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Economía

La economía argentina en la trinchera de la geopolítica global

La volatilidad, el petróleo y el riesgo país vuelven a presionar a la economía argentina, mientras el Gobierno apuesta a exportaciones y grandes inversiones.

Por Marcelo López Álvarez

En un escenario internacional convulsionado por los conflictos bélicos, las tensiones diplomáticas y la volatilidad extrema, la economía argentina parece vivir permanentemente en la trinchera.

La geopolítica global y los súbitos movimientos en los mercados, sobre todo en los energéticos, imponen desafíos a un esquema económico que busca anclarse en inversiones estratégicas que no llegan y debe lidiar con la interminable postergación de su regreso a los mercados de crédito y una paralización y destrucción de su mercado interno.

La incertidumbre global y los mercados financieros

La incertidumbre mundial centrada en el valor del barril de petróleo, una variable crítica con poder para definir el rumbo de la inflación global, las tasas de interés y hasta el clima de las próximas elecciones en los Estados Unidos, se prolonga a los mercados financieros que atraviesan días no aptos para cardíacos.

En este escenario el dólar, los bonos del Tesoro norteamericano y el oro recuperaron su tradicional rol de refugio de valor internacional, provocando la inevitable devaluación de otras monedas y ajustes en el mercado de bonos globales.

La visión del Gobierno de un escenario incierto

Sin embargo el Gobierno argentino parece no tomar nota de la complejidad del momento o lo que es peor ver solo una cara de la moneda que está en el aire, la que muestra que el país podría verse marginalmente beneficiado por una mejora en los ingresos derivados de sus exportaciones, dado que los precios internacionales de la energía y los commodities, tal como le dijo el presidente Javier Milei al titular del Banco Central, “Preparate porque te van a salir los dólares por las orejas”.

El gobierno parece no tomar nota de la otra cara de la misma moneda, el riesgo de importar inflación a la economía local es latente.

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Javier Milei, aseguró que a la economía argentina le "saldrán dólares por las orejas" beneficiada por el conflicto global.

Combustibles e insumos productivos

El principal interrogante radica en cómo administrará el gobierno el impacto de este encarecimiento sobre los precios de los combustibles en el mercado interno o de insumos fundamentales para la producción agropecuaria como los fertilizantes, sobre todo después de que este mismo equipo libertario se desprendiera de Profertil, la división de fertilizantes de YPF.

Riesgo país y mercados esquivos

En lo financiero, el impacto de los vaivenes externos es ineludible y altera la hoja de ruta oficial a pesar de la intención de barrer las dificultades bajo la alfombra. El riesgo país, que recientemente había logrado quebrar la barrera de los 500 puntos, experimentó un rápido rebote hasta acercarse nuevamente a los 600 puntos básicos, lo que posterga la aspiración del gobierno de retornar a los mercados voluntarios de crédito internacional para refinanciar su deuda a plazos más largos, más allá de las declaraciones de Luis Caputo de que Argentina debe alejarse de Wall Street.

Las declaraciones de Caputo (conociendo su historia) suenan más a una necesidad que a una convicción. Con los mercados internacionales cerrados y con una pared de vencimientos en el horizonte de 2027, la estrategia gubernamental parece reorientarse hacia el mercado local mediante la colocación de bonos en dólares a corto plazo con todos los riesgos que ello implica como quedar a voluntad del humor de los mercados y expuestos a una especie de extorsión financiera permanente.

Una economía cada vez más dual

Mientras tanto, en la economía real se consolida una dualidad estructural. Las expectativas de inversión y el impulso promocional del gobierno en el exterior se concentran casi en su totalidad en los grandes proyectos apalancados por los Regímenes de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), abarcando sectores primarios como la minería, el petróleo, el gas y los nuevos desarrollos tecnológicos que son a largo plazo y escasos generadores de empleo.

La maduración de los desembolsos demanda tiempo y pero además los números están muy lejos de las grandilocuentes declaraciones del Gobierno, los compromisos de inversión aprobados hasta el momento rondan los 6.000 millones de dólares proyectados para los próximos dos años, evidenciando que la posible inyección de ese capital en la economía no será automática.

Aversión a la industria

En contraste, los sectores tradicionales de la industria argentina que dependen de la demanda del mercado doméstico o que operan sin las ventajas impositivas de los nuevos regímenes enfrentan un panorama adverso, condicionados por altos costos internos y una severa pérdida de rentabilidad.

En este contexto, la economía atraviesa un proceso que los analistas y el propio gobierno denominan “destrucción creativa”, aunque con un desfasaje preocupante: el ritmo de destrucción de la estructura productiva avanza a una velocidad mayor que la creación de nuevas oportunidades o el desarrollo de la industrialización de nuestros commodities para exportar valor agregado.

Incluso con la flexibilización introducida por la reciente reforma laboral, el país requiere de tasas de crecimiento sumamente elevadas para que la generación de empleo moderno logre compensar la caída de los puestos tradicionales.

La estabilidad económica de la Argentina vuelve a quedar entrelazada con los caprichos de la geopolítica, que se agrava si al comando del tablero están quienes descreen de la ciencia y apelan a los embrujos.

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