Días atrás, el Observatorio Mumalá reveló que durante el segundo semestre del año se registraron 128 femicidios. Esto significa que una mujer fue asesinada cada 34 horas. En la provincia de Mendoza, ya hubo seis femicidios en lo que va del 2025.
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Un informe reveló que el 10% de los femicidios fue cometido por oficiales de seguridad
Un 32% de los crímenes fue cometido con arma blanca y un 21% con arma de fuego. La palabra de Luisina Blanco frente a estos números. Dos casos conmocionaron a Mendoza.
Además del 10% vinculado a las fuerzas, el informe indica que un 32% de los crímenes se cometieron con arma blanca y un 21% con arma de fuego. En diálogo con Sitio Andino, Luisina Blanco, coordinadora del Observatorio Mumalá Mendoza, profundizó sobre el preocupante fenómeno de femicidas que integran organismos armados. Además, recordó dos casos que conmovieron a Mendoza.
“Nosotras creemos que estos femicidios en manos de las fuerzas de seguridad, tienen que ver con los grados de violencia que tiene la fuerza en general”, afirmó Blanco. También sostuvo que “los espacios donde transitan son altamente masculinizados y con un fuerte rol de subordinación a las mujeres y una fuerte raigambre machista de quienes la integran".
Femicidios en manos de oficiales: un dato que preocupa
Si bien, en Mendoza desde el 2022 existe un protocolo dirigido a las mujeres parejas de oficiales de las fuerzas de seguridad. Si una mujer realiza una denuncia dentro del Ministerio de Seguridad, el hombre tiene la posibilidad de continuar en la fuerza pero el arma solo la usaría dentro de su servicio. Cabe recordar que los oficiales cobran un adicional en su sueldo por la portación de arma reglamentaria.
“Al existir una denuncia por violencia de género, se les retira el arma de manera inmediata. Entonces, frente a esto, este factor económico, muchas veces, condiciona a la hora de realizar denuncias”, manifestó Blanco a este medio.
Blanco también alertó sobre otra dinámica que se repite. Los oficiales acusados de estos crímenes "manipulan los cuerpos de una manera tan significativa, que en muchas ocasiones les permite tratar de invisibilizar los indicios ligados a una muerte violenta”, detalló.
Dos casos que conmocionaron a Mendoza
El 25 de noviembre del 2022, Valería Ramírez de 26 años ingresó con una herida de bala al hospital Central, donde horas después, murió. El acusado fue un policía, Franco Nicolás Cuello, quien era pareja de la víctima y en la actualidad cumple prisión preventiva.
El hecho ocurrió en el barrio La Gloria de Godoy Cruz, pero el acusado culpó a su hijo de 4 años de haber matado a su madre. Cuello señaló que estaba limpiando su arma y cuando se levantó para ir al baño, el niño la tomó y disparó sin intención.
Además, el imputado agregó que él le prestaba al menor el arma reglamentaria, chaleco y demás objetos de la fuerza. Sin embargo, cuando la prueba de parafina confirmó que Cuello había disparado un arma, admitió que fue él quien accionó la pistola, aunque aclaró que lo hizo “sin querer”.
“Fue una suerte de complicidad y cobardía limpiar el auto, sacar todos aquellos indicios ligados a la situación de femicidio, un femicidio extremadamente violento”, señaló Luisina frente al caso que fue resonante dentro de Mendoza.
Otro hecho conmocionó a Mendoza: el suicidio de una mujer oficial en San Martín, pareja de un subcomisario de alto rango, Fabián Eduardo Herrera Lizuñoga. Aunque declaró estar dormido cuando sucedió, fue detenido por posible instigación al suicidio.
Desde Mumalá consideraron este caso como un “suicidio feminicida”, ya que la víctima había denunciado violencia. “Fue tal presión que recibió esta mujer que entendía que la manera de poder finalizar su vida era autoinfligirse su propia muerte para evitar la continuidad de la violencia”, indicó el observatorio.
En cuanto a la situación actual, Blanco subrayó: “Es necesario que se conozca que hay protocolo específico, es necesario que todos los agentes de la fuerza tengan capacitaciones en la Ley Micaela”.
“La violencia de género es un proceso muy complejo y muy difícil de transitar y no todas las mujeres podemos de la misma manera. No tiene que ver con una cuestión de clase, sino que nos atraviesa a todas por igual”, concluyó.