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De sodero a colectivero: la historia de Rubén, el mendocino que dio su última vuelta y se jubiló

Tras casi tres décadas como colectivero, un vecino de Maipú colgó las llaves para disfrutar de su jubilación y una vida dedicada a la familia y el bienestar.

Por Natalia Mantineo

Hay historias que resumen la identidad de un barrio, y la de Rubén Romero es una de ellas. Este vecino de Maipú, padre de dos hijos, decidió a sus 60 años comenzar una vida más pausada. Tras completar su última vuelta como colectivero, se despidió de una rutina que lo tuvo como protagonista durante décadas en las calles mendocinas.

Rubén Romero colectivero jubilado

Colectivero de profesión y vocación: tras casi tres décadas, Rubén Romero dio su última vuelta y se jubiló.

Colectivero y sodero: una vida entregada al pulso de la calle

La trayectoria de Rubén no se mide en años, sino en los miles de rostros que saludó a través de un vidrio o en la puerta de un hogar.

Su vida estuvo marcada por el contacto directo con el vecino, en un compromiso inquebrantable que sumó 34 años de servicio en dos de los oficios más nobles y emblemáticos de nuestra cultura popular.

Durante más de una década, fue el sodero del barrio, aquel que repartía sifones casa por casa y se convertía, casi sin querer, en parte de la mesa de cada familia maipucina. Pero el destino lo llevaría luego a cambiar los sifones por el volante, para dedicar sus últimos 22 años a ser colectivero.

Rubén Romero colectivero jubilado

Tras 34 años de servicio, este hombre querido puso punto final y se jubiló.

Desde esa cabina, Rubén no solo transportó personas; fue el responsable silencioso de trasladar los sueños, las urgencias y las obligaciones de miles de pasajeros que, día tras día, confiaron en sus manos para llegar a destino.

"Es una mezcla de emociones. Por un lado felicidad y tranquilidad porque cumplí una etapa muy importante de mi vida, y por otro lado nostalgia, porque fueron muchísimos años arriba del micro. Uno se acostumbra a la rutina, a la gente, a los compañeros, pero me voy con el corazón lleno", confesó Rubén en diálogo con Sitio Andino.

Rubén Romero colectivero jubilado

Rubén aseguró que se retira de este oficio muy agradecido con la gente y con el corazón lleno.

El motor de la familia y el valor del buen trato

A lo largo de estos años, el esfuerzo fue constante. Los madrugones y el sacrificio de resignar algunos cumpleaños o momentos especiales fueron parte del camino.

Sin embargo, Rubén nunca estuvo solo en la ruta: "Mi familia fue fundamental; siempre tuve a mi esposa y a mis dos hijos acompañándome. Ellos fueron el motor para seguir adelante todos los días. Sin el apoyo de la familia, nada de esto hubiera sido posible", destacó con emoción.

Rubén Romero colectivero jubilado

Rubén junto al gran pilar de su vida: su esposa y sus dos hijos.

Esa contención en casa se traducía en amabilidad arriba del micro. Para él, manejar no era solo cumplir un recorrido, sino una oportunidad de mejorar el día de los demás.

Su filosofía fue siempre la de transmitir buena energía: "Muchas veces la gente me saludaba, me esperaba o me agradecía por el viaje y eso te alegra el día. Yo siempre pensé que uno puede hacer mejor el día de otra persona con un buen trato o una sonrisa. Con el tiempo entendí que la actitud hace la diferencia".

Rubén Romero colectivero jubilado

Lo que queda en el espejo retrovisor

Al mirar atrás por última vez, el balance de Rubén no se mide en kilómetros, sino en valores y afectos. La profesión le dejó amistades, anécdotas y un profundo aprendizaje sobre la responsabilidad, la paciencia y el compromiso. "Me dejó recuerdos y el cariño de las personas. Eso vale muchísimo más que cualquier otra cosa", asegura.

Rubén Romero colectivero jubilado

La profesión le dejó anécdotas, aprendizajes y muchas amistades.

Una nueva hoja de ruta

¿Cómo sigue la vida para un hombre que siempre estuvo en movimiento? Rubén ya tiene sus próximos destinos marcados, aunque esta vez no habrá horarios que cumplir. Su plan ahora es vivir la vida de una manera diferente, más pausada y con más disfrute.

Seguramente buscará alguna actividad para mantenerse activo, pero su prioridad es dedicarle tiempo a sí mismo y a sus pasiones: andar en bicicleta, ir al gimnasio y, sobre todo, viajar.

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"Tengo muchas ganas de viajar más y disfrutar con la familia y amigos", afirma entusiasmado sobre su nuevo horizonte.

Con un simple pero sentido "gracias", Rubén Romero se despidió de sus pasajeros, esos con los que, tras décadas de servicio, terminó compartiendo una parte fundamental de su vida.

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