En la era digital, los padres se ha volcado a las redes sociales. Lo que antes quedaba en álbumes de fotos familiares, ahora se exhibe en perfiles públicos de cualquier red social. La primera ecografía del niño, el primer baño, la sonrisa sin dientes, el primer día de clases, todo se comparte.
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Padres, redes y niños: hasta dónde llega el amor y dónde empieza el riesgo
Dos expertas advierten sobre la huella digital que los padres construyen para sus hijos a la hora de exponerlos en una red social.
Pero esta tendencia, que muchos padres viven con orgullo y amor, esconde una serie de riesgos que, aunque invisibles, pueden dejar una huella imborrable en la vida de los más pequeños.
El reciente caso de una docente de Tupungato, injustamente involucrada en una investigación a raíz de un video subido por su nieta, pone el foco sobre una realidad innegable: las redes sociales no son un juego de niños y la exposición de menores en estas plataformas es un tema que requiere la máxima responsabilidad por parte de los adultos.
Red social, en la mira: por qué la necesidad de mostrar a los niños
Para muchos, la decisión de compartir la vida de sus hijos responde a un impulso genuino de amor y orgullo. La psicóloga Ailin Di Nasso (Mat 5082) explicó a Sitio Andino que, si bien la intención es "mostrar momentos felices", esta conducta también se ve influenciada por factores culturales. "Existe una concepción de crear los recuerdos de manera digital", señaló.
Por su parte, la doctora en contenidos de Comunicación Digital María de la Paz Rego lo describió como un "fenómeno cultural" en el que las redes sociales se han convertido en un espacio de validación social.
"Muchos padres buscan reconocimiento a través de sus hijos y proyectan en ellos su propia identidad", afirmó Rego. Este fenómeno, amplificado por la influencia de figuras públicas y influencers que monetizan su vida familiar, ha normalizado la exposición de la intimidad.
La huella digital: un rastro que no se borra
Ambas especialistas coinciden en que la principal consecuencia de esta sobreexposición es la huella digital, un rastro permanente que el menor no pidió y que lo acompañará de por vida.
Ailin Di Nasso enfatizó que "todo va a quedar guardado, que puede ser replicado y que una vez que eso llega a internet, se pierde el control de la imagen".
María de la Paz Rego profundizó en las consecuencias a futuro: "Esa huella digital quedará disponible incluso cuando él no lo desee", lo que puede generar problemas reputacionales y emocionales.
La profesional añadió que el menor puede sentir que su identidad fue expuesta sin su consentimiento, e incluso enfrentarse a la reutilización indebida de sus imágenes.
¿Dónde está el límite y cómo proteger a los menores?
El límite entre compartir un recuerdo y la sobreexposición reside, según María de la Paz Rego, en la intencionalidad y en la previsión del impacto futuro.
El punto de inflexión es cuando se genera un "archivo digital continuo de la vida del niño, sin medir qué control tendrá él sobre esa información en su adultez".
Entonces, a la hora de recomendar a los padres consejos para proteger la privacidad de sus hijos, Di Nasso manifestó:
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Abordar en pareja qué publicar y qué no: es crucial establecer límites de antemano.
Configurar la privacidad de las redes sociales: mantener los perfiles cerrados y revisar regularmente la lista de contactos.
Evitar compartir datos sensibles: no publicar la ubicación de los niños, sus rutinas o los lugares que frecuentan como la escuela o el club.
Proteger la intimidad de las imágenes: evitar fotografías en ropa interior o en contextos privados que puedan ser malinterpretados o adulterados.
El rol de los padres, como subrayó María de la Paz Rego, es ser "guardianes de su identidad digital". Se trata de un acto de cuidado que debe ser tan prioritario como cualquier otra forma de protección en la crianza.
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