El otoño y el invierno parecen mezclarse en Malargüe. El frío intenso en el llano, las nevadas tempranas en cordillera y los fuertes vientos anticipan un escenario climático hostil antes incluso de la llegada de junio. Sin embargo, en medio de esas condiciones extremas, cientos de vecinos enfrentan cada jornada con esfuerzo, sacrificio y la firme decisión de salir adelante.
Entre el frío y el viento, un malargüino resiste trabajando al costado de la Ruta 40
Historias de vida que reflejan la resiliencia de quienes n Malargüe enfrentan las dificultades con trabajo diario. Ni el viento ni el frío los doblegan,
En un departamento acostumbrado a convivir con temperaturas bajo cero, nevadas y ráfagas persistentes del oeste, la lucha cotidiana también pasa por sobrellevar las dificultades económicas. La caída de actividades como el petróleo, el turismo o el comercio obliga a muchos habitantes de Malargüe a reinventarse para sostener y mantener viva la cultura del trabajo.
Entre esas historias aparece la de Aldo Sobarzo, un vecino que desde hace un tiempo instaló su puesto de tortas fritas en el ingreso norte de la ciudad, sobre la Ruta Nacional 40. Allí, de lunes a lunes, enfrenta al duro clima malargüino y largas jornadas laborales para ofrecer pan casero y tortas fritas recién hechas a quienes transitan por la zona.
Trabajo y constancia de vecino de Malargüe
En diálogo con SITIO ANDINO, Sobarzo relató que su rutina comienza mucho antes de que salga el sol. Aunque la atención al público inicia cerca de las 8 de la mañana, durante la madrugada ya está amasando y preparando la producción del día. Luego, permanece durante horas cocinando y atendiendo a los clientes, muchas veces soportando temperaturas extremas.
El hombre, que además es Técnico Superior en Petróleo y Gas, explicó que en reiteradas oportunidades debe recurrir a la leña para cocinar, debido a que el intenso frío congela el gas del anafe que utiliza diariamente.
La historia de Aldo Sobarzo refleja la realidad de muchos malargüinos, personas acostumbradas a resistir no solo las inclemencias climáticas, sino también las dificultades económicas, encontrando en el trabajo diario la herramienta fundamental para seguir adelante.