Hay hombres y mujeres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles" (Bertolt Brecht).
Hay hombres y mujeres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles" (Bertolt Brecht).
José Pons nació el 16 de abril de 1921 en la Ciudad de Mendoza, en una casa ubicada en Avenida San Martín y Corrientes, plena Alameda céntrica.
Hijo de José Pons, un valenciano escultor marmolero y de Isabel Gómez, una andaluza ama de casa, fue hermano de Isabel y Carmen. Por algunos años, los Pons se instalaron en San Juan y allí el pequeño José asistió a la escuela pública Domingo Faustino Sarmiento, donde dejó amistades para toda la vida.
En 1932, la abuela paterna de los Pons -que se había mudado a Argelia francesa- llamó a su hijo para que viajaran hacia allí ya que había mucho trabajo y, sin pensarlo mucho, la familia entera emprendió ese viaje.
José llegó a los 11 años sin hablar una palabra de francés y dos años después obtuvo el Certificado de Estudios que ahora vendría a ser el bachillerato. A los 13 años empezó a trabajar, un poco de todo. Dibujaba como un profesional y pronto su talento lo llevó a ser decorador y hasta arquitecto. Llegó a ser el arquitecto decorador más importante de Argelia. Se casó con una francesa de Argelia, tuvo dos hijos (Jean Patrick y Philippe); pero el matrimonio andaba mal y llegó el divorcio.

En 1960 aparece en acción el gran amor del mendocino: Jacqueline. El padre de ella fue nombrado súper prefecto de Argelia. Jacqueline, con 19 años, comenzó a trabajar como azafata en Air Algerie. En 1960, en un vuelo Argel-Oran, pasó un flechazo entre el pasajero y la azafata. José se tuvo que irse de Argelia por la independencia y los dos empezaron a convivir en París. Al poco tiempo, Jean Patrick se instaló junto a la nueva familia y llegó el primer hijo de la pareja: Fred. Al año siguiente llegó Philippe, quien fue padrino de la nueva integrante de la casa: Isabelle.
José trabajó como arquitecto decorador para sus clientes argelinos de vuelta en Francia, pero también para el ex presidente Francois Mitterand, para Aerolíneas Argentinas y Varig en los Campos Elíseos.
Pero José Pons quedó atrapado por los acordes que traían a la capital francesa tantos músicos y artistas argentinos, precisamente a partir de aquellos años con el gran auge que tuvo el folclore latinoamericano en París, y a partir de entonces dedicó a ellos su vida.

Ástor Piazzolla y José Pons.
Durante años, Pepe y Jacqueline recibieron en su hogar, apoyaron, impulsaron y defendieron a los artistas argentinos que pasaban por la capital francesa o que allí se instalaban para comenzar una nueva carrera, principalmente los hombres y las mujeres del tango. Julio Cortázar, Astor Piazzolla, Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, Ariel Ramírez, Jairo, Susana Rinaldi, el Sexteto Mayor y cientos de más fueron huéspedes del departamento de los Pons en la calle Descartes, en pleno barrio Latino.

Uno de los más íntimos de la familia fue Piazzolla y así lo describe en diferentes anécdotas el mismísimo Pons, tal como está publicado en esa suerte de singulares memorias que resulta el volumen "Aventuras y triunfos de argentinos en París", editado por Corregidor hace varios años.
José Pons también fue representante en Francia de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (Sadaic), lo que permitió que muchos artistas pudieran cobrar sus regalías. También ofició de fotógrafo y varias tapas de discos de reconocidos artistas argentinos tienen sus imágenes.
En 2001 José tuvo un ACV y el 27 de julio de 2004 falleció cuidado amorosamente por toda su familia.
El mendocino fue un verdadero embajador de la cultura.
