A 42 años de su muerte

John Lennon y las canciones que lo hicieron eterno

Un día como hoy pero de 1980, un loco suelto mataba a John Lennon. Apagaba una vida pero encendía una luz que brillaría para siempre.

Por Walter Gazzo

El 8 de diciembre de 1980 no sería una día más en el mundo. Es que las noticias que llegaron desde Nueva York fueron conmovedoras y potentes: una serie de disparos efectuados por Mark Chapman, un fan desequilibrado que lo estaba esperando en la puerta de su vivienda, ponían fin a la vida de John Lennon, uno de los músicos más famosos del mundo, referente de una generación e integrante de The Beatles.

John Winston Lennon nació el 9 de octubre de 1940, en Liverpool, Inglaterra en medio de uno de los recurrentes bombardeos de la Alemania nazi a su preciado puerto. Fue producto de su tiempo y de su propia historia familiar, marcada por el abandono de sus padres y las exigencias de su tía, encargada de su educación.

Transcurrió su infancia tironeado por la herencia del espíritu libre de su padre Alfred; del desparpajo de su joven madre Julia (quien delegó su crianza para poder rehacer su vida); y las severas reglas fijadas por su adorada tía Mimi.

Lennon encontró en el arte su válvula de escape. Primero a través del dibujo y las historietas, y luego en el rock and roll y la rebeldía que encarnaban Elvis Presley y James Dean, respectivamente.

El sueño empezó cuando conoció a Paul McCartney, un joven con asombrosa destreza para la música, y lo incluyó en el aficionado grupo que había formado con compañeros de su colegio.

Después de un tiempo -y muchos golpes en la vida de John como la muerte de su madre- The Beatles estaban listos para conquistar al mundo.

Las canciones lo iban mostrando tal cual era (como "Help!" o "I´m a loser") y algunas actitudes y declaraciones provocativas lo ponían más en el frente de combate. Y el verdadero Lennon iría mostrando sus cartas con el correr de los años, a nivel musical con exploraciones psicodélicas, producto de su amor por el surrealismo y el consumo de drogas lisérgicas; y en el plano social, con posturas radicales que dejaban de lado los esfuerzos por agradar al público más conservador.

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Su amor por Yoko Ono -una artista japonesa que fue la única opción verdadera de pasión según él mismo definió- lo llevó a hacerse a un lado de la banda y empezar una carrera no solo musical sino también mucho más político.

Pero algo había cambiado para 1980: su disco "Double Fantasy" mostró a un artista con líricas y una estética sonora lejos del riesgo y la vanguardia encarada años atrás; más orientado a sus antiguos seguidores que a seguir ofreciéndose como emblema de cambios sociales.

Lennon ya era una leyenda y solo restaba el accionar criminal de un lunático a quien su arte había fascinado para que naciera el mito más grande de la música popular contemporánea.

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