Como una obra con alto presupuesto y vestuario caro, pero con malos intérpretes. Así se vio la segunda parte del debate presidencial 2023 que se llevó a cabo anoche en la Facultad de Derecho de la UBA.
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Debate 2023: roles bien marcados, pero mal actuados
Si bien es cierto que la secuela fue más entretenida que el primer episodio de la semana pasada, se advirtió –nuevamente- un fuerte apego al guion (que incluso en varios momentos fue leído sin disimular por los candidatos) y sobreactuaciones cuando quisieron mostrarse “frescos”, en los segmentos donde la función les daba mayor espacio a la improvisación.
Los roles fueron más o menos los mismos del domingo anterior, aunque con caracterizaciones más acentuadas. En base a lo que dicen las no siempre confiables encuestas, cada uno/a jugó el papel que le sienta más cómodo al lugar que representan.
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Javier Milei, quien puntea los sondeos, fue a lo “seguro” y se presentó cauto, en una actuación distante a la que encara en las entrevistas mediáticas. Incluso mostró la hilacha en temas sensibles como el medio ambiente, la compraventa de órganos y el armado de sus listas.
En ese último aspecto cometió un furcio cuando Patricia Bullrich le achacó que aglutina a “todos los chorros de (Sergio) Massa” en sus boletas y éste le respondió “vos también tenés un montón de gente que viene de otro lado”. De algún modo, dándole la derecha al cuestionamiento de su contrincante.
Estuvo bien cuando contraatacó utilizando uno de los cuestionamientos que se le han hecho en campaña, de defender regímenes totalitarios. Lo hizo al traer a colación dichos de Bullrich respecto a que eliminaría leyes por DNU: “Va a llevarse puestas garantías constitucionales; ¿quiere que esto sea una dictadura?”, lanzó. -
Sergio Massa, más apagado que una semana atrás, apeló a la presentación de propuestas frente a las acusaciones de sus pares, tal como aclaró que haría en su primera intervención, anticipándose que sería el blanco preferido de sus rivales.
Bajo esa línea, respondió algunos de los ataques y se centró en su plataforma electoral. A sabiendas de que el “yategate” de Martín Insaurralde sería uno de los “caballitos de batalla” de Bullrich, cuando la representante de Juntos por el Cambio lo trajo a colación por segunda vez, le devolvió el golpe con el caso Gerardo Milman –asesor de confianza de la exministra de Seguridad-, investigado por el intento de homicidio a Cristina Fernández de Kirchner. “No somos todos lo mismo. A Insaurralde le pedí la renuncia de inmediato, vos nunca lo hiciste con Milman”, disparó.
Fue astuto al replicar el tono discursivo que eligió la referente del PRO (“Ser vulgar o canchengue no te va a hacer más popular”) y se notó sobreactuado cuando salió en defensa de Myriam Bregman por un cruce con Milei: “Hasta acá llegaste, Javier. Dejá de faltarle el respeto a las mujeres”, dijo. La candidata de Juntos por el Cambio respondió más tarde que “nos podemos defender solas”. - A Patricia Bullrich, más provocativa que hace siete días atrás, se la notó en varios pasajes artificial, con frases impostadas. Buscó su título para redes (como el “Gatito mimoso del poder económico” de Bregman) con oraciones que claramente llevó prearmadas.
Como aspecto positivo, logró romper con la hegemonía de sus dos principales contendientes, que la semana pasada polarizaron entre ellos y la dejaron de lado. Su postura más afilada y mejor direccionada, le permitió ser protagonista en muchos más cruces. Es lo que fue a buscar y tomar riesgos le dio cierto rédito.
En seguridad, donde se siente más cómoda, mostró sus mejores armas, pero nuevamente hizo agua cuando Milei le hizo una consulta económica y dio una respuesta confusa. De igual modo, cuando Bregman la increpó por Milman y esquivó la pregunta con generalidades sobre el narcotráfico, en uno de los momentos más “incómodos” del debate. - En cuanto a Bregman y Juan Schiaretti, la postulante del FIT nuevamente fue de las más sueltas a la hora de expresarse, haciendo gala de su excelente oratoria. Aunque otra vez enfocada en un discurso para el núcleo duro, sin dejar lugar a negociar posturas a la hora de implementar las políticas que propone. Una buena muestra es que se retiró del evento sin saludar a ninguno de los candidatos/as.
El cordobés, en tanto, también se mostró más picante y filoso que en la primera etapa, cruzando un poco más con el resto. Tal es así que obligó a Massa a utilizar uno de sus cinco derechos a réplica para responderle, situación que no había ocurrido la semana pasada. Su apuesta sí se repitió: exhibirse como el único representante del Interior, en contra del centralismo porteño/bonaerense.
Son los dos actores que menos tienen para perder. Se lucen, en un papel secundario.
Así pasaron los dos primeros actos de un show que define- nada menos- que el futuro de la Argentina en los próximos años. El tercero, cuando se baje el telón, se dará en las elecciones del 22 de octubre. El nombre de la obra lo pondrá la ciudadanía.