Poder contar la vida de Héctor Fernández Leal no fue para sencillo porque si bien estamos hablando de uno de los más consagrados artistas que dio Mendoza es muy escasa la información que existe sobre su persona y su vida. Por eso, este “Imprescindible de Mendoza” de hoy es un poco distinto a los demás ya que parte de la historia será contada por dos amigos entrañables del querido y desaparecido actor: Carmen Bressa y Humberto “Turco” Paz.
A mediados de los 70 y durante gran parte de los 80 se instaló en la Argentina una modalidad teatral: el café concert. Hoy podría llegar a emparentarse con el stand up pero en el café concert los actores y actrices brillaban en soledad demostrando sus dotes actorales al máximo. Y este es el caso de uno de los mejores del país, que fue mendocino.
Su vida
Héctor Fernández Leal nació el 22 de enero de 1948. Fue el hijo de Victoria Leal y Carlos Fernández, primero de dos hermanos, y su infancia la tuvo en Rodeo de la Cruz. Su papá falleció cuando era muy chico y su crianza estuvo a cargo de su abuela y su mamá. Sus estudios los llevó a cabo en el Instituto Leonardo Murialdo, de Villa Nueva. Más tarde ingresó en la facultad de Medicina y su orientación terminó siendo la psicología.
Héctor empezó con el teatro desde muy joven y fue ahí donde se agregó el apellido de su madre.
Tuvo una época donde se fue vivir a Tunuyán y allí fue muy feliz. Aun hoy, sus amigos lo recuerdan con mucho cariño.
Sus primeras apariciones como comediante unipersonal las hizo en un boliche que estaba en la Peatonal (por entonces calle Sarmiento) casi San Martín, llamado Quijote’s y que se ubicaba en el subsuelo. Héctor actuaba ahí los fines de semana.
Ya era todo un suceso y fue allí donde apareció en su vida Luis Pérez Galeone (recordado productor de espectáculos fallecido hace poco tiempo) junto a Carmen Bressa (esposa de Pérez Galeone), quienes orientaron y ayudaron a la vida artística de Héctor. Cuentan que fue el primer artista en poner un biombo sobre el escenario para cambiarse sin perder el hilo de la actuación.
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Héctor Fernández Leal fue testigo del casamiento de Carmen Bressa con Luis Pérez Galeone.
Tan importantes eran los comentarios sobre sus actuaciones que –gracias a las gestiones de Pérez Galeone- comenzaron a llegar artistas de gran talla para disfrutar de su show, tal como China Zorrilla o Cipe Lincovsky. Y fueron ellas quienes lo tentaron de viajar a probar suerte en Buenos Aires donde debía competir con nombres como Antonio Gasalla o Carlos Perciavalle.
“La China le dijo que era mejor que Gasalla y que se tenía que ir a Buenos Aires y ella lo tomaba como una madrina” contó Carmen Bressa. “Esos eran tiempos en que Héctor actuaba tarde y después de su función nos íbamos a cenar a Boccadoro” agrega.
Sigue la historia: “Se subieron al tren Héctor, Luis y mi hermano con rumbo a Buenos Aires. El show que hizo fue fantástico. Querían que se quedara pero él vio que Buenos Aires no era su lugar… no podía salir de Mendoza, de su gente. Y se volvieron”.
Héctor era uno de los artistas más solicitados de Mendoza. Actuaba en fiestas privadas y en todos los departamentos. Además era un tipo muy solidario, que ayudaba a quienes podía hacerlo. Va una anécdota contada por Carmen: “Mis hijos iban al Instituto Nadino, en la Sexta Sección. Un día, la Comisión de Padres de ahí me ubica y me dicen que si podía pedirle a Héctor que hiciera una función a beneficio de los chicos porque había que comprar el toldo, los ventiladores de techo y otras cosas más. Se lo comenté y me dijo que sí. Al único que se le pagó fue al sonidista por poner los equipos. Hizo tres funciones en el estadio Anzorena… repletas”. Y destaca: “Después, había que explicarle a Héctor que se hacía con la plata recaudada. No quería que lo usaran”.
La anécdota de Gendarmería
Carmen sigue con su relato: “Cierta vez lo contrataron para actuar en la cena aniversario de Gendarmería Nacional, en Uspallata. Héctor tenía un don: improvisaba de manera maravillosa. Y eso pasó esa noche: en medio de su actuación hizo un poema a los gendarmes. Cuando terminó todo, se le acercan a Luis (Pérez Galeone) para pedirle la poesía para poder ponerla en la revista. Luis dijo ‘Sí, en un ratito se la doy’. Le dijo a Héctor: ‘Me acaban de pedir el poema’ y nunca se lo pudieron dar porque todo estaba improvisado… No tenía nada escrito”.
Los espectáculos de Héctor Fernández Leal eran de una estructura conocida: inicio fuerte para reírse; un drama excepcional tocando puntos para pensar y analizar; y un final a toda orquesta. Y era tan cierto que no escribía nada que nunca cobró Argentores, porque no registró ninguna de sus obras.
En algún momento conquistó a varios empresarios que quedaron prendados con su humor e hizo una temporada en el boliche Cerebro, de Bariloche.
También tuvo su época de divo: vivía en el Plaza Hotel. Tenía contrato de actuaciones con el Grupo Aragón Cabrera (dueños del hotel por ese entonces) y como canje de pago, el vivía en una suite del último piso. Y siempre fiel a su lema: “Uso lo que tengo. Si hoy tengo 100, gasto los 100. Mañana veremos”.
El secuestro
Héctor era exitoso y en uno de sus monólogos hablaba sobre lo que estaba pasando en el país. Era plena dictadura. Aparecía con un poncho y toda la gente se paraba y aplaudían como locos. No tenía miedo.
Una noche fue secuestrado y apareció por la zona de Canota muy golpeado y con parte de su cabello quemado. Lo encontraron y lo llevaron directamente al hospital Lagomaggiore, donde estuvo varios días internado. Apenas le dieron el alta, sus amigos-hermanos Luis Pérez Galeone y Carmen Bressa se lo llevaron a Reñaca, Chile para descansar y descomprimir la situación. Pero apenas volvió, se subió a los escenarios y siguió como si nada.
Cuenta el Turco Paz: “Héctor era bastante irónico. Cuando lo secuestraron volvió al teatro, contó lo que le había pasado, la paliza que le habían dado y un espectador le gritó: ‘Que huevos que tenés Leal’… Nunca en mi vida he sentido un silencio tan grande y menos en una sala de este teatro. Y él respondió: ‘Lo que pasa que es que yo amo a mi país’. Y explotó el teatro de aplausos”.
Una vez pudo actuar en el teatro Independencia (que por ese entonces con era usado para la orquesta o el ballet y algunas cosas más). Llenó tres funciones y fue su momento de gloria.
Héctor también trabajó en radio, como parte del recordado y maravilloso equipo de Jorge Sosa y tuvo su propio programa en Radio Nihuil, musicalizado por Salvador Rincón. Además, junto a Jorge y Pocho Sosa tuvo temporadas formidables en un bar llamado Florentino, frente a la Legislatura provincial.
Algunos de sus espectáculos fueron “Ensayo General”, con libreto de Jorge Sosa y las canciones de Pocho Sosa; “Vení contame”, también escrito por Jorge Sosa, con la actuación de Martín Neglia, Jorge Sosa y Pocho Sosa; “Leal envido”; “Leal arriba” (terapia de grupo); “Leal vale cuatro”; y otros más siempre con hechos y personajes perfectamente reconocibles: la política, la familia, la pareja, etc.
Cuenta el Turco Paz: “Otro de los lugares donde Héctor brilló fue el boliche Dawn, que estaba ubicado en Villa Nueva. Todo lo que hacía era con nivel. Tenía una escenografía maravillosa, linda puesta de luces y buen sonido. Eso bastaba para que brillara”.
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Lleno de glamour, siempre con una botella de espumante en el escenario, Héctor Fernández Leal brillaba y atrapaba.
Paz dice que Héctor tenía una debilidad: los primeros videojuegos. “En la mañana temprano ya estaba con los jueguitos -que aparecieron allá por los 80-. Iba a la calle Colón y se ponía a jugar en los locales”.
Murió el 23 de noviembre de 2001, muy joven, a los 53 años. Estaba mal y olvidado, en una casita muy humilde. Solo su mamá lo acompañaba.
Héctor Fernández Leal, uno de los imprescindibles de Mendoza.
Hay hombres y mujeres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles" (Bertolt Brecht).