26 de abril de 2026
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Economías regionales

El problema es el consumo y lo que está en crisis es el modelo vitivinícola

Por Federico Manrique

Arrancó la Vendimia 2019 y vuelve el debate sobre el impacto posible de una cosecha normal a buena en cantidad de uva. Pero el árbol vuelve a tapar el bosque. El problema de base, y el mismo que se viene agravando después de años y años de sólo tomar aspirinas para calmar el dolor, es la sostenida caída del consumo y la pérdida de mercado externo para el vino. Lo que está en crisis es el modelo de negocios de la vitivinicultura, tanto a nivel de mercado interno como en las exportaciones.

El problema de fondo y estructural es la pérdida de consumidores, tanto a nivel doméstico, donde se consume el 75% del vino que se elabora anualmente, como en el mundo, donde aun con la feroz devaluación superior al 100% del peso, las exportaciones siguen estancadas y solo lograron repuntar en 2018 por mayores ventas de vino a granel. La discusión sobre si la cosecha es buena en cantidad o mediocre, si el Estado debe salir o no a comprar uva para sostener los precios del mercado, sigue poniendo por delante lo urgente a lo importante. Y se sigue sin discutir, y en eso la industria debe tomar cartas en el asunto, qué modelo vitivinícola se quiere, qué estilo de vinos se deben elaborar para ganar más consumidores y, lo más importante, cuál será la escala del negocio y cuántos van a poder seguir estando en él.

2018 solo sirvió para confirmar una tendencia y mostrar cómo se agrava el problema. Pero la crisis no empezó el año pasado. Con un consumo per cápita de 18,7 litros al año, 2018 marca el peor registro de consumo en la historia de la vitivinicultura argentina y una caída del 7,3% sólo en el último año (en 2017 el consumo llegó a 20,25 litros) y del 54,9% en relación a los 29,08 litros por persona de 2008, según datos del INV. Estamos hablando de que sólo en diez años, el mercado interno perdió más de la mitad del consumo per cápita. ¿Qué negocio logra sobrevivir con semejante caída?

La crisis del modelo vitivinícola argentino se agudiza porque el sector exportador sigue siendo una parte minoritaria del negocio que no supera la cuarta parte. En volumen las exportaciones de vinos no logran superar el pico histórico alcanzado en 2008, hace diez años, mientras que en facturación, el máximo histórico se logró en 2012 y desde entonces venimos en franca caída.

Lo que está en crisis es el modelo de negocios de la vitivinicultura argentina. Hay un desfasaje entre estilos de vinos elaborados y cantidad de consumidores que pueden pagar por esos vinos. El mercado está siendo mucho más chico en volumen consumido o exportado que la cantidad de hectáreas y bodegas que están en actividad. Y eso no se resuelve solo saliendo a comprar uva en un año de más o menos uvas.

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