El Banco Central de la República Argentina completó más de 60 ruedas consecutivas con saldo comprador en el mercado de cambios, acumulando compras netas por 4.687 millones de dólares desde el inicio del año hasta la primera quincena de abril.
El Banco Central acumula compras récord de dólares en 2026, pero las reservas netas siguen en rojo por pagos de deuda, esterilización y falta de financiamiento.
El Banco Central de la República Argentina completó más de 60 ruedas consecutivas con saldo comprador en el mercado de cambios, acumulando compras netas por 4.687 millones de dólares desde el inicio del año hasta la primera quincena de abril.
Con un promedio diario de 76 millones de dólares, ese desempeño representa más del 46% del objetivo anual que el equipo económico había trazado al comenzar la gestión. En términos históricos, se trata del mayor volumen de adquisición de divisas (medido en dólares constantes) desde 2012, con la excepción del ciclo atípico de 2024, cuando el rebalanceo de carteras y el esquema escalonado de pagos de importaciones distorsionaron la comparación, así lo cuenta un análisis del comportamiento del Central que presentó la Fundación Mediterránea.
Sin embargo, las compras no se traducen en acumulación de reservas. Esa es la tensión que atraviesa la política cambiaria argentina en este tramo del año.
El informe destaca que la participación del Banco Central en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) ha sido notoriamente más intensa que lo programado. La autoridad monetaria había establecido como referencia una intervención equivalente al 5% del volumen operado; en los hechos, las compras netas alcanzaron el 18% del total transaccionado, una proporción tres veces superior a la proyección original.
Pese a ello, las reservas netas permanecen en terreno negativo. Según estimaciones propias, al 8 de abril el saldo de las Reservas Internacionales Netas (RIN) se ubicaba en -229 millones de dólares, cifra que se deteriora hasta -1.530 millones si se incorporan los vencimientos del BOPREAL. En términos acumulados para 2026, la contracción ronda los 1.850 millones bajo el criterio más amplio.
La distinción entre reservas brutas y netas es más que metodológica. Las reservas brutas (que al inicio de abril alcanzaron 44.750 millones, con una mejora de 3.580 millones respecto al cierre de 2025) incluyen pasivos de corto plazo: el swap con el Banco Popular de China, los encajes por depósitos en dólares, las obligaciones con organismos internacionales y los REPOs tomados con entidades del exterior. Una vez descontados esos compromisos, la posición efectivamente disponible resulta negativa.
El flujo comprador del Banco Central reconoce fuentes identificables. La principal es la oferta financiera: entre noviembre y marzo, las emisiones de Obligaciones Negociables de empresas y los financiamientos externos de provincias sumaron 11.800 millones de dólares . A eso se agrega la expansión del crédito en dólares (con obligación de liquidación en el MULC), que creció 2.730 millones en el primer trimestre. El superávit comercial en la cuenta de bienes complementa el cuadro.
Por el lado de los egresos, los pagos netos de deuda constituyeron el principal factor de drenaje. El Tesoro y el Banco Central destinaron 5.195 millones y 1.697 millones de dólares, respectivamente, a obligaciones con organismos internacionales, bonistas y compromisos relacionados con el BOPREAL. Sin un refinanciamiento efectivo de los vencimientos de capital, la capacidad de fortalecer la posición neta de divisas seguirá siendo estructuralmente limitada.
La compra de divisas genera emisión de pesos que el Banco Central esterilizó íntegramente a través de dos canales: las colocaciones de deuda en moneda local por parte del Tesoro y los instrumentos habituales de absorción de la autoridad monetaria (pases y operaciones en el mercado secundario). Como resultado, la base monetaria exhibe una caída respecto al cierre de 2025 en línea con la política antiinflacionaria del gobierno.
Esto implica que la acumulación de reservas descansa más en la contracción del Crédito Interno Neto que en una expansión genuina de la demanda de pesos, lo que introduce interrogantes sobre la solidez del esquema en el mediano plazo.
El informe destaca que ante la dificultad para acumular reservas netas por la vía del mercado cambiario, el Gobierno orientó parte de su estrategia hacia el mercado de capitales local. La colocación reciente de títulos en moneda extranjera apunta a cubrir necesidades financieras con crédito en moneda dura, reduciendo la dependencia de las reservas del Banco Central para el servicio de la deuda soberana.
En paralelo, el equipo económico informó avances en la negociación de un crédito externo por 9.000 millones de dólares destinado a cubrir obligaciones en moneda dura en lo que resta de la gestión, aunque sin precisiones públicas sobre condiciones ni calendarios.
En este escenario, el riesgo país se mueve en la zona entre lo 500 y 600 puntos básicos, revirtiendo los mínimos de enero. El deterioro responde en parte a un episodio de aversión al riesgo global que afectó a los mercados emergentes en su conjunto, pero también a factores internos: la confianza del mercado permanece condicionada a la confirmación de que la acumulación de reservas es y seguirá siendo un objetivo prioritario de la política económica.
La falta de definiciones precisas sobre el esquema de financiamiento para los vencimientos de 2026 y 2027 alimenta esa incertidumbre.
El informe de la Fundación Mediterránea advierte que el desafío del Banco Central no consiste únicamente en sostener el ritmo de compras en el mercado de cambios, sino en lograr que esas divisas se consoliden como reservas efectivas. Mientras los pagos de deuda consuman lo que ingresa por el MULC y el acceso al financiamiento externo permanezca restringido, el margen de maniobra seguirá siendo estrecho.

