Cada 21 de septiembre, además del popular Día del Estudiante, Argentina celebra el Día del Economista, homenajeando a todos los especialistas en Economía y recordando ese día de 1794, cuando Manuel Belgrano fue designado como el primer Secretario del Real Consulado de Buenos Aires, institución clave en la administración económica del Virreinato.
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En el Día del Economista, dos visiones contrapuestas de la economía argentina
En el Día del Economista, Nicolás Aroma y Daniel Garro debaten sobre déficit, inflación, desarrollo y deuda. Dos visiones opuestas de la economía argentina.
Más allá de su reconocimiento militar y político, Belgrano destacó como economista, educador y reformista, influido por pensadores europeos como Genovesi, Galiani, Condillac y Quesnay, y más tarde por Adam Smith. Su formación en España y su profundo interés por la economía política lo llevaron a traducir obras fundamentales de los fisiócratas y a desarrollar propuestas adaptadas a la realidad económica rioplatense.
Belgrano promovió la agricultura y la industria como base de la prosperidad, impulsando técnicas de cultivo, crédito y acceso a la tierra para quienes la trabajaban. Asimismo, defendió la libertad de comercio, cuestionando el monopolio impuesto por España y abogando por la plena concurrencia en los mercados. Su compromiso con la economía se reflejó en la Memoria anual al Consulado y en la dirección del Correo de Comercio, donde difundió principios sobre agricultura, comercio, manufacturas, navegación, crédito y bancos.
Incluso en plena tarea revolucionaria, Belgrano combinó su labor patriótica con su pasión por la economía, dejando un legado que aún inspira a los profesionales del área. Su visión integral, que unía el pensamiento ilustrado, fisiócrata y mercantilista moderado, consolidó su papel como pionero en el análisis y la gestión de los fenómenos económicos en el Río de la Plata.
En esta fecha aprovechamos para buscar dos miradas sobre la economía argentina en tiempos revueltos. Desde el lado de la economía austriaca que fundamenta el equipo de Gobierno de Javier Milei, el mendocino Daniel Garro es uno de los economistas seguidores de esa escuela desde antes que “existiera” Milei y viene militando el liberalismo desde hace décadas.
Desde la otra vereda de la heterodoxia económica, Nicolás Aroma, Director del Centro de Economía y Finanzas Mendoza, y especialista en finanzas públicas y evaluación de proyectos, se sumó al desafío.
A los dos les hicimos las mismas preguntas por separado y aquí compartimos las respuestas de cada uno, generando un interesantísimo debate imaginario que cada lector podrá disfrutar leyendo y pensando.
Bienvenidos al debate y la reflexión, a traves de las preguntas y respuestas de Nicolás Aroma y Daniel Garro.
Déficit fiscal: ¿problema o herramienta?
1- ¿El déficit fiscal es siempre un problema a eliminar de inmediato, o puede ser una herramienta válida para impulsar la economía en determinados contextos?
Nicolás Aroma: No. El equilibrio fiscal es una herramienta más de la política económica, no es un fin en sí mismo. Hay momentos en la economía que hace falta equilibrar el gasto y otros en los que hace falta expandirlo. Cuando venimos después de una fuerte crisis de pandemia, y una importante caída del poder adquisitivo, hay que saber medir cuál es el impacto en la economía real, en el sector privado. Hoy en día, el fundamentalismo fiscal lo que hace es confundir fines con medios, herramientas con objetivos de política económica, y eso en Argentina no se puede pasar por alto.
Hay que recordar que el impacto del ajuste fiscal es en todo momento y en todo lugar un golpe sobre el sector privado de la economía; mejor ejemplo que este año y medio no hay. El resultado fiscal es endógeno, es decir, depende de la economía, otro dato que el gobierno subestimó. Luego del ajuste más grande de la historia, si no seguís ajustando no te cierran los números. Es contradictorio.
Daniel Garro: El déficit fiscal no puede impulsar absolutamente nada. Siempre significa que el Estado gasta más de lo que recauda, y eso genera una distorsión. Previo a Keynes, incluso cuando él recién empezaba, también pensaba lo mismo. Para los austríacos, cualquier cosa que haga el Estado es ineficiente, aunque lo manejara la Madre Teresa, porque sus decisiones no se guían por la búsqueda de ganancias como en el sector privado, sino por criterios políticos que no tienen nada que ver con la eficiencia.
Por eso no solo debe haber siempre superávit fiscal, sino que además el gasto público debe ser muy bajo. Milton Friedman lo explicaba bien: si me das a elegir entre un equilibrio con gasto alto y un déficit con gasto bajo, me quedo con lo segundo, porque es más fácil de corregir. Lo importante es que los recursos queden en el sector privado, que es quien los usa de manera eficiente y ética.
El ejemplo más claro es China con Deng Xiaoping: cuando permitió que los campesinos se quedaran con lo que excedía la cuota obligatoria, la productividad se disparó y eso abrió la etapa de crecimiento acelerado.
El privado, aun con prueba y error, siempre tiende a ser eficiente y ético, porque si se equivoca lo corrige el mercado, y si no actúa con ética, termina quebrado. El burócrata, en cambio, nunca puede saber qué es eficiente.
Inflación: ¿cuál es la raíz?
2- En la Argentina, la inflación es atribuida al exceso de emisión monetaria por algunos, y a la puja distributiva y falta de confianza por otros. ¿Cuál es, a tu juicio, la verdadera raíz inflacionaria y cómo se corrige?
Nicolás Aroma: La inflación en principio es un fenómeno multicausal, mucho más en Argentina, donde se convive con una economía bimonetaria. No está demostrado aún que se deba a un fenómeno en particular. Además, si uno revisa la historia, en muchas ocasiones ha habido emisión sin inflación y otros casos al revés.
Casi todos los países del mundo tienen déficits fiscales (mucho mayores a los de Argentina), y sin embargo la inflación no es un problema, porque pueden financiarlos a través de mercados de deuda. Sucede que en nuestro país no se puede pensar el fenómeno inflacionario sin tener en cuenta la idea de una economía bimonetaria, es decir, el dólar funciona como reserva de valor a partir de una serie de crisis de deuda que han licuado una y otra vez los ahorros y el poder adquisitivo de la gente. Ese es un problema no resuelto por la política de estos tiempos.
En nuestro país, no mirar el problema de restricción externa de dólares del sector externo, les guste o no a los dogmáticos del ajuste, es tener una mirada miope del problema económico. Bajar la inflación matando la economía es absurdo.
Desde otra perspectiva, hay que tener cierta precaución de a dónde va a parar la emisión monetaria en caso de realizarse. Esto se puede ver en el sector financiero: la rentabilidad financiera y la de mantenimiento de activos financieros es excesiva en Argentina. Si la emisión monetaria sigue financiando esa lógica, el proceso inflacionario seguirá produciéndose, precisamente porque esa ganancia se alimenta con inflación. La solución no es clara y está demostrado que nadie la tiene en Argentina, pero considero que es un tema a debatir sin dogmas y con una mejor interpretación de la realidad.
Daniel Garro: La inflación es siempre un fenómeno monetario, no tiene nada que ver con pujas distributivas ni con falta de confianza. Muchos economistas piensan en la inflación como un aumento homogéneo del nivel de precios, pero los austríacos vemos otra cosa: la inflación es la emisión de dinero en relación con la demanda de dinero en tiempo real, y su efecto principal no es solo que suban los precios, sino que distorsiona toda la estructura de precios relativos.
Cuando el Estado emite dinero, no llega a todos al mismo tiempo. Quienes lo reciben primero pueden comprar bienes y servicios a precios antiguos, mientras que los que lo reciben al final, como los asalariados o los sectores más pobres, ya enfrentan precios más altos y distorsionados. Esto cambia toda la toma de decisiones: quien recibe primero actúa como si tuviera un regalo, tomando decisiones que no habría tomado de otra manera, y eso desajusta el mercado. Además, baja artificialmente la tasa de interés, lo que hace que proyectos que no eran rentables pasen a serlo de manera ficticia, se despilfarre capital y recursos, y cuando el mercado corrige, esos proyectos colapsan.
Por eso decimos que el dinero nunca es neutral. Mientras que los monetaristas y los neoclásicos hablan de neutralidad, creyendo que aunque suban los precios el equilibrio se restaura, los austríacos mostramos que la distorsión permanece: cambia decisiones de inversión, consumo y ahorro, y provoca errores que el mercado luego tiene que corregir de manera dolorosa.
En Argentina, cuando se emiten cantidades enormes de dinero, como los 13 puntos del PBI que llegó a emitir Massa, los efectos son inmediatos: distorsión de precios relativos, disminución artificial de tasas, desvío de recursos hacia sectores que no habrían sido rentables, y aumento de la desigualdad entre quienes reciben primero y los que reciben al final.
Si uno se lo plantea de manera simple, incluso en un ejemplo de economía de trueque, donde no hay moneda, no habría inflación. Ahí se ve claramente que la raíz inflacionaria es monetaria. Todo lo demás, como pujas distributivas o expectativas, son consecuencias de la emisión de dinero, no causas.
Desarrollo económico: ¿libre mercado o intervención estatal?
3- ¿El camino hacia el desarrollo argentino pasa por la apertura irrestricta de los mercados y la reducción del Estado, o por políticas de estímulo a la demanda interna y la inversión pública?
Nicolás Aroma: Creo que es una combinación de ambas. No estoy de acuerdo en que el Estado deba regular todas las actividades económicas, pero en las condiciones desiguales en que estamos, la liberación del mercado no va a funcionar. La liberación irrestricta de los mercados en la situación económica actual solo genera que las personas compitan por actividades de bajo valor agregado, como son las actividades de reventa y de prestaciones de servicios simples. Los procesos productivos más complejos necesitan colaboración y organización entre las empresas y el sector privado. Si vas a liberar todo el mercado, tenés que garantizar mínimamente que el punto de partida sea equilibrado entre los actores; sino, estás complicado.
No es este el que tenga que intervenir en todas las actividades económicas, pero sí debe generar los incentivos necesarios para que el sector privado los produzca. Podemos decir que estoy de acuerdo con que el sector privado debe ser más grande que el público, pero esto se logra con un Estado inteligente y eficiente.
Daniel Garro: La macroeconomía en realidad no existe; fue un invento keynesiano. Antes de Keynes, solo existía la microeconomía, que es lo que realmente importa porque estudia cómo los agentes económicos toman decisiones y cómo se genera valor. Keynes separó lo que pasaba en la macro de lo que pasaba en la micro, y a partir de ahí nacieron las políticas activas del Estado. Pero el problema es que toda intervención activa del Estado distorsiona las señales del mercado y genera ineficiencias.
Cuando el Estado hace una obra pública, eso no genera empleo genuino, genera trabajo. Y hay que entender la diferencia: trabajo es esfuerzo, empleo es valor. El trabajador en una obra pública puede pasar ocho horas moviendo ladrillos, haciendo esfuerzo físico y mental, pero ese trabajo no genera valor; lo paga el sector privado con recursos que fueron sacados de quienes sí producen valor. Por eso el Estado nunca puede crear empleo real, solo puede facilitar que el sector privado lo haga.
La macroeconomía para los austríacos no sirve para diseñar políticas activas; sirve para entender cómo reaccionan los agentes económicos, cómo toman decisiones y cómo se estructuran los mercados.
La idea central es que el camino hacia el desarrollo no pasa por estimular artificialmente la demanda ni por una apertura irrestricta controlada por el Estado. Pasa por dejar que los privados actúen libremente, que inviertan y produzcan valor, y que la economía se organice según decisiones individuales, eficientes y éticas.
Endeudamiento: ¿herramienta o trampa?
4- ¿El endeudamiento con organismos internacionales es una herramienta legítima para financiar reformas y estabilizar la economía, o una trampa que condiciona la soberanía económica?
Nicolás Aroma: De vuelta, estamos ante una herramienta más. Bien usada puede ser útil, y en otras ocasiones puede ser totalmente perjudicial. En el sentido en que se está usando últimamente en Argentina, no solo a nivel país sino también en la provincia, considero que es totalmente dañino. Las decisiones que se han tomado últimamente han sido endeudarse y achicar el Estado. Si lo equiparamos con la economía personal, es como que yo me endeude y cada vez trabaje menos. Va a llegar un momento en que mis únicos gastos serán pagar intereses y tendré que posponer mi alimentación, algo totalmente ilógico.
Para que una deuda sea sana, la tasa de crecimiento de la economía debe superar la tasa de interés de ese préstamo; así no se convierte en una bola de nieve y se descalzan los flujos. No hay trucos. Esto no ha sucedido últimamente y se debe a que la plata prestada no se ha invertido ni en capital físico ni en capital humano. Solo se ha usado para volcarla al sector financiero, fomentando una rentabilidad absurda de este sector. Como explicaba antes, fomentar este sector es desigual e inflacionario, al igual que la emisión.
Daniel Garro: Primero hay que diferenciar dos cosas muy importantes. Los privados toman deuda con un doble propósito: primero, ahorrarse impuestos, porque la deuda genera un escudo fiscal, y segundo, generar activos, ya sea con proyectos de inversión o activos financieros, aunque no sean estrictamente productivos. Por ejemplo, cuando comprás acciones de una empresa, estás colaborando indirectamente con un proyecto productivo. Eso es la deuda buena.
Después está la deuda mala, que es la que la gente usa para consumo, gastos corrientes, viajes… eso es una estupidez económica, una aberración, porque no genera nada real.
Los Estados no funcionan así. Cuando un gobierno toma deuda, no busca rentabilidad ni enfrenta riesgo de capital. Lo que hace es traer recursos del sector privado y destinarlos a cosas que muchas veces son ineficientes, decididas por burócratas. A primera vista parece un auge, pero en realidad distorsiona la economía, cambia la estructura de consumo, ahorro e inversión, y genera problemas a largo plazo.
Las empresas públicas no tienen riesgo de capital ni incentivos reales para generar ganancias, aunque en la contabilidad parezca que ganan. Por eso, cualquier endeudamiento del Estado es ineficiente: no responde a la búsqueda de rentabilidad y sus decisiones no reflejan la eficiencia del sector privado.
Un ejemplo concreto son los fondos de Portezuelo del Viento en Mendoza. Antes eran del sector privado, pero el Estado los administra y los inyecta como le parece. Puede generar un pequeño boom económico, pero con distorsiones enormes, porque los recursos no están donde deberían estar, en manos de quienes realmente conocen el riesgo y deciden la inversión.
Políticas económicas: ¿estabilidad o inclusión social?
5- ¿Hasta qué punto debe el diseño de políticas económicas priorizar la estabilidad macroeconómica por encima del empleo y la inclusión social?
Nicolás Aroma: Ahí está el timing de la política. Es un desafío muy difícil en este contexto; es lo que en economía se llama trade-off: para lograr una cosa tenés que resignar otras e intentar atacar los dos objetivos a la vez; te puede salir mal en ambos.
Necesitamos un proceso gradual de reducción de la inflación que no postergue del todo los objetivos de generación de empleo e inclusión, y que luego los pueda hacer crecer de manera sostenible. Hace por lo menos diez años que eso no se logra. Ahora que se aplicó un shock fiscal, se destruyó la economía real, y además, como no era sostenible y otra vez fue en base a endeudamiento (FMI), estamos a las puertas de una nueva crisis cambiaria.
Daniel Garro: Lo primero que hay que tener claro es que los gobiernos no deberían diseñar ninguna política macroeconómica. Cualquier intervención que hagan altera la estructura de precios relativos, y eso a su vez cambia la estructura de consumo, ahorro e inversión. Por más buenas intenciones que tengan, siempre terminan generando ineficiencias.
La idea no es que el Estado ande moviendo las fichas, sino que los agentes económicos decidan por sí mismos. El mercado, guiado por la rentabilidad, indica dónde invertir, dónde ahorrar y qué producir. Ahí está el verdadero empresario: no el “empresaurio” con privilegios ni subsidios, sino el que compite en un mercado libre, sin favores, y cuya ganancia o pérdida refleja su acierto o error.
Los austríacos también defendemos la soberanía del consumidor. Cada vez que alguien consume, ahorra o invierte, está “votando” por ciertos bienes y servicios. Eso es democracia pura, más que la democracia indirecta que tenemos, llena de parlamentarios y jueces que deciden sin que vos tengas opción de salirte.
Cuando el Estado intenta activar empleo o fomentar inclusión social a través de políticas, lo que hace es alterar esa lógica de mercado. Parece que hay un auge, pero en realidad se generan distorsiones que a largo plazo bajan los niveles de actividad económica. La economía funciona mejor cuando el mercado libre, guiado por la rentabilidad y la soberanía del consumidor, decide cómo se asignan los recursos.
Crisis política y económica: ¿hay salida?
6- El Gobierno vivió una de sus peores semanas desde lo económico, con fuerte contenido político. ¿Sale de esta?
Nicolás Aroma: No la veo fácil, porque tiene una encrucijada que no puede resolver con sus manuales: si acelera con el rumbo económico cuyas consecuencias lo trajeron hasta acá, o lo modifica, quemando sus credenciales ante el mercado, el que por otra parte tampoco confía en su capacidad política.
Daniel Garro: Lo que pasó esta semana con Milei dejó clarísimo algo: el riesgo político en Argentina es altísimo. Y esto no es un juego de quién gana o pierde elecciones. El tema no es tanto que gane el peronismo, el kirchnerismo, o toda esa runfla de gente que conocemos… el problema real es que, aunque Milei gane, el sistema puede impedir que haga las reformas estructurales necesarias para que Argentina sea estable y pueda pagar su deuda. Eso es lo que preocupa al mercado, y eso es lo que genera esta volatilidad.
Argentina necesita un superávit fiscal altísimo, porque nadie le presta dinero. No hay margen, no hay nada gratis. Tenés que tener plata para ir pagando los vencimientos. Entonces, para poder generar recursos suficientes para pagar la deuda, la única manera es bajar el gasto público. Dejar de gastar plata el Estado, devolverla al sector privado, para que ese dinero se consuma, se ahorre y se invierta de manera eficiente.
Esto no es solo teoría. Es el principio más básico de la economía: solo podés pagar deuda si la economía genera riqueza de manera sostenible. Y para que eso pase, además de bajar gastos, tenés que bajar impuestos. Pero para poder bajar impuestos, primero tenés que bajar el gasto. Por el altísimo endeudamiento que tiene Argentina, no hay margen para otra cosa.
El mercado confía en Milei, pero no en el sistema. Ese es el gran problema institucional de Argentina. Cuando se vio que ni siquiera por decreto podía avanzar, el mercado se desplomó. Si el mercado dependiera solo de Milei y él pudiera actuar libremente, no habría tanta volatilidad. Pero depende del sistema, y ahí es donde se pone todo frágil.