Fallo ejemplar: La Justicia ordena la restitución de un puesto laboral
METROVÍAS debe reincorporar a un trabajador despedido. Se desempeñaba en el sector de administración y fue castigado por sindicalizarse. Ahora la Justicia le dio la razón. Los metrodelegados en alerta por la actitud de la empresa.
Ariel Crivelle entra al sindicato del Subte en la calle Carlos Calvo con una sonrisa de oreja a oreja. Hay reunión de delegados y todos lo saludan. Cuando le preguntan cómo está, responde diez puntos, feliz. No es para menos. Después de dos años de juicio tras haber sido despedido de su puesto administrativo, sin justificación, por Metrovías S.A., el Juzgado Nacional de Trabajo Nº 70 falló a su favor y la empresa debe reincorporarlo. En una entrevista exclusiva con Veintitrés y con el fallo en la mano, es la primera vez en veinte años que la empresa concesionaria del subte debe volver a incorporar a un trabajador fuera de convenio y que responde a la casa central, una situación inédita para los hermanos Roggio.
Según explicó Crivelle a esta revista, Metrovías me echó porque para ellos la sindicalización de la gente de administración es un tema tabú. La casa central es el lugar donde guardan toda la mugre debajo de la alfombra, todas las cosas que hace mal y los actos delictivos en los que incurre la empresa están a mano de los que trabajamos en administración. Toda la información que quieren ocultar está ahí adentro.
La historia se remonta a 2011. Hacía ya trece años que Ariel Crivelle había ingresado a la parte de administración de Metrovías en donde trabajan 400 empleados. Primero realizó tareas como cadete y luego pasó al sector de Comercio Exterior, donde hacía licitaciones, pedía cotizaciones y realizaba las gestiones para comprar materiales del exterior. Él era muy valorado en la empresa, y eso se reflejaba en las permanentes capacitaciones y hasta la beca parcial que le brindó la empresa para estudiar comercio exterior en la universidad.
La situación del sector de administración es diferente de todo el resto de los trabajadores por un único y claro motivo: no están sindicalizados y, por lo tanto, están fuera de convenio. Es decir, el sueldo lo arregla cada uno por separado y con su respectivo jefe. No entran en convenios colectivos, no tienen paritarias, incluso beneficios como antigüedad no estaban contemplados.
Después de una década en la empresa, Crivelle había logrado un muy buen sueldo. Es más, estaba gestionando un ascenso. Sin embargo, hacía ya un tiempo que venía empujando a sus compañeros a un proceso de concientización. Él entendía que ya era hora de que los 400 trabajadores de la parte de administración comprendieran la importancia de estar afiliados a un sindicato y participar del convenio colectivo, algo que fue cortado de cuajo con las privatizaciones durante la década neoliberal. Ariel sabía que corría un riesgo, pero nunca se imaginó tamaña consecuencia.
Comenzó a tener reuniones en el sindicato de los metrodelegados y empezó a volantear en la puerta de la empresa para levantar el avispero. Finalmente en 2011 tomó la decisión y se afilió, en soledad.
Exactamente un mes después, un viernes a las seis menos cinco de la tarde, lo citaron en una oficina y le comunicaron la decisión de la empresa de echarlo. Los motivos: Decisión de la empresa y reestructuración del personal. Sin embargo, la supuesta reestructuración se acotaba únicamente hacia su persona, el único despedido en su sector en los veinte años de concesión de Metrovías.
Automáticamente fue a contarles a sus compañeros. Muchos de ellos se pusieron a llorar, incluso su jefe directo, que lo abrazó y le juró que no sabía de aquella decisión. A partir de ese momento empezó el calvario para Ariel Crivelle. Durante un año estuvo sin trabajo e incluso sin cobrar la indemnización porque decidió comenzar el juicio. En el medio, sospecha que le pincharon el teléfono y que muchos de sus compañeros que saldrían de testigos decidieron no hacerlo, intuye, amenazados por la empresa. Es más, al único de sus compañeros que decidió ofrecer testimonio lo removieron de su puesto y terminó renunciando. Nada fue gratis.
Sin embargo, el alivio llegó el último 15 de noviembre, cuando la jueza Graciela Carambia, del Juzgado Nacional del Trabajo Nº 70, en el expediente 460044/11, analizó: A la luz de este análisis concluyo que el despido incausado del actor respondió, efectivamente, a sus reclamos y a su actuar en nombre propio y en el de sus compañeros de sector, tendientes a que se los incluyera en el convenio colectivo de empresa y se respetaran así todos sus derechos convencionales y salariales, cesando las decisiones discrecionales de la demanda respecto de todos ellos. Por ende, no cabe si no considerar discriminatorio el despido del reclamante. Además de un resarcimiento económico por parte de la empresa por el monto de 404.126,34 pesos, la jueza sostiene que Metrovías debe reincorporar a Ariel Adolfo Crivelle a su puesto de trabajo.
En estos días se vence el plazo para las apelaciones. Ambas partes lo harán, aunque Metrovías seguramente sea reticente a reincorporar a Crivelle. En ese caso, desde la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGSYP), que conduce Roberto Pianelli, no descartan medidas de fuerza incluso un paro si la empresa no reincorpora a su compañero.
En tanto, Ariel está entusiasmado con volver a trabajar. Volver al trabajo es lo que yo más deseaba. Es una alegría enorme porque la reincorporación no pasa sólo por mí, sino que abre la puerta para que todos puedan sentirse más libres y puedan empezar a iniciar el proceso de sindicalización y entrar al convenio, algo que parecía tan imposible hace años, concluye. El camino recién comienza, pero también sabe que esta vez no se encuentra solo. Y que el fallo no lo beneficia exclusivamente a él, sino a sus compañeros, que aún trabajan en condiciones laborales precarizadas.