Su emotiva despedida del Senado, a fines de abril de 2022, dejó un vacío difícil de rellenar. Reconocido por sus pares como "el que más sabe de técnica legislativa" en Mendoza, Juan Carlos Jaliff es una entidad de la política local. Pese a su retiro de la función pública, en los últimos cuatro años se mantuvo activo como asesor ad honórem en el que fue su hábitat en el tramo final de su carrera. Su mano se vio en la última gran ley sancionada en la Provincia: la Declaración de Impacto Ambiental de PSJ Cobre Mendocino, que abrió una nueva etapa para la explotación minera en el territorio.
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Juan Carlos Jaliff, cuatro décadas dedicadas a la política: "El radicalismo de Mendoza está en su mejor momento"
El referente radical repasó hitos de casi 40 años en la función pública. Minería, su vínculo con los gobernadores, el “récord” que ostenta y por qué no llegó al cargo máximo.
En una distendida charla en el marco del ciclo “Voces de Gestión”, de Andino Streaming, el exvicegobernador —entre tantos otros cargos— repasa hitos de su vasta trayectoria y recuerda a quienes lo marcaron, pero ya no están: Raúl Baglini, José Genoud, Felipe Llaver y Raúl Alfonsín. “Me recibí en Harvard”, bromea al respecto.
La persecución durante la dictadura cívico-militar; el “récord” de su primer cargo público, que aún mantiene; la crisis de la UCR a nivel nacional y el contraste con los logros partidarios en Mendoza; el vínculo con los cinco gobernadores radicales con los que convivió; y los motivos por los que no llegó al sillón de San Martín, son algunos de los aspectos revividos durante la entrevista.
La etapa previa al acceso a la función pública y la militancia en dictadura
- ¿Cómo fue su etapa pre cargos públicos? Le tocó atravesar una época complicada, como la década del 70 y la dictadura.
Nací en Isla Grande, a la orilla del río Mendoza. Viví en una finca hasta los 10 años y estudié en el colegio Don Bosco de Rodeo del Medio. Luego hice la secundaria en San Martín y la universidad en Santa Fe, en la Universidad Nacional del Litoral. Volví a Mendoza en 1974 y en 1975 empecé a militar en el radicalismo, por intermedio de mi hermano. Conocí a los principales referentes del partido de esa época y empecé a involucrarme.
Al poco tiempo vino el golpe de Estado y seguimos militando en la clandestinidad, porque los partidos estaban prohibidos. Fueron años muy duros. Hoy se critica mucho a la democracia, pero quienes no vivieron la dictadura no saben lo que era hablar de política en voz baja, con miedo. Yo tenía 32 años cuando volvió la democracia y más de la mitad de mi vida había transcurrido bajo ese régimen.
- ¿Fue perseguido? ¿Estuvo en alguna lista negra?
No, pero tenía un archivo. Ese expediente apareció años después, durante un gobierno justicialista, y me citaron para entregármelo.
- ¿Se acuerda qué decía?
Cosas elementales. Decía que militaba en la Unión Cívica Radical.
- De por sí, la militancia lo convertía casi en un subversivo para la dictadura
Y yo era un dirigente que recién empezaba. No tenía entidad, no tenía relevancia y tenía un expediente. Era realmente absurdo.
Los primeros pasos de Juan Carlos Jaliff en la función pública y el récord de casas construidas
"Con el regreso de la democracia, empecé a militar públicamente y en la campaña electoral de 1983, con Raúl Alfonsín a la cabeza. Ese mismo año mi primer cargo fue como secretario del bloque de diputados de la UCR en la Legislatura de Mendoza. A los pocos meses, a mediados de 1984, fui designado director del Instituto Provincial de la Vivienda (IPV)".
— Ese fue el período por el que siempre se ha jactado de ser en el que más viviendas se construyeron, con el terremoto de 1985 de por medio.
Hicimos 20 mil viviendas en cuatro años. Pero eso nunca más va a volver a ocurrir, creo que es imposible.
- ¿Por?
Se dieron dos circunstancias: existía el Fondo Nacional de la Vivienda (Fonavi), con recursos nacionales; y además, tras el sismo de 1985, llegaron fondos extraordinarios para reconstrucción, por un proyecto impulsado por mi querido amigo Raúl Baglini.
Fue el orgullo mayor del gobernador Felipe Llaver, quien me nombró director del IPV, y de todo el directorio. El terremoto fue en enero del '85 y en agosto ya estábamos entregando las primeras casas. Fue un trabajo descomunal.
Cuando termina el gobierno de Llaver y gana (José Octavio) Bordón, pasé a la Procuración del Tesoro. El procurador (Rodolfo Héctor) Fassi, con la anuencia de Raúl Alfonsín, me nombró síndico interventor de las empresas del grupo Greco. Luego, cuando Alfonsín deja la Presidencia, me quedé trabajando en el Senado de la Nación con José Genoud, aunque también colaboraba con Raúl Baglini, que en ese momento era diputado.
- Llegaron a coincidir como presidentes de bloque en el Congreso.
Es el único caso en la historia: dos mendocinos presidiendo simultáneamente los dos bloques de la Unión Cívica Radical, uno en el Senado y otro en Diputados.
- Dos figuras muy reconocidas del radicalismo, incluso hasta hoy.
Tengo una anécdota sobre eso. Un día, en una sesión bastante picante del Senado, mi actuación fue bien recibida por muchos colegas del bloque y me felicitaron. En broma les dije: “Muchachos, yo me recibí en Harvard”. Sorprendidos, me preguntaron si había estudiado ahí y les contesté: “Me hice al lado de Baglini y Genoud; si no aprendía era un bruto” (risas).
La actualidad del radicalismo nacional y el contraste con el contexto mendocino
- ¡Qué nombres! Genoud, Baglini, Alfonsín... ¿Cómo ve hoy al radicalismo, que atraviesa su menor representación histórica en el Congreso?
Estamos viviendo un momento difícil y creo que se cometió un grave error. Hace dos años se eligió un presidente del partido que no era el indicado para ese momento: Martín Lousteau, a quien admiro y respeto mucho. Pero no era la persona adecuada para esa etapa. Después vino Javier Milei, que fue una verdadera bomba para el sistema político argentino.
El radicalismo no va a terminar, aunque hay un problema fuerte de porteñocentrismo, alimentado por la política y los medios nacionales, que miran todo desde Buenos Aires. Es el radicalismo nacional el que está en crisis, pero gobernamos cinco provincias y cientos de intendencias en todo el país.
Hay gente que no lo ve y vuelve a cometer los mismos errores. Se designó como presidente del partido a un intendente joven (por Leonel Chiarella), que es un gran intendente, pero tiene 36 años. Deberían haberse puesto de acuerdo los cinco gobernadores para elegir una conducción. No fue así: (Maximiliano) Pullaro impuso ese nombre. Ojalá le vaya bien.
- ¿Cómo contrasta esa situación con el presente del radicalismo mendocino?
El radicalismo de Mendoza, para mí, es el más fuerte del país. De los once gobernadores que tuvo la provincia, seis fueron radicales, y de los últimos siete, cinco han sido radicales. Hace 14 años que no perdemos una elección en Mendoza, por eso no se puede comparar la realidad local con la crisis nacional. El radicalismo mendocino está pasando por su mejor momento.
La crisis del 2001 y el difícil momento que pasó como ministro
- En el gobierno de Roberto Iglesias, crisis de 2001 mediante, les tocó tomar medidas antipopulares. ¿Cómo vivió esa etapa?
La del 2001 fue terrible. El primer escrache a un funcionario en democracia fue en mi casa, en pleno 2001. Yo estaba en Casa de Gobierno, mi familia estaba en casa, y tuve que ir a enfrentarlos (NdR: un grupo de sindicalistas se manifestó en su domicilio). Al principio no querían hablar conmigo, pero con el tiempo esa relación se recompuso.
- Eso fue después de la reducción de salarios en la administración pública.
Exactamente. La reducción salarial fue una medida durísima, que tomó el gobernador y que acompañamos todos. Era imprescindible, porque si no no se podían pagar los sueldos. Fue en julio de 2001, antes de la gran debacle. Después recompusimos esos salarios, devolvimos lo que se había recortado y ganamos las elecciones. Yo integré la fórmula con Julio Cobos. ¡El ministro de Gobierno que había protagonizado, junto con el gobernador, la reducción salarial; y ganamos la elección!
- ¿Se arrepintió de haber tomado esa decisión o cree que era necesaria?
No, no me arrepiento. Era una medida necesaria, por más dura que fuera. De hecho, después de la crisis y de las cuasimonedas, que Mendoza emitió los Petrom: fueron la única cuasimoneda del país que se devolvió sobre la par; es decir, con intereses. En el resto del país, las cuasimonedas se pagaron por debajo de su valor.
- Mendoza también fue una de las pocas provincias que no defaulteó su deuda.
Así es. Mientras el país entró en default, Mendoza nunca lo hizo. Esa fue una decisión clave. En 2004, ya como vicegobernador, integré una misión binacional a China en representación de la provincia. En una reunión, un inversor planteó dudas sobre la fiabilidad de Mendoza. Yo le respondí: '¿Sabe usted lo que hizo Mendoza con su deuda?'. Sí, sabemos que no entró en default como la Argentina', respondió. Ellos ya lo sabían. Ahí entendí la verdadera importancia de esa decisión.
Minería y reforma constitucional: dos grandes debates de la Legislatura que enfrentó Jaliff
- Un tema muy presente hoy es la minería. Le tocó atravesar todas las etapas: la 7722, su derogación, el veto y ahora trabajó en las últimas leyes mineras. ¿Cómo analiza estos 20 años?
Creo que se mintió mucho y se sigue mintiendo, aunque hoy la gente ya lo entendió. Eso se vio claramente el 26 de octubre, cuando aquellos que libraban la lucha antiminera sacaron el 2% de los votos. No es que la gente no entendió: se usaron argumentos falsos para oponerse a la minería.
Es un avance espectacular y necesario. Mendoza va a tener problemas graves en el futuro si no empieza a explotar sus recursos naturales de manera viable y sin afectar el ambiente. Se repite que el agua de Mendoza no se negocia, y es cierto, pero deberí decir que tampoco se derrocha. Lo que está encarando Alfredo Cornejo es un hito en la historia de Mendoza. No puede ser que la misma cordillera que le da el cobre a Chile, acá lo tengamos dormido.
La riqueza no aparece sola: para tener riqueza arriba hay que buscarla abajo, producir. La vitivinicultura y la minería metalífera pueden convivir. Chile vende más vino que nosotros y también más minería.
- ¿Por qué no se pudo reformar la Constitución de Mendoza en estos 43 años desde el retorno de la democracia?
Por especulaciones políticas.
- ¿De los dos lados?
Sí. De todos modos, se dijo que el proyecto de reforma de Cornejo incluía la reelección, y eso es mentira. Cornejo nunca envió ningún proyecto. El proyecto era mío, y lo trabajé con un dirigente peronista, con quien habíamos acordado puntos como la autonomía y la reelección. Después (Rodolfo) Suárez envió otro proyecto sin reelección y tampoco avanzó.
- Pero eso le pasó a Francisco Pérez también. Él había dicho que dejaba su reelección de lado.
Sí, pero igual tenemos que llegar a un acuerdo para reformar la Constitución. Y quiero aclarar algo: reformarla para modernizarla. La Constitución de Mendoza es la mejor que se ha dictado en el país en toda su historia. Tiene normas de avanzada para su época, que ninguna otra provincia tiene. Hoy Mendoza es la única provincia que no tiene reelección.
El gobernador preferido y su materia pendiente
- Le tocó trabajar con todos los gobernadores radicales desde el retorno de la democracia. ¿Tiene algún preferido o algo para destacar de cada uno?
Trabajé muy bien con todos, aunque eran personalidades muy distintas, todos con carácter fuerte. Quizás Rodolfo Suárez era el de carácter menos fuerte, pero cada uno tuvo su estilo. Con Alfredo Cornejo me tocó trabajar en la gran reforma de la Justicia en Mendoza, que fue un antes y un después. Es paradójico que no la haya impulsado un abogado, sino un licenciado en Ciencias Políticas. Hoy se ve en la reducción de causas laborales, en la conciliación obligatoria y en que hay más condenados que procesados, cuando antes era al revés.
También quiero decir que el protagonismo que tuve fue porque los gobernadores me lo permitieron, más allá de las diferencias internas. Con Felipe Llaver, por ejemplo, veníamos de líneas internas distintas, pero la relación fue excelente, tanto política como personal. Todos tuvieron formas distintas de gestionar, y sería injusto elegir a uno solo. La historia demostró que fueron muy buenos gobernadores.
- ¿Por qué nunca se dio la oportunidad de ser candidato a gobernador?
Uno tiene que saber leer el momento. En 2011 entendí que, aunque uno pueda tener aspiraciones, si sabe que no lo va a lograr es inútil insistir. En ese momento Iglesias y Cobos estaban mejor posicionados. Los junté a los dos en mi casa y les dije que iba a ser vicegobernador de uno de los dos. Finalmente se decidió que fuera Iglesias e hicimos una muy buena elección, en plena ola cristinista, con corte de boleta.
Después entendí que la que vota es la gente, más allá de las ambiciones personales. Lo vi también con Cobos, cuando acepté ser su vicegobernador, y más tarde con Iglesias. Y en 2015, sin dudas, el candidato era Cornejo. Me hubiera gustado, claro, y lo siento como una materia pendiente, pero siempre acepté cuando entendí que otro estaba mejor posicionado.
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