22 de marzo de 2026
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Opinión

Inflación: la continuidad de la aspirina para el cáncer

La inflación sumó 21% en los últimos 3 meses y el Ejecutivo sigue apostando al dialogo y pensando solo las reservas, un tratamiento que no dio resultado alguno.

Por Marcelo López Álvarez

Finalmente la inflación de septiembre marcó 6.2, el segundo mes de descenso consecutivo (importante respecto a julio) pero en un nivel altísimo y aún inaceptable para el funcionamiento de la economía (21 puntos en tres meses).

A pesar de la persistencia del fenómeno, impulsado una vez más por los alimentos, el Gobierno parece insistir en el tratamiento del cáncer con aspirinas y convocó para este lunes (por milésima vez) a la Secretaría de Comercio a las empresas líderes y concentradas de producción de alimentos.

Las convocatorias al diálogo y acuerdos han demostrado una ineficiencia notable en los casi tres años de gestión, las mismas empresas convocadas para mañana ni siquiera cumplieron el decreto de congelamiento de precios de los alimentos más básicos en plena pandemia a pesar de que en ese periodo recibieron transferencias de fondos multimillonarias por parte del Estado para entre otras cosas el pago de los sueldos de sus empleados.

Si bien ese “congelamiento” sirvió para que, por lo menos, esos productos no superan el promedio de la inflación general ese 2020 que nunca olvidará la humanidad.

Sin embargo 2021 y lo que va del 2022 el desmadre de los precios de alimentos y productos de primera necesidad son el común denominador a pesar de las mesas de diálogo y consenso. Septiembre no fue la excepción con 6.7 de aumento fue el rubro de mayor incidencia en 6.2 del IPC.

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La inflación de septiembre fue impulsada principalmente por el precio de los alimentos

La inflación de septiembre fue impulsada principalmente por el precio de los alimentos

Los meses pasan y el equipo económico parece concentrado solamente en garantizar un nivel de reservas del BCRA que den lo que ellos llaman previsibilidad al tipo de cambio, sin embargo todas las medidas que se toman para controlar los dólares que entran al BCRA no solo que no cortan del todo la sangría sino que además incrementan la brecha cambiaria con la disparada de los tipos de cambio bursátiles y el famoso blue. Situaciones que se saben netamente inflacionarias y que no se diferencian significativamente de la ida que tenía Martín Guzmán lo que ratifica que no es cuestión de nombres sino de políticas.

Precisamente el viernes advertimos en Radio Andina de la discusión en el seno del oficialismo por cuáles son los caminos a tomar para atacar los tres o cuatro frentes que son necesarios encuadrar para tener relativo éxito en la estabilización real de la economía y no solo de las reservas o la macroeconomía que ya comienza a desacomodarse nuevamente por el caos de la micro.

Tarifas, tipo de cambio, tasas de interés y salarios son los desafíos que atados a la inflación el Ejecutivo tendría la necesidad urgente de atacar, sin embargo pasan los meses y no se ven acciones en ese sentido.

Los rumores interminables del plan de estabilización, promovidos incluso por declaraciones públicas de miembros del equipo económico, no sólo no encuentran precisiones sino que parece no haber acuerdo de cuál es el camino para encarar ese plan en un momento además delicado desde lo político ya que el Gobierno entra en su último año de gestión y llega al ciclo electoral con un único argumento; “a nosotros no nos fue bien, pero los otros son peores”. Muy poco para tener el suficiente músculo político para poner en caja a los factores concentrados que, como contamos en este espacio el viernes, siguen acumulando ganancias incomparables con cualquier economía del orbe.

La confesión de debilidad del ex ministro Juan Zabaleta de que los elaboradores no le vendían alimentos al Estado porque preferían exportar todo maximizando sus ganancias es la foto perfecta de la debilidad política.

El reciente Coloquio de IDEA es otra muestra que ese sector de la economía argentina a pesar del slogan de la convocatoria no está dispuesto a ceder nada en la puja distributiva de la economía argentina.

La dinámica inflacionaria cobró vida propia a partir de las famosas expectativas que además son alimentadas por varios sectores a lo que se suma el componente mundial que hace difícil, aún más, morigerar la inercia local.

La solución tiene que venir de la mano de la política y allí es dónde renace un nuevo conflicto que ya no es entre kirchneristas, masistas y albertistas sino entre la rama ortodoxa en la cual parece venirse apoyando el Ministro y los heterodoxos que proponen caminos alternativos. Sin embargo unos y otros están encorsetados en la herencia recibida que tiene nombre y apellido Fondo Monetario Internacional y que en este contexto nacional e internacional parece imposible de descartar o poner en crisis.

El oficialismo deberá poner en juego toda su imaginación y toda su poca o mucha capacidad de acción política que le queda para encarrilar una economía a la que no le queda mucho margen.

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