El mismo día que el hombre fuerte del Gobierno en materia de relación con el mundo de las tecnologías y la energía nuclear, Demián Reidel, anunciaba un difuso acuerdo con una empresa canadiense, un informe del Instituto Argentina Grande y técnicos de la CNEA advirtió que la propuesta de venta del 44% de NASA avanza, mientras que recortes presupuestarios históricos erosionan el capital humano y paralizan proyectos nucleares clave.
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Energía Nuclear: tensión por la privatización, desguace y desinversión
Un informe alerta que la privatización y la desinversión amenazan la energía nuclear del país, debilitando capital humano y capacidad tecnológica.
Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NASA), la empresa estatal que opera las tres centrales nucleares del país, se encuentra en el centro de un debate estratégico que cuestiona el futuro de la política nuclear argentina. El reciente informe elaborado por el Instituto Argentina Grande (IAG) y la Asociación de Técnicos de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) advierte sobre un proceso de “desguace” en curso dentro del sistema nuclear nacional.
El gobierno de Javier Milei, bajo el marco de la Ley N° 27.742, impulsa la privatización parcial del 44% de NASA, una medida que, según los especialistas, no solo agravaría la desinversión, sino que significaría la pérdida de capacidad estatal para planificar e invertir en un sector considerado vital para la soberanía nacional.
La contradicción de la eficiencia
El trabajo detalla que para abordar la historia de NASA, es ineludible remontarse a la creación de la CNEA en 1950 y la política de Estado que consolidó a Argentina como una de las pocas naciones capaces de desarrollar reactores, procesar uranio y mantener control local sobre el ciclo de combustible. NASA, constituida en 1994 como sociedad anónima estatal para centralizar la operación de las centrales, gestiona Atucha I, Atucha II y Embalse. Estas tres plantas aportan entre el 7% y el 8% de la generación eléctrica nacional. En 2024, por ejemplo, NASA produjo 10.448 GWh, el 7,35% de la demanda eléctrica.
La justificación oficial para la venta parcial -supuestamente orientada a garantizar eficiencia operativa, diversificar riesgos y ampliar inversiones- choca con la realidad financiera de la empresa. NASA ha mantenido un superávit sostenido por más de siete años. Al 30 de junio de 2025, el superávit alcanzaba los 112.743 millones de pesos, lo que equivale al 27,7% de sus ingresos. En 2024 y 2023, los superávits fueron de 239.827 millones de pesos (33,2%) y 235.231 millones (62,1%), respectivamente. El informe es enfático al señalar que la empresa no opera con déficit, sino que ha financiado proyectos de inversión con aportes del Tesoro, lo que sugiere un marcado “componente ideológico” en el proceso de privatización.
El valor estratégico y la oferta de venta
El plan de privatización contempla la venta del 44% de las acciones mediante una licitación pública, manteniendo el Estado el 51% y el control accionario y un porcentaje de propiedad participada a los trabajadores. La valuación total de NASA se estima entre 560 y 1.000 millones de dólares, por lo que la porción ofrecida se valuaría entre 246 y 440 millones. El informe cuestiona el valor de la operación, señalando que esta suma es inferior a lo gastado por el Banco Central en intervención en el mercado preelectoral. Además, recuerda que NASA es el resultado de décadas de inversión pública y un activo estratégico cuyo rol garantiza la soberanía energética y la estabilidad del sistema eléctrico nacional.
Erosión del capital humano y tecnológico
El intento de privatización se inscribe en un contexto de fuerte desinversión en todo el sector nuclear que comenzó con el actual gobierno. La CNEA, pilar del desarrollo científico nacional, registra la caída real de presupuesto más baja desde 2010. Si el ritmo actual se mantiene, 2025 cerraría con una reducción del 43% en comparación con 2023.
Esta política ha afectado gravemente el capital humano: los trabajadores de la CNEA han sufrido una pérdida salarial del 35% en el poder adquisitivo real desde noviembre de 2023. Esta desvalorización se traduce en una fuga de personal técnico especializado, con la asociación de técnicos reportando cerca de 50 renuncias mensuales.
Energía Nuclear: Proyectos estratégicos paralizados
El reactor CAREM-25 una de las obras de energía nuclear paralizadas por el gobierno a pesar de su avance
La parálisis financiera alcanza a la infraestructura crítica, repitiendo un patrón histórico de ajustes y recortes. El proyecto CAREM-25, un reactor modular de diseño argentino, experimentó una caída del gasto del 50% en 2024, y para 2025 no ha recibido fondos, encontrándose “a todas luces paralizado”.
Dos proyectos fundamentales para el ciclo de combustible han sido comprometidos. La nueva planta de uranio de Dioxitek en Formosa, con un avance del 80% en diciembre de 2023, está ahora paralizada y reorientada: dejará de producir dióxido de uranio, un eslabón clave en la cadena de valor, para dedicarse a la producción de hexafluoruro destinado a enriquecedoras extranjeras. Esta decisión implica que Argentina regresará a un rol de proveedora de productos primarios.
Asimismo, la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) en Neuquén, fundamental para el funcionamiento de las centrales que usan uranio natural, no ha sido reactivada. La CNEA, a raíz del ajuste, acumula una deuda de $5.000 millones con la PIAP, lo que impide su operación, obliga a la importación del insumo e incumple la Ley 24.804.
El peligro de abandonar la gestión estatal
En conclusión, el informe enfatiza que la gestión estatal estratégica de NASA es social y económicamente más valiosa que cualquier ingreso puntual derivado de la venta de acciones.
El trabajo remarca en sus conclusiones que preservar a NASA bajo administración estatal es defender la soberanía energética, el capital tecnológico y el capital humano que posiciona al país entre las pocas naciones con dominio sobre el ciclo completo del combustible nuclear. Como un engranaje fundamental en una maquinaria compleja, advierte que la desarticulación de NASA compromete la estabilidad del sistema energético nacional.