Cada 4 de agosto se celebra el Día del Panadero en Argentina para destacar la importancia de los trabajadores que se encargan de hacer el pan que llega a los hogares de todo el país. Gabriel nunca festejó esta efeméride como tal, pero esta labor es una parte muy importante en su vida y, según él, su mayor satisfacción.
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Trabajó 30 años como penitenciario y ahora se dedica a su gran pasión: "Ser panadero es una satisfacción"
Gabriel reside en Las Heras y nació en una panadería, pero no siempre pudo trabajar en una. "Lo más feliz de mi día es cuando armo mis pancitos", contó.
“Nací en una panadería”, comenta Gabriel Roslan a Sitio Andino al comienzo de su reportaje. Para algunos, esta frase es una forma de decir que han ejercido el oficio por muchos años, pero para este vecino de Las Heras de 56 años esta aseveración es, verdaderamente, literal.
Desde nacer en una panadería hasta ejercer en una penitenciaría: "Trabajé 30 años en la cárcel"
“Mi papá es italiano. Llegó desde Europa a los 8 años, después de la Segunda Guerra Mundial, y comenzó a trabajar primero en una fábrica de tostadas y después en panadería”, prosigue. Su padre es maestro panadero y trabajó toda la vida en el rubro, por lo que el oficio corre en las venas de Gabriel, y sus hermanos. "Todos mis hermanos son panaderos", arega.
“Yo nací dentro de una panadería. El parto de mi madre fue en una panadería", remarca Gabriel.
De bebé, su cuna era una "tipa", una especie de canasto de mimbre donde antes donde se ponía el pan. "Cuando yo nací, en el año 68, las bolsas de harina eran de trapo y mi mamá hacía sabanitas con eso”, contó “El Gaby”, apodo por el que lo llaman sus amigos y como lo conocen en el barrio.
En diálogo con este medio, Gabriel contó que su padre tuvo su panadería en una época muy complicada en el país, entre fines de los 70 y principios de los 80. El pan debía ser embolsado y, por ello, muchas panaderías chicas se fundieron.
Sus comienzos en la panadería y el "empujón" de su hermano
"Pasó el tiempo, yo crecí y dejé embarazada a mi novia cuando tenía recién 18 años y ella 15. Mis padres y los de ella habían acordado que no nos casaramos porque yo era muy joven. Nunca había trabajado", recuerda.
En ese momento, "Gaby" hizo "un clic": "Viene una hija en camino, viene un bebé, tengo que hacer algo", pensó entonces. Allí fue cuando uno de sus hermanos, con quien se lleva tan solo 11 meses, le dio la ayuda que necesitaba.
"Con Juan Carlos, mi hermano, somos como mellizos. Él es mi maestro, mi mentor, todo", comienza. "Él es maestro confitero y salió campeón argentino de confitería, es el mejor en el rubro. Él me dio una mano cuando yo iba a ser papá, me metió en la panificadora “El Molino”, donde él trabajaba", sigue.
Allí, Gabriel comenzó en el turno noche, pero con la convicción de progresar y cambiar de horario, comenzó a formarse para la elaboración de panes, la cual se hacía durante el día.
"Aprendí y me pude poner de día, pero después el sueldo de panadero dejó de servir y vino mi papá, que maestro panadero de la cárcel de Boulogne Sur Mer y me dijo que tenía que entrar a trabajar ahí para tener un sueldo seguro", explicó.
Y así fue, "el Gaby" ingresó a la penitenciaría con educación primaria pero no dejó de formarse. "Gracias a mi esposa estudié muchísimo. Terminé el secundario de grande y de noche en un CENs. Después empecé a estudiar Seguridad Pública en e Instituto de Formación Penitenciaria y la terminé. Fui parte de la primera promoción, no me he recibido, me quedaron tres materias, una lástima", lamentó, pero destacó que durante todo su paso por la cárcel estudió.
Gabriel, panadero, trabajó por 30 años en una penitenciaría
En 1992, Gabriel comenzó a trabajar como "pinche" en el establecimiento ubicado en Boulogne Sur Mer. "Estuve seis años en el muro, seis años en el interior, dentro de los pabellones donde los presos te insultan y te escupen, hice de todo. Siempre estuve en los peores lugares", comenta.
Asimismo, siguió formándose hasta sus últimos años en aquel lugar. "Estudié para suboficial y me recibí. Después estudié para oficial y me recibí de oficial. Estudié para jefe y me fui como jefe de alcaidía", expresó. "Estuve 30 años en la cárcel, entré con 24 años en el año 92 y me jubilé con 54 años en el 2022", completa.
De la penitenciaría, a su verdadera pasión: "Cambiaría 5 horas en la cárcel por 30 en una panadería"
“Mi principio en la penitenciaría fue muy parecido al fin”, reflexiona "el Gaby" sobre su historia, una en la que su hermano y un muy querido amigo, el músico mendocino Fabián Silva, jugaron roles determinantes.
"Cuando dejé la penitenciaría apareció mi hermano otra vez. Yo le había dicho que quería empezar a hacer tortitas y pan casero, por lo que me compré una cocina grande industrial para empezar ahí", relata. Pero Juan Carlos, su casi mellizo, le brindó otro consejo: "‘No, si vas a hacer las cosas las tenés que hacer bien. Tenés que comprarte este tipo de horno, una amasadora y empezás con esto y esto’, me dijo. Y bueno, lo seguí y debo decirte que mi verdadera profesión es esto, es ser panadero", asegura con firmeza.
“Estuve 30 años en la cárcel y mi verdadera profesión es la panadería. Yo siempre digo que cambiaría 5 horas en la cárcel por 30 en una panadería. Es mi felicidad, es mi pasión".
La panadería, el arte que lo ayudó a enfrentar el duelo
Antes de dedicarse completamente a la panadería, Gabriel atravesó cambios profundos que lo llevaron a enfrentar difíciles momentos.
“Cuando me jubilé estaba desganado y muy triste estaba porque falleció mi mejor amigo de la infancia, Fabián Silva". Silva era un conocido cantante de Mendoza y, de acuerdo con Gabriel, "un hombre muy querido".
"Yo me había aferrado mucho a él en mi último tiempo de jubilación. Él me decía ‘Gabillo, vos te vas a jubilar y vamos a trabajar juntos'”. Y así fue, mientras Fabián recorría la provincia con su música y junto a su mujer, quien era su sonidista, Gabriel trabajaba como su chofer.
"De pronto sufrió un ACV y falleció. Mi hija Jesica, en ese tiempo, se fue a vivir a Buenos Aires entonces estaba muy triste. Hubo muchos cambios", recuerda el panadero.
Fue entonces cuando Juan Carlos le aconsejó nuevamente que comenzara con la elaboración de panes y tortitas. "Te vas a despejar y es lo que te va a gustar", le dijo. Gabriel siguió el consejo y, hoy en día, se despierta feliz.
"Me levanto a las 4 o 5 de la mañana contento, con ganas de hacer, de elaborar. Yo hago la masa y el momento más cúlmine, más feliz de mi día es cuando estoy sentado armando mis pancitos", resalta con una sonrisa.
El día a día de "el Gaby", un panadero de Las Heras
La elaboración de comida requiere de personas dedicadas y formadas pero que, sobre todas las cosas, disfruten del oficio. De acuerdo con Gabriel, esto se transmite en el producto y el reconocimiento de los vecinos da cuenta de ello.
“Algunos kioscos me llaman y me dicen: ‘Mis clientes quieren tus pizzas’. Es algo muy relajante, muy lindo”, cuenta el panadero que, para aliviar el impacto del complejo escenario económico comenzó a producir panes, tortas y prepizzas para "tener el sueldo un poquito más libre".
En este sentido, “Gaby” explicó que se levanta a las 4 o 5 de la mañana para sacar una masa que prepara con antelación. "Primero que nada tengo que hacer las tortas con chicharrones. Hay unos chicos que trabajan vendiendo mis tortas en la puerta de un supermercado por aquí cerca. A las 8 de la mañana ellos quieren las tortas calentitas porque pasa mucha gente para la escuela", relata.
"Llego siempre con el horario, a las 8 ya les llevo las tortitas y cuando vuelvo hago mi masa para el pan del día" sigue. Además, todos los viernes prepara entre 30 y 40 prepizzas que les piden vecinos y comercios cercanos.
Cocinar en tiempos de crisis: cómo se sobrellevan los aumentos
El pan ha aumentado 3 veces en lo que va del año, motivo por el cual muchos argentinos comenzaron a consumir en menor cantidad o, directamente, a recortar este gasto. Gaby, por su parte, contó que debe amortiguar los aumentos con lo que es, a su vez, el secreto detrás de la elaboración de su codiciado pan.
"Cuando empecé en marzo del año pasado la bolsa de harina valía $8.100, de repente se fue hasta, casi, $13.000", comienza. “Los aumentos los he ido llevando y tratando de amortiguar los gastos… Yo siempre digo, y lo hablo con todos mis clientes del barrio, que el verdadero secreto de mi panadería casera es la grasa", revela.
“En todas las panaderías compran grasa y la que se vende para elaborar el pan es como cebo de vela. Yo compró la grasa molida y la derrito. Entonces los costos se me reducen a un 50 o un 70%", explicó. Esta preparación personal, además, hace que sus chicharrones sean más blanditos y sus tortas cada vez más solicitadas.
"Ser panadero es una gran satisfacción", asegura Gabriel
Hacia las 13 del mediodía, mientras seguía dando forma a los pancitos que son motivo de su orgullo y felicidad, Gabriel le informaba a este medio que no siempre festejó el Día del Panadero.
"El que lo festejaba era mi viejo. Yo siempre he sido penitenciario entonces, más que nada, el que lo festejaba era él", cuenta. No obstante, la panadería es, y seguirá siendo, una parte fundamental de su vida y la de su familia.
Actualmente, Gaby está casado con Fabiola, con quien tiene cuatro hijos. Asimismo, tiene una hija de un matrimonio anterior que, junto a sus hermanos, siempre escuchó las sabias palabras del panadero: "Siempre le digo a mis hijos que yo no me quiero hacer millonario con esto, yo busco entretenerme y tener unos pesitos todos los días".
"La panadería me sirve para ayudar a mis hijos y es lo que más me gusta, me reconforta".
"Cuando yo me tuve que casar a los 18 años nunca había trabajado en mi vida. Me metí de panadero y empecé a aprender y con eso, desde el momento que me casé, mis cinco hijos vivieron de mi mano panadera", sigue.
"Está bien, hubo 30 años de intermedio en la cárcel, pero muchas veces pero yo he trabajado para panaderías. Entonces, lo que significa la panadería para mí fue el darle de comer a mis hijos. Y hoy, cuando ellos ya son grandes y están independizados o con sus pareja, hoy sigo ayudándolos para que ellos emprendan y arranquen. Todo es un empujón", concluye.
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