domingo 25 sep 2022
Opinión

Dos hermanos, la Patagonia y las Empresas Familiares  

"La Patagonia blanca" de Germán Sopeña cuenta la historia de los hermanos José y Hugo Lively llegados de Inglaterra en el siglo XIX.

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Por Eduardo Press 24 de julio de 2022 - 08:09

La historia de los primitivos pobladores es de raíces novelescas como tantas en la Patagonia. Así comienza uno de los relatos del libro “La Patagonia blanca” de Germán Sopeña.

Cuenta la historia de los hermanos José y Hugo Lively, quienes recién llegados de Inglaterra a fines del siglo XIX se afincaron en lo profundo del sur, exactamente a orillas del Lago San Martín

Siendo por muchos años los únicos habitantes de la zona.

Los hermanos iniciaron un emprendimiento de campo creando la estancia La Elena, luego La Maipú (existente al día de hoy), con una casa para cada hermano.

La vida rural prosperó bien, crecieron los planteles de ovejas pese a la lucha con los pumas, y las lejanas distancias hasta el Atlántico no eran obstáculo para que los dos hermanos se consolidaran como excelentes productores cordilleranos en el rincón más remoto del país.

Cuando estalla la Primera Guerra Mundial, José se siente obligado a volver a Inglaterra para cumplir con la obligación moral de defender a su patria y deja todo a cargo de su hermano.

Cinco afios después, herido pero a salvo y con la conciencia en orden, retorna para instalarse nuevamente en su casa como si nada hubiera pasado.

Pero cuando llega, se entera de una novedad que cambiará la vida que pensaba reanudar: en esos años, la provincia de Santa Cruz (entonces todavía territorio de administración nacional) había resuelto legalizar todas las situaciones de propiedad de hecho y había otorgado títulos de propiedad a los pobladores residentes.

Ausente José Lively, por estar en la guerra, su hermano Hugo fue reconocido como único propietario de la inmensa extensión cordillerana, cercana a las 40.000 hectáreas.

A pesar de todas las explicaciones Jose se siente traicionado en su buena fe por su propio hermano. Giró sobre sus pasos sin decir una palabra y se retiró a la casa que había construido con sus propias manos, a dos kilómetros de la de su hermano, para no verlo nunca más en su vida. En medio de la soledad patagónica, dos hermanos nacidos a miles de kilómetros de allí, vivirían cerca pero aislados hasta el fin de sus prolongadas vidas.

Los vínculos en las empresas familiares.

Este relato describe de una forma dramática una experiencia de vínculo entre hermanos copropietarios.

Los hermanos son uno de los vínculos en las empresas familiares, encontramos además los cónyuges, los padres y los hijos, Tíos, primos, cuñados. En estos tiempos con mayor expectativa de vida debemos incluir a los abuelos que tienen que lidiar con hijos y nietos.

Fundamentalmente esos vínculos se sostienen en los afectos construidos durante años, se expresan en cualquier momento y de las formas más variadas.

En general cuando se habla de las emociones en las empresas familiares se mencionan los que podríamos llamar emociones negativas, son las emociones que generan malos climas, que alejan a las personas:

Es común encontrar en artículos y libros dedicados a las empresas familiares recomendaciones referidas a separar las emociones de los negocios. Interesante objetivo.

Creemos que es importante disponer de la capacidad de “gestionar” las emociones para que interfieran lo menos posible pero ¿“eliminarlas”? ¿Acaso es posible escindir a las personas? Es como si a alguien se le ocurriese decir “eliminemos” el metabolismo porque a veces molesta.

Es cierto, muchas veces las emociones en una empresa familiar molestan y llevan a actitudes no deseadas. Nada que no se pueda resolver adecuadamente.

Las emociones

Las emociones son universales. Muy esquemáticamente podríamos describir emociones “negativas” en el sentido que generan conflictos entre las personas o con uno mismo, malos climas, dificultades para conversar, tomar decisiones y resolver problemas, entorpecen la gestión: rivalidad, competencia, celos, rabias, rencores.

Y emociones “positivas” que generan buenas relaciones y climas, que facilita el tratamiento de problemas y su resolución, permite el progreso de la empresa: amor, ternura, cariño, solidaridad, historia compartida, respeto.

¿Qué sucede de acuerdo a nuestra experiencia? Que la vida se desarrolla en un permanente devenir entre unas y otras, las emociones “negativas” actúan como fuerzas centrífugas que alejan a los miembros de la familia pero, más temprano que tarde, aparecen las emociones “positivas” que actúan como fuerzas centrípetas que mantienen la unión y cohesión de la familia.

Recomendaciones

No asustarse. Si bien existen historias como las de la Patagonia, la mayoría de las veces “nada es para siempre”.

No asustarse de las emociones “negativas” y no creer que ya se resolvió todo y para siempre con las emociones “positivas”

Sabemos que hay un equilibrio. Las emociones negativas son más ruidosas y escandalosas que las positivas pero casi nunca en mayor cantidad.

Sí tenemos que estar atentos cuando las emociones “negativas” se instalan como una constanta y constituye la cultura de la familia.

En ese caso se impone trabajar sobre la gestión de las emociones, de encontrarse en un gran nivel de dificultad se puede hacer una consulta. Por ejemplo, desde nuestro lugar trabajamos las emociones de todos los involucrados y generamos un espacio apto para su gestión.

Amigo lector: ¿En tu empresa la expresión de las emociones te asustan o son aceptadas como parte de la vida?

*En colaboración con la Lic. Sofía Florín, especialistas en Psicología Organizacional, Emprendedores y Empresas Familiares.

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