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Turismo

Turismo en Argentina: por qué aporta solo 1,7% del PBI y mantiene déficit récord

El turismo en Argentina aporta solo 1,7% del PBI y enfrenta un déficit récord. Claves estructurales que explican su bajo desarrollo y salida de dólares.

Por Marcelo López Álvarez

Argentina dispone de una oferta natural y cultural de primer orden: la Quebrada de Humahuaca, las Cataratas del Iguazú, los lagos patagónicos, la Patagonia austral, el Aconcagua y el enoturismo mendocino. Sin embargo, el turismo apenas representa el 1,7% del producto interno bruto, según datos correspondientes de la Organización Mundial del Turismo. Ese porcentaje ubica al país en el puesto 110 entre 125 naciones, muy por detrás de economías comparables como Portugal (9,1%), Vietnam (9,2%) o Italia (5,7%).

El contraste no obedece a una sola causa, sino a una combinación de factores geográficos, económicos y estructurales que limitan tanto el ingreso de turistas extranjeros como la demanda interna. Así lo analiza el último informe de FundAr, que se pregunta y analiza: ¿Cómo evolucionó el turismo en Argentina?

Lejanía, costos y una oferta dispersa

El primer obstáculo es la distancia geográfica. Argentina se encuentra alejada de los principales mercados emisores de turismo (Europa occidental y América del Norte), lo que encarece sensiblemente el viaje para quienes provienen de países de altos ingresos. A diferencia de Croacia o Grecia, que se benefician de su proximidad a millones de europeos con capacidad de gasto, Argentina no cuenta con vecindad geográfica estratégica. Sus países limítrofes pertenecen, en su mayoría, al segmento de ingresos medios, donde solo una fracción de la población puede costear viajes internacionales.

A eso se suma la fragmentación del territorio turístico argentino. Los destinos más convocantes (Buenos Aires, Mendoza, Bariloche, El Calafate, Puerto Iguazú, Ushuaia) están separados por grandes distancias. Trasladarse entre ellos requiere, en muchos casos, varios vuelos y escalas obligatorias en la capital, lo que eleva el costo total del itinerario y desincentiva los recorridos múltiples.

Durante buena parte de los últimos quince años, la apreciación cambiaria actuó como un factor adicional en contra del turismo receptivo: un peso caro en términos de dólares encareció los destinos argentinos y abarató los viajes al exterior para los residentes.

Buenos Aires primero, el interior después

La distribución de las visitas revela patrones muy distintos según el origen del turista. De acuerdo con la Encuesta de Ocupación Hotelera del INDEC y la Secretaría de Turismo, Buenos Aires concentra el 59,5% de las visitas de turistas no residentes. A considerable distancia aparecen Mendoza (6%), Bariloche (5,8%), El Calafate (4,7%), Puerto Iguazú (4,6%), Ushuaia (3,9%) y Salta (3%). Los diez principales destinos acumulan el 91% del turismo extranjero, una concentración elevada.

El turismo interno, en cambio, muestra una geografía más diversificada. Los diez destinos más visitados por residentes representan el 58% del total. Buenos Aires sigue en primer lugar, pero con menor peso (18,8%). Le siguen Mar del Plata (9,6%), Bariloche, Villa Carlos Paz, Salta y Mendoza. En este segmento predominan destinos de proximidad, como la Costa Atlántica o las sierras cordobesas, asociados a accesibilidad y traslado en vehículo particular.

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Buenos Aires esta en la cabeza de la elección como destino tanto del turismo interno como externo

Turismo: Adónde van los argentinos

El gasto turístico en el exterior sigue una lógica que combina cercanía con vínculos históricos y culturales. Según estimaciones del INDEC (2016-2024), Brasil lidera con el 18,2%, seguido por Estados Unidos (15%), Chile (10%), Paraguay (9,4%), Uruguay (8,9%) y España (6,4%). Seis países concentran cerca de dos tercios del gasto emisivo.

El ranking guarda correspondencia con los principales orígenes del turismo receptivo, evidenciando flujos bidireccionales. Es decir, los países que envían turistas a Argentina también son los que más argentinos reciben. La excepción son los destinos caribeños, que captan turistas argentinos pero no generan flujos relevantes hacia el país.

Una balanza turística estructuralmente deficitaria

La combinación de un turismo receptivo débil y un gasto emisivo sostenido configura una balanza de viajes deficitaria. Entre 1976 y 2025, Argentina registró déficit en 43 de 50 años. Los pocos períodos superavitarios coincidieron con devaluaciones abruptas del peso.

En 2017, el déficit alcanzó los 6.000 millones de dólares. La pandemia redujo transitoriamente la brecha, pero en 2024 volvió a ampliarse: las importaciones turísticas llegaron a 7.800 millones de dólares, frente a exportaciones de 5.000 millones. En 2025, el desequilibrio marcó un récord: 12.072 millones en importaciones contra 4.852 millones en exportaciones, con un déficit de 7.220 millones de dólares.

El resultado es una sangría persistente de divisas. Argentina gasta sistemáticamente más en el exterior de lo que logra captar. Este desequilibrio refleja tanto las preferencias de viaje como problemas estructurales: lejanía de los mercados, baja conectividad aérea y dificultades de competitividad internacional.

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