Los partidos de la Selección Argentina en el Mundial 2026 despertaron una enorme carga emocional en millones de personas. Lágrimas, abrazos entre desconocidos, festejos multitudinarios y una alegría desbordante se replicaron en cada rincón del país. Sin embargo, la celebración también tuvo su costado más oscuro: la violencia dejó graves consecuencias, entre ellas el asesinato de un joven en Córdoba, un hecho que volvió a poner en debate los límites entre la pasión y la agresión.
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Qué explica la psicología sobre las emociones que genera la Selección Argentina
Los partidos de la Selección Argentina generan intensas emociones que pueden generar episodios de violencia. Cuál es el impacto de esas conductas en la sociedad y en los niños.
Argentina vive el fútbol con una intensidad difícil de igualar. Los hinchas acompañan al equipo en cualquier parte del mundo y alientan hasta el último minuto. Cada vez que el conjunto dirigido por Lionel Scaloni sale a la cancha, aparecen la ansiedad, la angustia, la euforia y la esperanza, emociones que convierten al Mundial en un fenómeno social que trasciende lo deportivo.
Por qué las emociones pueden derivar en hechos de violencia
En diálogo con Sitio Andino, la psicóloga Nancy Caballero Licenciada y Doctora en Psicología y Magister en Psicología Social, explicó que la activación de la amígdala, una estructura cerebral vinculada con el procesamiento de las emociones, es relevante para comprender por qué, en determinados contextos, el comportamiento colectivo puede volverse peligroso.
Caballero señaló que, en ese contexto de exaltación emocional, las personas con conductas violentas encuentran una oportunidad para exteriorizar su agresividad. "Hay individuos inherentemente violentos que aprovechan la angustia o la tensión que genera un partido como una especie de catarsis para liberar su ira, incluso cuando el equipo termina ganando", explicó.
Cómo afecta el consumo de alcohol y otras sustancias
La especialista también advirtió que el consumo de alcohol y otras sustancias potencia aún más las reacciones impulsivas. "Cualquier tipo de sustancia aumenta la emoción a niveles muy altos y, además, impide tomar conciencia de las consecuencias que eso tiene", afirmó.
No obstante, remarcó que la gran mayoría de los festejos se desarrollan en un clima familiar y pacífico. Miles de personas concurren a plazas y puntos de encuentro con la expectativa de compartir una celebración segura junto a niños y adultos mayores.
El ejemplo que reciben los niños durante un partido
Caballero también hizo hincapié en el impacto que tienen las conductas de los adultos sobre los más pequeños durante los encuentros de fútbol. "La mirada del chico sobre cómo es un partido de fútbol lo marca muchísimo, porque ve sufrir y festejar a su familia", expresó.
En un contexto donde las pantallas individuales redujeron considerablemente los espacios compartidos dentro del hogar, los partidos del Mundial se convierten en uno de los pocos momentos en los que toda la familia se reúne frente al televisor. Allí, los niños observan cómo sus principales referentes enfrentan la frustración, la ansiedad y la alegría.
Según la profesional, cuando los adultos reaccionan con insultos, agresiones verbales o buscan culpables ante un error deportivo, transmiten implícitamente que esa es una forma válida de responder frente a la frustración. Esa dinámica puede afectar el desarrollo emocional de los menores y generar una escasa tolerancia ante situaciones adversas.
El Mundial como una oportunidad para educar en valores
Lejos de considerar al fútbol únicamente como un espectáculo deportivo, Caballero destacó que estos momentos pueden convertirse en una valiosa herramienta de aprendizaje.
Cuando las familias viven el partido desde el respeto, aceptan los resultados con resiliencia y priorizan el apoyo por sobre los reproches, los niños incorporan valores como la empatía, la convivencia y la tolerancia a la frustración. En cambio, cuando predominan el enojo, la descalificación y la violencia, aprenden a canalizar sus emociones de manera negativa.
Para la especialista, el desafío no pasa por disminuir la pasión que despierta la Selección Argentina, sino por aprender a gestionarla de forma saludable para que el fútbol siga siendo un espacio de encuentro y no una excusa para la violencia.