lunes 5 dic 2022
Los imprescindibles de Mendoza

Alfredo Ceverino: de Las Heras al mundo, sin límites

Uno de los mayores artistas plásticos que dio Mendoza es Alfredo Ceverino. Este año nos dejó fisicamente pero su obra trasciende por siempre.

Por Walter Gazzo 19 de noviembre de 2022 - 08:42

Alfredo Ramón Ceverino nació en Las Heras (lugar donde siempre vivió) el 15 de septiembre de1939. Hijo de Adolfo Ceverino y María Morales; hermano de Mario, Tita, Mecha, Hilda y Rulo.

Sus estudios primarios los hizo en la escuela Juan Gregorio de Las Heras. La secundaria fue en la Academia Provincial de Bellas Artes de Mendoza, donde egresó en 1966.

Alfredo desarrolló una intensa labor artística exponiendo en diferentes ciudades de Argentina, Francia, España y Ecuador.

Formó parte de núcleos artísticos locales como Grupo Numen y Galería de Arte Alfa. Desde 1965, realizó numerosas muestras individuales y colectivas, portadas, ilustraciones y escenografías.

Algunos premios en Mendoza:

Primer Premio, X Salón Bienal Municipal, 1973;

primer Premio, XII Salón Bienal Municipal, 1978;

segundo Premio, Salón Vendimia, 1981;

medalla de Oro, Salón UDECOOP, 1982;

primer Premio, X Salón Bienal, 1992.

En 1987 representó al país en la Primera Bienal Internacional de Arte de Cuenca, Ecuador; Premio de la Fundación Banco Mayo, 1990; Primera Mención, Salón Nacional, Buenos Aires, 1991; Gran Premio Fondo Nacional de las Artes, 1992; Primer Premio, Salón Exposol, San Juan, 1993. Actualmente, la Art Service Galerie de París expone sus obras en forma permanente.

Premio Fundación Banco de Mayo Salón Nacional, Capital Federal Argentina 1991.

En el 2005 da un vuelco a su carrera e inicia su obra escultórica. Así, en 2010 comienza el proyecto escultórico “La piedra - Museo a cielo abierto” junto a su hijo Alejandro que se puede disfrutar en Bodega A16. En esta etapa escultórica se sumó al trabajo en equipo su nieto, Iván Freire.

Siempre tuvo su producción de obra de pequeño formato y siguió pintando hasta el último día de su vida.

Su esposa fue Violeta Miriam Álvarez y con ella fueron padres de Yayi, Ini y Ale. Y abuelos de Pablo Freire e Iván Freire (hijos de Yayi); Paula Vaccari Ceverino (hija de Ini); y Ariel, Bianca, Sofía, Maxi y Oliver, hijos de Ale.

Alfredo falleció, a los 82 años, el 17 de enero de 2022.

Alfredo Ceverino, uno de los imprescindibles de Mendoza.

Hay hombres y mujeres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles" (Bertolt Brecht).

obra ceverino.jpg

La muralla

Por estos días, en el Museo Provincial Emiliano Guiñazú Casa de Fader se puede disfrutar de la muestra “La muralla”, con gran parte de su obra.

Cuenta su hija Yayi:

“La idea de una muralla virtual que nos proteja del avance de la injusticia; hecha de manos, de voluntades, de amor y de lucha recorre la obra de Alfredo Ceverino desde hace muchas décadas. El compromiso de este artista con su tiempo y su gente es el imprescindible camino que recorreremos en esta muestra.

Versátil, dinámico, singular y dado a la metáfora Ceverino fue catalogado como uno de los maestros de la Neo figuración argentina, aunque en su desfachatez prefería ser encuadrado dentro del Realismo mágico lasherino escuela pictórica muy desarrollada al norte del Zanjón de Los ciruelos.

Esta muestra pretende ser una narración visual del mundo creado por un hombre inmerso fuertemente en su contexto. Con suerte encontraremos los nexos entre estas obras, nexos no dados por la similitud, sino por las conexiones secretas entre ellas. Estableciendo asociaciones de ideas, cadenas invisibles que no atan, pero acercan.

Estamos invitados a completar la obra con nuestra visión, como le gustaba proponer a Alfredo. Este recorrido es un recorte de 60 años de pintura y en él coexisten narrativas visuales recurrentes de su imaginario tratadas de maneras diversas y respondiendo al lenguaje personal que fue modificándose al mismo tiempo que el hombre.

Alfredo, quizás un intelectual, quizás un pibe hincha de Huracán Las Heras, ponía algún disco de Goyeneche y se sentaba frente a su caballete. Preparaba un mate medio bastardo. Detrás de él comenzaban a aparecer espectros de gatos amarillos, niños en triciclos y una banda de músicos callejeros. Todos expectantes miraban su mano, larga y hermosa que iba borrando el blanco de la tela para ver que había abajo”.

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