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Los imprescindibles de Mendoza

Juan Gualberto Godoy, el poeta y su leyenda

Arrogante, valiente y mordaz; periodista de pluma incisiva y renombrado payador. Conocé la historia del poeta mendocino Juan Gualberto Godoy.
Por Walter Gazzo

Juan Gualberto Godoy fue uno de esos primeros hombres populares de Mendoza, cuyo talento como escritor, periodista, poeta y payador dejó su impronta en la literatura gauchesca argentina y trascendió la frontera nacional.

Juan Gualberto Godoy nació en Mendoza el 12 de julio de 1793. Hijo de Don Jacinto Godoy, destacada figura de los círculos sociales y políticos de la época y de Trinidad Villanueva, descendiente de una familia patricia. Aprendió a leer, siguiendo el método sintético empleado entonces, y después le enseñó a leer un español comerciante de tabacos.

A los doce años desempeñó un puesto en la Tesorería de la Real Hacienda, puesto que conservó hasta 1809, para atender la hacienda de su padre, quién debió ausentarse de la provincia. Aunque su vocación no era la agricultura, coinciden sus biógrafos en atribuirle la innovación de prácticas para mejorar la industria vitivinícola y la calidad de vino, con procedimientos nuevos.

Sus primeras obras poéticas fueron a parar a manos de los cantores populares, de los jóvenes de su época que por entonces gestaban en la canción cuyana la letra de la tonada. El tema pasa que en folclore cuyano, sobre todo en las tonadas, hay letras que son anónimas pero tienen un sello que las identifica como obras de poetas cultos como Leopoldo Zuloaga, José Manuel Olascoaga, Nicolás Villanueva y Juan Gualberto Godoy, entre otros.

Apenas llegó San Martín a Mendoza el 10 de agosto de 1814, para ejercer como Gobernador Intendente de las Provincias de Cuyo, Godoy formó parte de su escolta. Tenía 21 años. En 1817 visita Buenos Aires; vuelto a su provincia natal en 1819, se enroló en el regimiento de Cazadores N° 5 con el deseo de participar en la Campaña Libertadora. Su deseo no pudo verse cumplido debido al estallido anárquico que produjo la disolución de las Provincias de Cuyo y la caída del Gobernador Luzuriaga, que lo obligó a quedarse en Mendoza para asegurar el orden.

Las letras

Mientras tanto había otra pasiones para Godoy como la poesía y la literatura, en los comienzos del género gauchesco, y también al periodismo, fundando y siendo redactor algunos periódicos en Mendoza como “El Iris Argentino”, “El Huracán” y el “El Coracero”. Sus primeras poesías fueron publicadas localmente en 1820. Su obra más conocida, titulada “El Corro”, fue publicada tras la revolución de Francisco Solano del Corro. Parte de su obra se conservó luego por tradición oral, y en 1889 (ya fallecido) se publicaron sus poesías tras ser recuperadas.

Y hubo algo que lo destacó de manera preponderante: fue payador. De los payadores mendocinos de ese siglo Juan Gualberto Godoy, es el que ha dejado más obra literaria. Usó la forma genuina del cantor gaucho, con lenguaje llano fustigó valientemente los defectos sociales de su época.

El mismo decía: “Mi inclinación predilecta es hacer veros burlescos contra todo lo que me parece malo”. Arrogante, con una audacia y valor sin límites, las causas nobles y justas lo contaron entres sus defensores. Esgrimió con maestría la sátira mordaz contra el vicio, el cinismo y la arbitrariedad. Supo poner en descubierto las heridas que lastimaban el organismo social de su pueblo. Escribió para los gauchos cantores de su tierra, en lenguaje decidor y expresivo, cartas, dedicatorias, tonadas, cuecas, serenos, gauchitos y otros.

Juan Sin Ropa

El famoso payador Santos Vega fue derrotado por un forastero desconocido que se le presentó, en vibrante desafío de guitarras y debajo de un tala, como Juan Sin Ropa, el alias de Juan Gualberto Godoy, un enviado del mismísimo Mandinga, de acuerdo a la tradición gauchesca.

Godoy hizo estudios en una escuela religiosa y era aprendiz de gramática latina. Con tan ricos antecedentes pudo ser el digno oponente del gaucho Santos Vega. Los paisanos lo tenían por excelso improvisador merced a su condición de poeta.

El periodista y poeta Gregorio “Goyo” Torcetta escribió sobre esa historia:

“El tradicionalista Elbio Bernárdez Jacques ha cotejado algunos datos que hacen presuponer, con un grado ínfimo de error, que Godoy comercializaba sus versos escritos en una pulpería situada en el Tuyú. Dice: “Es un viejo almacén que aún conserva su reja al mostrador y donde se me dijo, existía hasta hace poco, un cuaderno de fiados del año 1816”.

El mendocino Juan Gualberto Godoy vivió hasta 1830 primero en Dolores, y en el Tuyú, después, regresando a su Mendoza natal para exiliarse luego en Chile por mostrarse en desacuerdo con el régimen de Juan Manuel de Rosas.

Mientras vivió en la provincia de Buenos Aires vendiendo sus versos en cartulinas, Santos Vega, que andaba de fogón en fogón, y de pulpería en pulpería, es harto probable que se haya encontrado con Godoy en el boliche del Tuyú donde comercializaba sus inspiraciones, en donde, además, Godoy aprovechaba algún aniversario (cumpleaños) de algún parroquiano para componer y, de paso, vender lienzos acodado junto al mostrador.

Se dice que el final de Santos Vega se produce en una payada y ante Juan Sin Ropa (el mendocino Juan Gualberto Godoy, reencarnación del Progreso y el Diablo). Un “forastero” retratado como magistral compositor de piezas jamás oídas (tristes y cielitos, ambos sonidos muy típicos de la provincia de Buenos Aires) que confundían a Santos Vega y asombraba a los testigos de aquella payada memorable.

Santos Vega, el payador, dice aceptar la derrota a manos del mendocino Godoy.

La poesía de Rafael Obligado permite inferir que Vega se esfumó de la faz de la tierra, no quedando siquiera rastros de sus cenizas, mientras el Progreso y Mandinga celebraban el aquelarre, la destrucción del tradicionalismo a manos del progreso infernal”.

JUAN SIN ROPA

Juan sin ropa había nacido en los viñedos del sol

era un diablo provinciano, unitario y criticón

le decían Juan sin ropa a Juan Gualberto Godoy.

Dicen que Juan sin ropa guardaba un grillo por corazón

con su linaje de duende cascabelero y cuyano

por Dolores fue pulpero y en Tuyú fue payador.

Cuentan que cuenta la historia que a Santos Vega encontró

y al fuego del horizonte el verso los conjuró.

Era un diablo Juan sin ropa don Juan Gualberto Godoy

La memorable payada jamás el pueblo olvidó.

Santos Vega fue vencido y a la muerte se entregó.

Después volvió Juan sin ropa a sus viñedos del sol.

Entre alamedas y olivos entre cuecas y tonadas

aquel demonio cuyano hecho leyenda quedó.

De la obra “Los Duendes del Agua y la Piedra” de Gregorio Torcetta (1998)

"Hay hombres y mujeres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles" (Bertolt Brecht).

Esta columna fue declarada de interés cultural por el Senado de Mendoza según consta en la resolución 78.208.

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