domingo 2 oct 2022
Estado de Sitio

Violencia política, un final anunciado

El espiral de violencia política llegó a su máximo escalón con el intento de magnicidio contra la Vicepresidenta de la Nación.

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Por Marcelo López Álvarez 2 de septiembre de 2022 - 11:00

Nueve días atrás advertimos a través de los distintos espacios sobre el espiral de violencia política y declarativa que se estaba enseñoreando en la Argentina tomando cuerpo de forma desmedida.

Advertíamos que la aparición de un Valdez Cora era posible y no deseable y fue exactamente lo que pasó anoche donde al parecer solo un milagro salvó a la Argentina de un escenario inimaginable, si se hubiera concretado el asesinato de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

El Comisario Valdez Cora fue el autor material del magnicidio del Senador Enzo Bordabehere en el propio hemiciclo del Senado en 1935. En medio de una escalada de violencia declarativa a través de los diarios de la época entre el Senador Lisandro de la Torre y el Gobierno de Agustín P Justo por los acuerdos de entre Argentina y Gran Bretaña por la exportación de carne a ese país.

Ese día De la Torre debía dar el informe de la comisión investigadora y concurrían al Senado los ministros de Agricultura, Luis Duhau, y de Hacienda, Federico Pinedo.

En ese escenario Valdez Cora llegó al Senado de la Nación con un arma algunos dicen que para asesinar a De la Torre aunque otros historiadores sostienen que Valdez Cora era un matón a sueldo y que estaba allí como custodio del ministro Duhau.

Algunas crónicas relatan que en medio de la tensa discusión, Lisandro De la Torre se levantó de su banca y se acercó enojado a los ministros. Duhau empujó e hizo caer de espaldas al senador de Santa Fe. Entre la confusión y los gritos con legisladores que corrían al lugar, Enzo Bordabehere se acercó a su compañero para ayudarlo, pero por detrás apareció Ramón Valdés Cora quien sacó su arma y le disparó tres veces a Bordabehere.

El clima generado en la política a través de los comités y los diarios llevó a acrecentar la violencia que terminó en el magnicidio.

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El asesinato de Enzo Bordabehere en el propio Senado de la Nación fue uno de los episodios de violencia política más resonados de la historia argentina

El asesinato de Enzo Bordabehere en el propio Senado de la Nación fue uno de los episodios de violencia política más resonados de la historia argentina

Las similitudes no son exactas porque los tiempos y hasta los valores son otros pero el riesgo latente de una situación que nos lleve a un camino sin retorno parece más presente que nunca.

En este contexto no es muy usual pero vale la pena recuperar palabra por palabra lo que escribíamos días atrás

Llevamos meses describiendo, informando y contando sobre los problemas de la Argentina y su economía históricamente endeble. El dólar, las reservas, los precios, los salarios, la inflación. También remarcamos más de una vez que la salida es la política, Y la política hoy está poniendo en riesgo cualquier recuperación y el futuro de nuestro país con las reacciones en torno al juicio a Cristina Fernández de Kirchner y 18 procesados más,

La magnitud que viene tomando desde hace algunos días el desarrollo mediático y político del juicio, que lleva ya tres años con escasa cobertura mediática, ha llevado a un grado de tensión y violencia declarativa por parte de la política- y un sector de los poderes concentrados- que amenaza con arrastrar (si ya no lo hizo) a la parte más politizada de la sociedad a un espiral de violencia desconocido en la etapa de la consolidación democrática de la Argentina.

La política tiene la responsabilidad (de los dos lados del Rio Bravo) de retomar la sensatez y llamar a sociego a los más exaltados, ni se debe armar ningún quilombo ni se debe pedir pena de muerte para la vicepresidenta de la Nación como lo hizo ayer un diputado nacional de la oposición.

Todos tienen derecho a expresar su opinión sobre la situación que atraviesa la Presidenta del Senado y el accionar del Poder Judicial federal. Tienen derecho a movilizarse también, pero lo que es una obligación de cualquier dirigente (oficialista u opositor) es dirigir a la sociedad, no azuzar en pos de intereses personales o de un sector en un momento particular.

La política (e incluye a los tres poderes) se olvidó de sus responsabilidades para enfrascarse en luchas intestinas respondiendo a intereses lejanos a la ciudadanía que nos llevaron a un callejón oscuro que de un lado da al precipicio y del otro al caldero del Diablo.

Si en unos meses resulta una condena a la Vice Presidenta se generará una movilización de imprevistas características, si en cambio el Tribunal decide absolver a la Cristina Fernández de Kirchner la reacción de los factores de poder concentrados y de los seguidores más radicalizados de la oposición también tendrá consecuencias desconocidas. Un pequeño adelanto se vio anoche en la puerta de la casa de la Presidenta del Senado.

Esa inestabilidad política pone en riesgo la institucionalidad y la economía que trabajosamente la Argentina intenta poner en marcha.

Es tiempo de que cada uno haga su trabajo; los acusados se defiendan ante el tribunal, el Poder Judicial aplique las leyes y se olvide de los medios, y la política guiar a la cordura a los ciudadanos para que expresen sus ideas en el marco democrático que nos rige.

La violencia política verbal ya muchas veces en nuestra historia se transformó en física, los argentinos que han construido y consolidado con mucho esfuerzo en 40 años esta nueva democracia merecen un país vivible dónde el máximo argumento para rechazar o aceptar un dirigente que es el voto tenga valor.

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