Argentina atraviesa un ciclo ganadero expansivo impulsado por una demanda internacional sostenida. En ese escenario, Mendoza avanza con una estrategia orientada a modificar su posición dentro de la cadena productiva de la ganadería: de una matriz centrada en la cría hacia un esquema con mayor protagonismo en el engorde y la comercialización. El objetivo oficial es preciso: que el 30% de la carne consumida en la provincia sea producida localmente antes de 2030.
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Ganadería en Mendoza: estrategia para crecer en engorde y capturar valor
Mendoza impulsa un plan en ganadería para aumentar la producción local, mejorar el engorde y captar más valor en un contexto de alta demanda global.
En la actualidad, ese porcentaje se ubica entre el 10% y el 15%, lo que dimensiona el margen de crecimiento y la magnitud del desafío. La Dirección de Ganadería provincial articula políticas de mediano plazo que combinan inversión en forraje, retención de hacienda y acceso al financiamiento, con el propósito de acortar esa brecha.
Un escenario internacional favorable
El punto de partida ofrece condiciones propicias. La recomposición de los precios del ganado, tras años de rezago frente a la inflación, responde a una demanda global en expansión. El crecimiento del consumo de carne vacuna en China (que duplicó su ingesta per cápita) y la ampliación del mercado estadounidense, donde las exportaciones argentinas pasaron de 20.000 a 100.000 toneladas, configuran un contexto de oportunidades.
Este desbalance entre oferta restringida y demanda creciente impulsó un aumento cercano al 40% en el valor del ganado en pie, mejorando los ingresos del productor. Sin embargo, el escenario no está exento de tensiones. La suba de precios comienza a ubicar al ganado argentino por encima de los valores regionales, lo que puede afectar la competitividad exportadora de los frigoríficos. Sostener el equilibrio entre rentabilidad primaria e inserción externa aparece como una condición estructural para la estabilidad del sector.
Forraje, condición de base
El eje operativo del plan provincial descansa en la expansión de la superficie forrajera. La lógica es lineal: sin disponibilidad local de alimento, el desarrollo del engorde resulta inviable. En zonas como San Rafael, la dinámica reciente ilustra este proceso: el número de equipos para picado de maíz se multiplicó en pocos años y la demanda continúa superando la capacidad instalada.
La estrategia apunta a intensificar el uso de áreas bajo riego para la producción de maíz y alfalfa, reduciendo la dependencia de otras provincias. Este último cultivo muestra un crecimiento sostenido en departamentos como General Alvear, San Rafael, Santa Rosa y San Martín, favorecido por su adaptación a las condiciones climáticas, su ciclo plurianual y la demanda creciente del sistema ganadero.
A nivel territorial, se despliegan herramientas de financiamiento específicas. En General Alvear, por ejemplo, se instrumentaron líneas de crédito para nuevas implantaciones, con montos de hasta un millón de pesos por hectárea, lo que permitió incorporar unas 400 hectáreas a partir de la participación de alrededor de 60 productores. El proceso cuenta además con respaldo técnico del INTA, la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo y el Clúster Ganadero, que trabajan en la mejora de rendimientos, eficiencia hídrica y estrategias de alimentación en sistemas intensivos.
Entre las líneas de innovación se incluyen el uso de coproductos industriales en dietas de feedlot y la evaluación de esquemas como el macho entero joven, orientados a acortar los ciclos de engorde y mejorar la eficiencia productiva.
Retención de vientres y crédito productivo
El segundo pilar de la estrategia provincial es la recomposición del stock reproductivo. Durante los ciclos de sequía y caída de precios, una parte significativa de los productores redujo costos mediante la venta de hembras, lo que afectó la capacidad de reposición del rodeo. Recuperar ese capital biológico exige tiempo y condiciones económicas que incentiven la retención.
En este punto, el diseño de políticas públicas se orienta a modificar los incentivos. El esquema en estudio descarta los subsidios directos y propone, en cambio, la bonificación de tasas de créditos bancarios. Bajo este modelo, el productor accede al financiamiento a través del sistema financiero, mientras el Estado provincial reduce el costo del dinero. El objetivo es facilitar la inversión en tecnificación y expansión sin comprometer transferencias directas de recursos.
Ganadería como política de Estado
El impulso al sector ganadero no es solo una política sectorial: forma parte de una estrategia más amplia de diversificación económica que el propio gobernador ha colocado en el centro de su gestión. En su reciente participación ante la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina (AmCham) fue explícito al respecto: "Mendoza está muy enfocada en ampliar su matriz productiva. Nos está yendo bien en materia turística y estamos mejorando en ganadería como parte de esa diversificación productiva".
La declaración no es menor. Inscribir la ganadería junto al turismo como uno de los vectores de crecimiento provincial implica reconocer que la economía mendocina necesita ampliar sus bases para sostener el desarrollo en el tiempo.
La ganadería, en ese esquema, deja de ser una actividad marginal para convertirse en un componente deliberado de la política productiva. Esa visión de largo plazo encontró expresión territorial en el reciente Día de Campo celebrado en General Alvear, donde funcionarios del gobierno provincial se reunieron con productores del sector para discutir avances, dificultades y perspectivas. El mensaje oficial fue que las políticas de apoyo al sector deben sostenerse en el tiempo, acompañadas de desregulaciones e inversión en infraestructura que consoliden el camino iniciado.
Consumo interno y captura de valor
El crecimiento de las exportaciones convive con una retracción del consumo doméstico, que se ubica en torno a los 47,8 kilos per cápita anuales. La presión de los precios sobre el poder adquisitivo condiciona la demanda interna, al tiempo que introduce tensiones en la asignación de la producción entre mercado local y externo.
En el caso de Mendoza, la principal limitación no reside en la cría sino en la etapa de engorde, donde se concentra el mayor valor agregado. A pesar de los avances registrados en la última década (cuando el número de novillos engordados pasó de 5.000 a 50.000), el crecimiento se encuentra estancado desde hace tres años. La meta oficial es duplicar ese volumen y alcanzar los 100.000 animales.
El desafío, en términos estructurales, consiste en retener dentro de la provincia las etapas más rentables de la cadena. La combinación de inversión en pasturas, mejora en el manejo de rodeos y acceso al financiamiento define el sendero elegido. Bajo esa lógica, Mendoza busca dejar de ser un eslabón periférico para convertirse en un actor integrado del negocio ganadero, capaz de capturar mayor valor, reducir su dependencia de otras regiones y, por qué no, transformarse también en exportador.