Hace unos días volvió a aparecer en mis redes el recuerdo fechado en abril de 1966 de profesores de matemáticas que protestaban contra el uso de calculadoras en la Escuela Primaria. Más atrás, a inicios del siglo XIX, contexto de la Primera Revolución Industrial en Inglaterra, el movimiento “ludita” comenzó a destruir máquinas, principalmente telares, a modo de protesta contra la amenaza que representaban para sus empleos y modos de vida.
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El reto de usar la Inteligencia Artificial sin volvernos más tontos
La inteligencia artificial plantea miedos y oportunidades. Su impacto dependerá de cómo decidamos usarla, entre resistencia, colaboración y transformación.
Estas imágenes hoy las vemos con cierta ternura empática de quien lo ve que con perspectiva histórica. Sin embargo, la forma moderna de ludismo, es la resistencia tecnológica. Cada nuevo salto desprende nuevamente este miedo a ser desplazados, reemplazados, “in-significados”. Así, cientos de personas de a pie, tanto como grandes teóricos y profesionales, salen a criticar la innovación y a vaticinar un futuro desolador. Pero de a poco, ese miedo inicial va cediendo y avanza una mirada más positiva de la Inteligencia Artificial.
Una pausa para pensar la Inteligencia Artificial (IA)
De hecho, que ChatGPT-5 no haya sido el parte-aguas “decisivo” que esperábamos, de algún modo es positivo. Permite tomarse una pausa, ponernos al día y pensar(nos) con calma. ¿Qué hay de ciertos en estas catástrofes preanunciadas?
¿Tecnología neutral?
Una de las frases más repetidas (incluso por mí) es que la tecnología no es buena, ni mala de por sí. Depende fuertemente de cómo la usemos. El mejor ejemplo suele ser pensar en un cuchillo: puede servir tanto para preparar un plato delicioso o para lastimar. Lo mismo con el martillo, tiene tanto potencial para construir como para destruir una obra.
Unos meses antes del lanzamiento de ChatGPT 3, me encontraba con un artículo (hoy no disponible) del Center for Humane Technology, que venía a romper con esta idea: “El mito de la neutralidad tecnológica” explicaba algo así:
- Los humanos moldeamos la tecnología;
- La sociedad moldea a la tecnología;
- “Finalmente” la tecnología moldea a los humanos (las comillas son mías).
La conclusión es que dado este ciclo de transformaciones, la tecnología nunca podría ser neutral.
Podría hacer algunas salvedades, como que habría que distinguir La Tecnología, de las tecnologías. O quizá el problema está sea la dicotomía bueno-malo. De todos modos, encuentro en esta “fórmula” una interesante pérdida de inocencia. De algún modo, existen cuchillos de cocina, y cuchillos de caza. De algún modo, si un martillo es usado contra un clavo de manera controlado, vemos una escena “esperable y normal”. Si tu sobrino comienza a darle martillazos a los muebles, claramente saldrás a detenerlo (o corriendo).
Justamente, Milagros Miceli, la investigadora argentina elegida entre las 100 figuras influyentes del mundo de la IA avisa "Estas tecnologías no son autónomas ni neutrales, hay una clara dirección ideológica".
¿Nos vuelve más “tontos” la IA?
Uno de los artículos que más fue nombrado en las últimas semanas, es el estudio preliminar del MediaLab del MIT que advierte el uso de IA podría volvernos más “tontos”. El trabajo de investigación pionero, dividió a 54 sujetos de entre 18 y 39 años, en tres grupos, y se les pidió que escribieran algunos ensayos utilizando cada grupo: ChatGPT, Google o solo-cerebro. Mientras sucedían estas actividades, se los sometió a un registro de la actividad cerebral vía EEG. Entre sus hallazgos, l os usuarios de ChatGPT mostraron un rendimiento menor a nivel neuronal, lingüístico y conductual. Más aún, a lo largo de los meses, los usuarios de ChatGPT se volvieron cada vez más perezosos, llegando a simplemente copiar y pegar los resultados generados por la IA.
¿Es la herramienta la que nos emboba, o es la forma cómo decidimos usarla? Un nuevo informe de Anthropic sugiere que el 77% del uso que hacen las empresas de su herramienta es para delegar tareas, en lugar de colaboración. El mito de la neutralidad ayuda a pensarlo: mientras nos hacemos de la tecnología, la tecnología nos va haciendo. Estamos a tiempo de cambiar el rumbo y amigarnos a tiempo con ChatGPT.
Tres modos de uso de la IA
Para que la IA trabaje para nosotros, y no al revés, me gusta pensar en tres “modos de uso” que nos ayude a potenciarnos:
- MODO BORRADOR: Podemos usar la IA para que nos ayude a generar ideas iniciales o una estructura básica sobre la que trabajar. Sirve como punto de partida para que el estudiante lo desarrolle.
- MODO COLABORATIVO: La IA nos sirve como acompañamiento en tiempo real, brindando apoyo, sugerencias y alternativas para avanzar en el proceso de trabajo, creación o perfeccionamiento del trabajo.
- MODO REVISOR: La IA funciona como revisor y editor del trabajo hecho, buscando optimizar el resultado final, puliendo, corrigiendo e identificando errores.
El poder que tiene la Inteligencia Artificial para potenciarnos es indudable. Lo opuesto, también lo es. Dentro de algunos años, veremos con nostalgia y ternura inocente este momento histórico. Las preguntas y los hábitos que nos hagamos hoy, los debates que vayamos a proponer, el foco de hoy, marcarán el camino y el ángulo desde el cual nos evaluaremos a futuro.