Cada 10 de octubre, Argentina celebra el Día del Industrial Panadero, en honor a San Honorato de Amiens, patrono del gremio. En Mendoza, la fecha cobra un significado especial: la Asociación Industrial de Panaderos y Afines (AIPA) también celebra 107 años de acompañamiento a un sector que resiste los embates de la crisis económica.
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Panaderos mendocinos, entre la tradición centenaria y los desafíos actuales
Con 107 años de historia, AIPA sigue acompañando a los panaderos mendocinos en un contexto de crisis económica. Conocé a quienes revalorizan el oficio.
Más de un siglo de historia y solidaridad: la fuerza del gremio panadero en Mendoza
En una jornada que combina fe, historia y esfuerzo cotidiano, muchos panaderos argentinos celebran su día recordando al patrono San Honorato, símbolo de trabajo y devoción. Según la leyenda, el obispo francés fue elegido milagrosamente tras un hecho divino ocurrido mientras una mujer amasaba pan, lo que lo convirtió en el protector del oficio.
La conmemoración tiene lugar cada 10 de octubre, como homenaje a quienes amasan, hornean y sostienen una tradición centenaria. En Mendoza, la referencia ineludible es la Asociación Industrial de Panaderos y Afines (AIPA), creada hace más de un siglo para acompañar a los dueños de panaderías y fortalecer al sector.
La entidad, integrada hoy por alrededor de 120 socios, ofrece asesoramiento legal, laboral y contable, además de servicios de higiene y seguridad, ART, liquidación de sueldos y seguros colectivos de vida. “El objetivo siempre fue asesorar, acompañar y proteger al dueño de la panadería y a toda nuestra industria”, explicó Marcelo García, presidente de AIPA, en diálogo con SITIO ANDINO.
Los desafíos actuales del sector
En la provincia de Mendoza, el festejo encuentra a los trabajadores del sector con orgullo por su historia, pero también con preocupación por la caída en las ventas y los cambios en el consumo de los vecinos debido a la pérdida de poder adquisitivo. “El panorama no es diferente al de muchas empresas del país: ventas muy resentidas, costos altos y gastos fijos que no dejan de aumentar pese a la baja de la inflación”, destacó García.
Asimismo, el dirigente advierte que uno de los principales problemas es la clandestinidad. “Ronda el 50% de las panaderías en la provincia. Algunas cerraron sus puertas, otras pasaron a la informalidad. No hay un registro exacto de eso”, coincidió Walter Tirapu, otro referente de AIPA, algunas semanas atrás.
La situación no es aislada. Según datos del Centro de Panaderos de Buenos Aires, en lo que va del año cerraron más de 14.000 pymes en el país, de las cuales 1.700 serían panaderías. Detrás de cada cierre hay una historia de esfuerzo y de familias que luchan por sostener una tradición que forma parte de la identidad argentina.
No obstante, en tiempos de crisis e incertidumbre, la labor del panadero conserva un valor profundo. No solo amasa harina y levadura: amasan esperanza. Más allá de los costos y la competencia, el pan sigue siendo símbolo de unión y sustento, y quienes lo elaboran —día tras día, sin descanso— mantienen vivo uno de los oficios más nobles del país.