingresaron a territorio chileno. Allí, entre cumbres nevadas y silencio eterno, el Cristo Redentor custodia para siempre el recuerdo de aquella gesta.
Cristo redentor 3 resize
Monumento Cristo Redentor de los Andes
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Puente Picheuta y Polvaredas
A 25 kilómetros de Uspallata, sobre el cauce cristalino del arroyo Picheuta y antes de llegar al antiguo fortín, se alza el puente homónimo, construido en tiempos de dominio hispánico. Sus piedras, gastadas por siglos de historia, fueron testigos del paso del Ejército de los Andes. Según recuerda una placa de la Universidad Nacional de Cuyo, en sus cercanías acampó una de sus divisiones el 29 de enero de 1817
En este histórico fuerte, el general San Martín mantuvo un trascendental parlamento con los caciques del sur liderados por Ñacuñán. Allí, entre muros de adobe y el eco del viento cuyano, se tejieron acuerdos para cruzar hacia Chile por los pasos del Portillo y del Planchón, asegurando la promesa de auxilio indígena en caso de necesidad. Fue un encuentro donde la diplomacia y la estrategia se unieron en silencio, bajo el horizonte abierto de la frontera.
Por este paso cordillerano, una parte del Ejército de los Andes avanzó para cumplir uno de los grandes objetivos del Libertador: asegurar la independencia de Chile.
Años más tarde, el 23 de septiembre de 1822, se embarcó rumbo a Valparaíso y, a fines de enero del año siguiente, regresó a Mendoza antes de continuar a Buenos Aires para reunirse con su pequeña hija y emprender junto a ella el viaje definitivo a Europa. En ese trayecto de retorno, volvió a recorrer parajes que guardaban su huella.
En el camino que conduce al Paso del Portillo, en la ruta hacia Chile, se erguía un árbol centenario de tronco robusto y copa generosa: el famoso Manzano Histórico, o Manzano de San Martín. La tradición cuenta que, al volver de su campaña libertadora, el general ingresó a la provincia por el Paso del Portillo y, bajo la sombra fresca de aquel árbol, sostuvo una conversación con el coronel Manuel Olazábal. Hoy, en el lugar, un monumento recuerda ese encuentro, manteniendo viva la memoria de un descanso fugaz en medio de la historia.
Con su misión libertadora cumplida, entre el 4 de febrero y el 4 de noviembre de 1823, don José de San Martín habitó este terreno, donde soñó y proyectó la construcción de una chacra y una vivienda que, con afecto, llamaba su “Tebaida”, evocando un lugar de paz y retiro. Hoy, aquel rincón cargado de historia es conocido como el Museo Histórico Municipal Las Bóvedas.
Museo Histórico Municipal Las Bóvedas
Museo Histórico Municipal Las Bóvedas
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