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Sobredosis de TV

Gran Hermano y su misterioso éxito: ¿por qué arrasa en el rating un programa que todos critican?

Gran Hermano arrasa en el rating pese a las críticas. Descubrí por qué nos atrapa el reality, el dilema de mostrar para existir y el éxito tras la pantalla.

Por Analía Martín

Son pasadas las 22. Es una noche de un día de semana, de esas en las que la rutina se posa sobre los hombros, y yo preparo mi mochila para ir a trabajar al día siguiente. De fondo, el televisor encendido escupe el ruido constante de una convivencia ajena: Gran Hermano, generación dorada.

En eso, escucho una pregunta de uno de los participantes del reality: “¿Cuál es tu objetivo?, ¿Por qué estás acá?” Y sin tomarse ni un segundo antes de contestar dicen “Para llegar a más personas”, “Para que más gente conozca mi laburo”, argumenta muy segura una comediante. “Para ganar el premio”, contesta otro participante. El premio ronda los 70 millones de pesos, que en el mercado inmobiliario actual podrían comprar sólo una casa.

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“Para que más gente conozca mi laburo”, repito en voz alta y con tono burlesco, pensando que lo que dijo es una pavada. Mientras termino de armar mi mochila me enojo conmigo misma por estar viendo Gran Hermano, porque la conversación ajena que escuché me deprimió.Pienso que no me gusta para nada este programa, que podría estar viendo otra cosa. Sin embargo, no cambio de canal. Sigo viendo Gran Hermano.

Vuelvo a lo que dicen los participantes y pienso ¿Realmente funciona así? ¿Es posible que un artista o un comediante sea "conocido" por su oficio mientras lo pone en pausa para participar de un reality show? En este "juego", la subjetividad de los participantes se convierte en mercancía; sus emociones y conflictos son editados y monetizados para generar rating. ¿Y su trabajo? Aquello por lo cual los participantes se alejan de su entorno y se exponen a escrutinio masivo, ¿cómo hacen para mostrarlo y venderlo cuando ellos como personas ahora son el producto y no están trabajando de lo suyo?

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El problema de “mostrar, luego existir”

Esta necesidad de los participantes de "llegar a más personas" con la esperanza de validar su trabajo me recuerda a una de las ideas de Gérard Wajcman (intelectual francés) en el texto “El ojo absoluto”, en donde dice que hoy en día existe el imperativo “muestro, luego existo”. Todo debe ser visto y es la cámara la que le otorga existencia a las personas, y mientras más ojos lo vean, más se confirma dicha existencia.

Hemos pasado de una sociedad que valoraba la mirada a una sociedad dominada por la visibilidad total. Para Wajcman, mirar es un acto profundamente humano y subjetivo. Implica deseo y, sobre todo, el reconocimiento de que existe un límite; que hay algo en el otro que no se puede (ni se debe) ver del todo. Mirar es respetar el misterio. Por el contrario, ver —lo que él llama la función del "Ojo Absoluto"— es una operación técnica. La cámara de Gran Hermano "ve", pero no "mira". No busca entender la singularidad de quien está en pantalla.

Los participantes se ofrecen a ser "vistos" por este ojo técnico con la esperanza de que esa visibilidad, más tarde, se transforme en mirada y se vuelque sobre “su trabajo”, sobre lo que quieren vender o realmente mostrar al mundo. Mientras tanto no notan que, en ese proceso, su humanidad se diluye en el registro constante de una lente que no sabe mirar.

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La solución al problema de mostrar y luego existir

Si el "ojo absoluto" solo se limitara a registrar la cotidianidad sin sentido, el programa colapsaría por el peso de su propia vacuidad. Aquí es donde aparece la maquinaria televisiva para "solucionar" ese vacío, transformando la visibilidad técnica en una estructura narrativa altamente efectiva a través de cuatro pilares fundamentales:

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Me quejo, lo critico en redes y no puedo dejar de mirar Gran Hermano

Mientras tanto yo ya terminé de armar mi mochila y me senté a ver el programa sin estar del todo convencida acerca de si realmente quiero “entretenerme” con eso. "¿Por qué estoy viendo esto?", pienso.

Históricamente, el éxito del formato de Gran Hermano en Argentina ha estado ligado a contextos de crisis socioeconómica y/o políticas. La televisión argentina fue escenario del reality Gran Hermano en 14 oportunidades. De las cuales, tres fueron las más exitosas en términos de rating.

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Dicho esto, es fácil concluir que el programa ofrece una función de "escape" psicológico, desconectando al espectador del estrés diario sin requerir un razonamiento profundo. Esto último, y sumado a la falta de presupuesto para ficciones locales, hace que el reality se consolide como un recurso rentable (y prácticamente único si no se tiene acceso a las plataformas de streaming) para el entretenimiento de la gente.

En su texto “Divertirse hasta morir”, Neil Postman (intelectual norteamericano) dice: "Lo que afligía a la gente en 'Un mundo feliz' (novela de Aldous Huxley) no era que se rieran en lugar de pensar, sino que no supieran de qué se reían y por qué habían dejado de pensar". El verdadero motivo de temor no es que prohibieran pensar sino que no hubiera razón para prohibirlo porque nadie quiere pensar.

A esta altura, ya son las 12 de la noche. Escucho a Santiago del Moro despedirse de la audiencia diciendo “porque todo es Gran Hermano”. Apago la tele y antes de irme a dormir, veo en mi celular cuántas visualizaciones en Instagram tuvo la última historia que subí.

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