La puesta en marcha de manera provisional del capítulo comercial del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea significa la entrada en vigor de disposiciones que implican un cambio inmediato para exportadores e importadores, aun cuando el proceso de ratificación parlamentaria en Europa continúe abierto y pueda extenderse durante años.
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Acuerdo Mercosur-Unión Europea: alerta por la falta de preparación de las empresas argentinas
El acuerdo Mercosur-UE ya comenzó a aplicarse, pero la mayoría de las empresas argentinas desconoce su impacto y aún no inició su preparación.
La buena nueva, sin embargo, parece haber pasado inadvertida para buena parte del entramado empresario argentino. Un relevamiento realizado por el Centro de Investigación en Negocios y Exportación (CIEN) de Córdoba entre 190 compañías a nivel nacional vinculadas al comercio internacional muestra un escenario de escasa preparación frente a un cambio estructural que ya comenzó a modificar las condiciones de acceso a mercados y de competencia interna.
Bajo nivel de conocimiento empresarial
Los resultados de la encuesta reflejan una situación inquietante. Apenas una de cada diez empresas conoce el cronograma de reducción arancelaria correspondiente a su sector, elemento central en cualquier acuerdo de libre comercio. Nueve de cada diez firmas calificaron su nivel de conocimiento sobre el tratado entre nulo y medio, mientras que el 60% creía que la implementación comenzaría recién en 2027.
“El acuerdo arrancó el primero de mayo y mi idea era investigar cuánto conocimiento tenían las empresas de cómo les afectaba su sector. Nos encontramos con muchas sorpresas: desconocían la fecha y desconocían el impacto en su propio sector”, explicó Gustavo Scarpetta, director de CIEN, en declaraciones a medios cordobeses.
El dato más significativo, según el consultor, no es solamente el desconocimiento general, sino la distancia entre percepción y realidad. Incluso entre quienes aseguraban tener un conocimiento “alto” o “medio” del acuerdo, una mayoría no pudo identificar correctamente cuándo comenzaba a aplicarse. “El 60% de los que consideraban conocerlo, en realidad no lo conocían”, señaló.
Apertura recíproca y nuevos competidores
El acuerdo funciona en ambos sentidos. Desde el inicio de la aplicación provisional, las reducciones arancelarias benefician tanto a los exportadores argentinos que buscan ingresar al mercado europeo como a las empresas europeas que colocarán productos en el mercado local.
La diferencia de condiciones iniciales es relevante. Mientras Argentina mantiene aranceles que en algunos sectores alcanzan el 35%, Europa parte de niveles mucho menores, cercanos al 5% promedio. Por esa razón, durante los primeros años, los exportadores argentinos encontrarán reducciones más pronunciadas en el acceso al mercado europeo. Sin embargo, la apertura también incrementará la competencia dentro del mercado doméstico.
El informe indica que algunos sectores podrían sentir rápidamente los cambios, como jugo de naranja, agua mineral, salsa de soja, chocolates, vinos y fertilizantes como la urea. En el rubro textil, por ejemplo, prendas como trajes, camisas y medias comenzarán un proceso de desgravación que llevará los aranceles del 35% a cero en un período de ocho años, aunque con bajas importantes desde el inicio.
“En textiles, de 35 se pasó a 28 de un viernes al lunes”, ejemplificó el especialista.
El impacto sobre el mercado interno
Un problema central que parece desatendido es que muchas empresas todavía consideran el acuerdo únicamente desde la perspectiva exportadora y no desde el impacto competitivo que puede generar en el mercado interno. La experiencia histórica del Mercosur aparece como antecedente.
“Yo lo viví en la época del Mercosur. Fabricaban pelotas de fútbol en Bell Ville y decían que el acuerdo no les iba a afectar. Después entró Brasil y no le vendieron más a nadie. Acá puede pasar lo mismo con agua mineral, cerveza, jugos o embutidos”, sostuvo Scarpetta.
La advertencia adquiere especial relevancia para actividades regionales sensibles. En el caso de la vitivinicultura, por ejemplo, la llegada gradual de vinos europeos con aranceles decrecientes podría profundizar un contexto ya complejo para el sector local. Según Scarpetta, la combinación entre problemas internos y competencia internacional creciente puede transformarse en una situación crítica para quienes no se anticipen.
La falta de preparación empresarial
Además del nivel de conocimiento, el informe del CIEN midió la disposición concreta de las empresas a prepararse para el nuevo escenario comercial. Los resultados muestran una inercia generalizada.
El 57,9% de las compañías respondió que no estaba realizando ningún tipo de preparación y que ni siquiera había considerado hacerlo. Otro 31,6% aseguró que todavía no había comenzado a trabajar en el tema, aunque reconoció estar evaluándolo. Solo el 10,5% afirmó encontrarse en una etapa inicial de preparación. Ninguna empresa declaró contar con una estrategia definida.
La conclusión del informe sintetiza el problema en una frase: “No gana el más grande ni el más barato: gana el que se anticipa”.
En el comercio internacional, la velocidad de adaptación suele ser determinante. Los cupos de exportación, las habilitaciones sanitarias y los acuerdos de distribución se asignan rápidamente. Quienes ingresen tarde encontrarán espacios ya ocupados por competidores que comenzaron antes el proceso de adecuación.
Un ejemplo claro que transmite el trabajo es el de los quesos; el acuerdo tiene un enorme cupo para exportación de quesos, pero Argentina no tiene ninguna empresa habilitada para hacerlo, cosa que sí ocurre con Brasil, “que larga en primera fila y nosotros largamos de box”, explicó.
Información técnica y toma de decisiones
Frente a ese escenario, la Cámara de Comercio Exterior de Córdoba (CaCEC) puso en marcha una herramienta destinada a traducir el contenido técnico del acuerdo en información operativa para las empresas de todo el país.
Más del 57% de las empresas consultadas considera que el tratado tendrá un impacto positivo o mixto, asociado a mayores exportaciones y nuevos mercados. Sin embargo, esa expectativa todavía no se traduce en acciones concretas.
La distancia entre diagnóstico y preparación constituye hoy el principal interrogante. El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea dejó de ser una negociación diplomática sujeta a incertidumbres políticas. Después de más de dos décadas de discusiones, el marco comercial comenzó a operar efectivamente. La diferencia, ahora, no pasa por quién conoce el acuerdo, sino por quién logró prepararse antes de que el mercado terminara de entender que el cambio ya ocurrió.
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