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Traspaso de mando

Chile: José Antonio Kast y el riesgo de gobernar sin política

El gabinete de José Antonio Kast consolida un perfil empresarial y conservador, con tensiones en derechos humanos y la relación con el Parlamento.

Por Marcelo López Álvarez

A poco de la asunción del mando en Chile, el presidente electo José Antonio Kast ha revelado la nómina de los 24 ministros que le acompañarán a partir del 11 de marzo. Lejos de buscar una apertura hacia el centro político, los nombramientos consolidan la grieta surgida tras el plebiscito constitucional, uniendo a figuras cuyo denominador común fue el rechazo a la propuesta de la izquierda.

El resultado es un gabinete que, bajo una aparente capa de independencia tecnocrática, tiene una profunda uniformidad doctrinaria y una apuesta, en línea con los nuevos tiempos americanos, por la gestión privada como motor del Estado.

Desconfianza hacia los partidos y poca experiencia pública

La primera lectura que arroja la lista anunciada por Kast es la desconfianza hacia la estructura partidista clásica. Un 62% de los futuros ministros no posee militancia política y casi dos tercios de ellos jamás han ejercido un cargo público. Esta configuración evoca inevitablemente al primer gabinete de Sebastián Piñera, aquel equipo de “excelencia” que terminó pagando caro su falta de muñeca política.

La derecha parece no entender que el Estado no es una empresa privada y que se necesita cierta expertise para moverse y lidiar con él sin caer en el fracaso. Como advertía el sociólogo Eugenio Tironi días atrás en un medio trasandino, el riesgo reside en perfiles que, acostumbrados a la administración de empresas, pueden carecer de la paciencia y la conexión necesaria con la ciudadanía, exhibiendo “mecha corta y ego demasiado grande”.

Chile y la “cantera” empresarial

Aunque se presenta como un equipo técnico, el pegamento que une a estas piezas es el conservadurismo. La mayoría de los independientes, provenientes del mundo empresarial y académico, comparten una visión de la sociedad alineada con la tradición de Jaime Guzmán, el exsenador chileno y mano derecha política de Augusto Pinochet, redactor de la Constitución de 1980.

La procedencia de los ministros confirma que la cantera del nuevo gobierno no está en los partidos, sino en los directorios y los centros de estudio. El caso más emblemático es el de Francisco Pérez Mackenna en Cancillería. Hombre fuerte del grupo Luksic, su llegada a Relaciones Exteriores marca un giro hacia una diplomacia comercial pura, centrada en la inversión y el estrechamiento de lazos con Estados Unidos.

A él se suman figuras como Jorge Quiroz en Hacienda y Fernando Barros en Defensa, consolidando la visión de un Estado acotado donde el privado es el protagonista.

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José Antonio Kast posa junto al gabinete elegido durante la presentación.

Economía y conflictos de interés

En el área de Hacienda fue designado Jorge Quiroz, titular de una consultora que elaboró informes favorables a las empresas involucradas en el escándalo de la colusión del mercado del pollo, que rozó a la empresa familiar de cecinas del próximo presidente.

Una de las decisiones más comentadas es la designación de Daniel Mas como biministro de Economía y Minería, economista con una extensa trayectoria en el sector privado, exvicepresidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC). Su perfil, estrechamente vinculado al empresariado y a las principales cámaras sectoriales, con participación activa en el diseño de propuestas económicas orientadas al mercado, merece un capítulo aparte por su historia.

Las líneas rojas: derechos humanos y genero

Si la tecnocracia domina la economía, el dogma impera en lo social y lo institucional. Kast ha cruzado líneas que sus predecesores de derecha evitaron, especialmente en lo referente a la memoria histórica y los derechos humanos. El nombramiento de dos abogados que participaron en la defensa de Augusto PinochetFernando Barros en Defensa y Fernando Rabat en Justicia— ha encendido las alarmas en las agrupaciones de familiares de víctimas, que temen un retroceso en materia de indultos. Rabat, antiguo socio de Pablo Rodríguez Grez, representa una conexión directa con el pasado más duro del pinochetismo.

En paralelo, la designación de Judith Marín en el Ministerio de la Mujer es interpretada como una declaración de guerra cultural. De 30 años, evangélica y contraria a la ley de aborto, su figura desafía los consensos alcanzados en la última década. Las similitudes con el proceso libertario argentino abruman.

El dilema de la gobernabilidad

Consciente de su propia falta de vocación negociadora, Kast ha delegado la conducción política en la “vieja guardia” de la derecha tradicional. Claudio Alvarado (UDI) en Interior y José García Ruminot (RN) en la Secretaría General de la Presidencia tendrán la tarea de articular mayorías en un Congreso que, después de las elecciones, quedó con un grado de atomización inédito en la democracia chilena. Sin embargo, la mayor amenaza para la estabilidad del Ejecutivo podría no venir de la izquierda, sino de su propio flanco.

El Partido Nacional Libertario, liderado por Johannes Kaiser, ha rechazado integrarse al gobierno, optando por una posición de “oposición amistosa”. Con una bancada que puede ser decisiva, los libertarios prometen ser una piedra en el zapato, emulando la estrategia que el propio Partido Republicano utilizó contra Piñera.

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