miércoles 28 sep 2022
Opinión

Alimentos: Producir para todos y superar conflictos

El conflicto de precios y producción de alimentos supera las coyunturas. Un trabajo evalúa necesidades y propone el uso de tierras productivas no utilizadas

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Por Marcelo López Álvarez 7 de agosto de 2022 - 07:45

Con la llegada de Sergio Massa la política pareció retomar el control de la economía, viejo precepto de los gobiernos del signo del actual que este parecía haber abandonado para entregarse a los conceptos de los periodos de otro signo donde la Economía toma el control de la política. El nuevo status tiene batallas claves en la coyuntura y a largo plazo como lo es la producción de alimentos y el desanclaje de los precios internos de los valores de los mercados internacionales.

Si es suficiente la impronta que desde el primer día de su gestión Massa parece querer darle al nuevo ministerio se verá a medida que avancen los días y las acciones. La economía en nuestros días ( no solo aquí sino en el Mundo) necesita más que nunca del control y la acción de la política sobre ella que también actúa y se entromete en la política vía los famosos mercados y los factores de poder concentrado que, enmascarados en acciones supuestamente económicas, juegan su partido.

La articulación de las necesidades de una sociedad y de los intereses enfrentados de los actores que conviven en estas necesitan indefectiblemente de la política como articulador de esos objetivos disímiles y confrontativos.

Pero más allá de las medidas y decisiones que se tomen en el corto plazo para acomodar las urgencias de la Argentina y los argentinos en estos meses que están manos del nuevo equipo económico y su acompañamiento político del oficialismo la construcción del país y un futuro que salte para siempre los estigmas permanentes como la restricción externa o los conflictos por el precio y distribución de los alimentos en una economía netamente exportadora de proteínas requiere, que aunque se de a ratos, las autoridades de turno piensen políticas a largo plazo. Uno de esos ejemplos es la construcción del ya famoso gasoducto. Es una obra que se encaró hace mucho, se frenó por cuestiones solamente vinculadas a decisiones políticas de modelo de país, y ahora se retoma en medio de la fenomenal crisis que se desata precisamente por haber discontinuado la obra.

Son esas obras que no se ven, que hasta quizás aporten muy poco electoralmente, pero que vienen a transformar la vida de los ciudadanos.

En una coyuntura como la de estos días de haber tenido el gasoducto concluido por el gobierno anterior en vez de pararlo, no solamente hubiera significado el ahorro de miles de millones de dólares en importación de energía sino que habría permitido probablemente exportar el gas que hoy importamos.

Los alimentos no solo su precio atado a los valores internacionales -que disparan los precios internos- sino también su concentración, producción y distribución es otro de los problemas para los cuales la Argentina debe encontrar soluciones que destraben la tensión permanente entre exportaciones y mercado internos que repercute fuertemente en sus ciudadanos.

El pensar en políticas de largo plazo es imprescindible para construir un futuro. Hace algunos días los investigadores Igal Kejsefman y Facundo Pesce publicaron un interesantísimo trabajo en el sitio del siempre imprescindible Centro de Estudios para la Producción (CEP XXI) dependiente del ex Ministerio de la Producción (ahora absorbido por el Ministerio de Economía).

El trabajo es extenso (129 páginas) y de una profundidad en el diagnóstico que arroja datos realmente preocupantes pero a la vez propone el camino de resolución de la problemática a mediano y largo plazo en busca de cumplir objetivos políticos básicos e indispensables. Mejorar la alimentación de la gran mayoría de la población y desanclar los valores del mercado interno del externo.

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Con apenas el 9 por ciento de las tierras productivas hoy no cultivadas se podría cubrir la demanda de alimentos para que el 100 por ciento de la población se alimente en forma igualitaria

Con apenas el 9 por ciento de las tierras productivas hoy no cultivadas se podría cubrir la demanda de alimentos para que el 100 por ciento de la población se alimente en forma igualitaria

Uno de los primeros factores determinantes es la diferencia en la calidad de la alimentación. Así el informe por ejemplo se pregunta ¿cuánta tierra (factor de gran extensión en nuestro país) se necesita para que el 90% de la población de menores ingresos se pueda alimentar como el 10% de mayores ingresos?

No es novedad que los alimentos no procesados son fundamentales para acceder a una dieta equilibrada y saludable y destaca como ejemplo de la desigualdad que el 50% más pobre o de menores ingresos de nuestra sociedad consume poco más del 30% de la fruta.

Para realizar el trabajo se tomó una canasta de 50 artículos de producción agropecuaria según datos de la Encuesta de Gastos de los Hogares 2017-2018 y a partir de allí para calcular la cantidad de producto necesario para proveer al 90% de la población con menores ingresos.

Luego esos datos se cruzaron con la cantidad y disponibilidad de tierras aptas para el cultivo según el Censo Nacional Agropecuario del mismo año comprobandose que el mayor porcentaje de tierras aptas para cultivo inutilizadas se encuentra en nuestra región y en el Noroeste en tanto que a nivel país se encuentran disponibles más de dos millones de hectáreas para la producción de alimentos.

Además los investigadores trabajaron el qué cultivar y producir en cada región. Teniendo en cuenta los rindes por hectárea la producción de hortalizas debería concentrarse en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, mientras que las frutas en las regiones del Noreste, Cuyo y Patagonia.

Después del desarrollo y entrecruzamiento de las variables se concluye que poniendo a producir con planificación y políticas integradas apenas entre el 7% y 9% de las tierras cultivables no utilizadas del país se pueden producir los alimentos básicos necesarios para que toda la población se alimente como el 10% más rico, sin afectar las exportaciones.

Los datos son concluyentes de cómo se puede a mediano plazo mejorar ostensiblemente la alimentación de todos los argentinos y de cómo con políticas activas se pueden desvincular los precios internos de los alimentos de los internacionales con ideas superadoras a las siempre conflictivas retenciones.

La misma política de utilización y promoción de tierras cultivables no utilizadas se podría usar (como más de una vez sugirió el Ingeniero Enrique Martinez Coordinador del Instituto para la Producción Popular y ex director del INTI) para producir por, ejemplo, trigo y maíz destinado exclusivamente al mercado interno lo que sacaría de la órbita de tensión también a otro grupo importante de alimentos.

Las políticas de mediano y largo plazo pasan a ser fundamentales si Argentina quiere terminar de una vez por todas con los factores que la transforman en un hámster corriendo toda la vida sobre la ruedita. Aquí entran en discusión medidas de largo plazo como ya sugerida empresa nacional de alimentos o el uso inteligente de los derechos de exportación que podrían incluso reducirse para fomentar y sostener productores y elaboradores que solo produzcan para el mercado interno bajo un formato dónde por ejemplo si deciden exportar pierden todos los beneficios por producir para el mercado interno.

Pero además un programa inteligente no solo sería virtuoso en generar mejoras en la calidad de vida y alimentación sino que ese aumento de la producción generaría empleo y mayor recaudación impositiva generando un círculo virtuoso de crecimiento y no uno vicioso como con el que convivimos.

¿ Es más fácil pensarlo y escribirlo ? Seguramente, pero eso es la política aceptar desafíos que para llevarlos a cabo se deba ser disruptivo y confrontar con intereses preestablecidos.

Este Ejecutivo y el que venga no tiene demasiadas alternativas que batallar con la coyuntura y a la vez pensar en cómo alterar positivamente el estado de las cosas para que el Estado deje de ser dependiente de intereses particulares y dedicarse al interés general.

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