La vida de Florencia Guidolín, una joven oriunda de Rivadavia, está atravesada por la resiliencia, el duelo y la transformación personal. Con un diagnóstico de osteogénesis imperfecta, múltiples cirugías y pérdidas familiares que marcaron su camino, encontró en la biodescodificación y las constelaciones familiares una forma de sanar su propia historia y acompañar a otros en sus procesos emocionales.
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Del duelo y el dolor a ayudar a otros: la mendocina que transforma heridas en herramientas
Tras atravesar momentos límite, Florencia encontró en el dolor un nuevo sentido. Hoy acompaña a personas que buscan sanar sus emociones. Su historia de vida.
Hoy, desde su casa, recibe a personas que llegan cargadas de angustia y preguntas sin respuesta. Pero antes de convertirse en terapeuta, su vida estuvo marcada por momentos que la obligaron a reconstruirse desde lo más profundo.
El dolor que marcó un antes y un después
La historia de Florencia Guidolín comienza a cambiar en 2018, cuando su mamá falleció tras un cáncer de páncreas fulminante. La enfermedad avanzó sin explicaciones médicas claras, algo que impactó profundamente en su mirada sobre la salud.
“Mirá, no hay nada que le haya provocado el cáncer”, recuerda que le dijeron los médicos, sorprendidos por el estado general de su madre, una mujer que llevaba una vida saludable y sin factores de riesgo evidentes.
Fue en ese contexto donde escuchó por primera vez hablar de la biodescodificación, una herramienta que vincula el mundo emocional con las manifestaciones físicas del cuerpo. Aunque en ese momento su formación en ciencias de la salud la llevaba a ser escéptica, esa semilla quedó plantada.
Poco tiempo después de la muerte de su madre, otro golpe llegó a su vida: su padre se fue del hogar familiar. Ese escenario dio inicio a un doble duelo emocional que marcaría profundamente su historia.
“Fue la forma en la que pude trabajar los dos duelos a la par: el fallecimiento de mi mamá y la pérdida de mi papá que, si bien vive, ya no estaba conmigo”, relata.
Durante la pandemia, comenzó a formarse en biodescodificación de manera online, y allí encontró algo que le dio sentido en medio del caos: la posibilidad de transformar el dolor en aprendizaje.
Una enfermedad genética y un accidente que lo cambió todo
A lo largo de su vida, Florencia convivió con la osteogénesis imperfecta, una enfermedad genética que afecta la fortaleza de los huesos y aumenta el riesgo de fracturas. Sin embargo, según relató a SITIO ANDINO, durante años logró mantener estabilidad hasta que un accidente automovilístico cambió el rumbo.
En ese episodio sufrió la fractura del fémur izquierdo, algo que no ocurría desde hacía más de una década. En medio de ese contexto, su entorno familiar también atravesaba momentos críticos: uno de sus hermanos había estado a punto de perder la vida en el recordado accidente en el Cerro Arco. “ Era todo un caos, fueron años en los que se desarmó todo”, resume.
Las pérdidas materiales también llegaron: perdió su auto, su departamento y muchas pertenencias personales. Pero lo más duro estaba por venir. Un mes después del accidente, sufrió una peritonitis intestinal, una condición médica grave que obligó a una intervención urgente en el Hospital Santa Isabel de Hungría.
Durante la internación, atravesó uno de los momentos más impactantes de su vida: un sueño que, según relata, marcó un antes y un después en su forma de enfrentar el miedo. “Entrá tranquila al quirófano, todavía no te toca, Flor”, recuerda que escuchó en ese sueño, junto a la frase que hoy lleva tatuada en su pierna "Un día a la vez".
Tras la cirugía, despertó en terapia intensiva, rodeada de cables, máquinas y pacientes en estado crítico. Fue allí donde sintió que tocaba fondo. “Este es el peor momento de tu vida, me dije. Pero también pensé que no podía permitir que eso me venciera”, cuenta.
El inicio de un proceso de sanación personal
El postoperatorio intestinal fue largo y doloroso, y el proceso de recuperación la obligó a detenerse por completo y mirar hacia adentro. Después del alta médica, comenzó un proceso introspectivo que transformó su vida. Durante meses se aisló, descansó y trabajó intensamente en su salud emocional.
“Empecé a sanar, a contemplar mi historia: mi mamá, mi papá, mi nacimiento, mi niñez. Empecé a sacar todo el dolor que tenía adentro desde hacía años”, explica.
Ese período estuvo atravesado por el dolor físico, pero también por el impacto emocional de ver a sus sobrinos preocupados por su estado. “Cuando vi su reacción dije: ‘¿Cómo me puedo permitir hacerlos sufrir?’ Yo no le tengo miedo a la muerte, pero pensaba en ellos”, recuerda. Fue entonces cuando tomó una decisión que marcaría su camino: estudiar y dedicarse a acompañar a otros desde su propia experiencia.
Hoy, Florencia Guidolín trabaja como biodescodificadora y consteladora familiar, y continúa su formación en Nutrición, carrera que está a punto de finalizar. Desde su hogar, recibe a personas que llegan con ansiedad, angustia o situaciones emocionales complejas. Su enfoque se basa en la escucha profunda y en crear un espacio cercano.
“En mis sesiones no existe el tiempo. No miro el reloj. Lo principal es escuchar, porque la forma en que una persona habla o se mueve dice mucho”, explica. Uno de los detalles que más llama la atención a quienes la visitan es el clima que busca generar. “Compartir un mate o un café ayuda a romper barreras. Hay personas que se sorprenden cuando les ofrezco un mate, porque están acostumbradas a que el profesional esté distante”, señala.
El sueño de expandir herramientas emocionales
Hoy, su mirada está puesta en el futuro. Sus objetivos incluyen desarrollar mentorías, formar nuevos terapeutas y llevar la gestión emocional a distintos ámbitos, especialmente al educativo. También sueña con trabajar de manera articulada con profesionales de la salud, integrando distintas miradas. En sus redes sociales (@ florcitabiodecodificacion), también comparte información, consejos e iniciativas para quienes deseen conocer más sobre terapias complementarias.
“Me encantaría llevar herramientas emocionales a las escuelas primarias, porque muchos chicos crecen sin saber cómo gestionar lo que sienten”, expresa.
Desde su experiencia personal, Florencia Guidolín busca transmitir un mensaje de esperanza a quienes atraviesan situaciones complejas o momentos de vulnerabilidad. Su historia no está exenta de dolor, pérdidas ni incertidumbre. Pero en cada adversidad encontró un aprendizaje que hoy intenta transformar en ayuda para otros. “No sé si cambiar el pensamiento —dice—, pero sí hacer que la vida sea un poquito más linda”.