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Historia de vida

La historia de Felipe Altamirano, el malargüino que ganó la beca para estudiar en EEUU

El joven ganó una beca y viajará en enero del 2023 a EEUU para estudiar Ingeniería en Computación en la universidad de Michigan. Esta es su historia.
Por Florencia Rodriguez

A pocos días de cumplir 20 años, Felipe Altamirano se prepara para concretar un sueño: viajará a EEUU para estudiar Ingeniería en Computación gracias a una beca que ganó en marzo. Lo cierto es que se viene preparando para este momento desde los 7 años cuando una charla que podía parecer trivial con una profesora de inglés, le marcó el rumbo, un objetivo y en este 2023 podrá decir la frase “Año nuevo, vida nueva”, desde el campus de la Universidad Tecnológica de Michigan (MTU).

Este momento tan especial que vive es el resultado de una serie de eventos que comenzaron a encadenarse cuando era un niño: en su casa, le apasionaba desarmar y armar todo tipo de objetos, desde relojes hasta computadoras; para su familia era una escena habitual verlo experimentar con el ensamblaje. Lo que nadie sabía en aquellos años era que lo que comenzó como un juego, como un entretenimiento, hoy le daría la llave para abrir las puertas de su futuro.

Felipe es el segundo hijo de Claudio Altamirano y Paola Gutiérrez. Tiene dos hermanas, la mayor se llama Candela y tiene 22 años y la menor, Sofía y tiene 12. La familia va a celebrar sus dos décadas de vida el próximo 20 de diciembre en lo que también será el inicio de una despedida ya que, en enero, se subirá un avión que lo llevará hasta Estados Unidos para comenzar a vivir un sueño.

El primer paso

En esta historia, Claudio y Paola son dos piezas claves: los tres estudiaron en la Escuela Secundaria Técnica Industrial Minera (ESTIM) y ese fue el primer eslabón de esta cadena de sucesos. “Teníamos materias duras como matemática y física y la parte práctica a través de los talleres de tornería y electricidad”, comenzó a contar Felipe.

“Siempre me gustó la parte de la electricidad hasta que conocí las computadoras, en ese momento, dije: ‘Esta es la mía’. De chico, ya agarraba la computadora de mi papá, la usaba para trabajar y cuando la cambió por otra, esa quedó para mí y la convertí en mi mesa de trabajo. Experimentaba con eso, no sabía mucho, pero aprendí a desarmarla y armarla ahí, a veces la ensamblaba y no funcionaba y me daba miedo”, cuenta riendo. Y sigue: “Después, le fui agarrando la mano, empecé a trabajar en el sistema operativo, a jugar con unas funciones un poco más avanzadas y le tomé el gusto”.

Si bien, parecía que el camino ya estaba marcado, en la secundaria hubo dudas: “No sabía si seguir Ingeniería o Ciencias Aplicadas al Deporte porque a me encanta correr, jugar al básquet, me interesa la nutrición y la biología del entrenamiento. Siempre observaba todo desde una perspectiva más científica pero todo se definió cuando cumplí 18 años y me regalaron una computadora para armar, es decir, íbamos encargando los elementos y los iba ensamblando. Ese fue el momento en el que decidí ir por la Ingeniería en Computación”, relata.

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En el secundario, Felipe dudó entre estudiar Ingeniería o las Ciencias Aplicadas al Deporte.

Es que esa carrera tenía todo lo que a Felipe le apasionaba y trascartón, al recibirse, se abriría ante él un abanico de posibilidades de trabajo: “Cuando terminara de estudiar, me permitiría trabajar en programación, en diseño de componentes de computadoras o en el ensamble. Es una carrera que me gustaría terminar y tener la oportunidad de vivir de eso”, dice.

Malargüe - Beca Universidad Tecnológica de Michigan

El camino hacia la beca

La Universidad Tecnológica de Michigan es una de las instituciones que forma parte de la colaboración internacional del Observatorio Pierre Auger. Desde el año 2001, la casa de altos estudios norteamericana ofrece becas para que estudiantes de Malargüe realicen sus estudios universitarios en Michigan.

Pero para llegar hasta aquí, hubo un sendero a recorrer y ese camino estuvo marcado por mucho esfuerzo. Felipe lo cuenta así: “Todo empezó cuando tenía unos 7, 8 años, mis papás me habían mandado a estudiar inglés, ya en esa época, desarmaba relojes y cosas por el estilo, era un poco terrible. Me acuerdo que mi mamá me decía, ‘Sí, Feli, ¿qué tenés que armar ahora’?", cuenta sin poder contener la risa y tratando de reencauzar el relato.

En una clase de inglés, una profesora nos contó que había ido de vacaciones a Europa hacía unos años y nosotros le preguntábamos cómo había hecho porque para un niño de 8 años era toda una novedad la idea de salir del país. Nos comentó que había ahorrado, nos habló sobre la importancia de aprender inglés y nos contó que teníamos la posibilidad de viajar a estudiar y, a partir, elegir cada uno podría elegir lo que quería hacer con su vida, que algunos se quedaban en Estados Unidos y otros volvían con conocimientos innovadores”, dijo.

“Nos explicó que existía esa chance y a mí me fascinó la idea porque con mi papá escuchábamos música en inglés como U2, Linkin Park, que es mi banda favorita y yo ya estaba aprendiendo. Siempre me gustó proyectar mi vida y a partir de eso, me puse a trabajar: empecé a subir el promedio en la escuela, en la secundaria también me esforcé para tener buenas notas, empecé a prepararme para alcanzar ese objetivo. Fue un tirón de 11 años en el que me enfoqué en esa meta, claro que hubo ciertos altibajos, como en todo, pero siempre volvía a mi camino hacia el objetivo. Lo importante era no abandonar”, sumó el joven.

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Desde los 7 años, Felipe estudió y trabajó duro para subir su promedio y conseguir su meta.

Finalmente, Felipe se inscribió para la beca pero, ante la falta de novedades, cuando terminó el secundario se fue a vivir con un amigo a San Rafael para estudiar Nutrición y “a finales de febrero, me llamaron de la Municipalidad de Malargüe, para avisarme que la inscripción se había concretado y me preguntaron si iba a rendir. Me dijeron: ‘en una semana se rinde matemática y física’. Ahí nomás, agarré toda la bibliografía que pude y me puse a estudiar a full”, contó.

“Me acuerdo que mi amigo me dijo: ‘vos ándate, si la rendís mal, volvés y si te va bien, ya veo cómo me las arreglo’. Lo cuento porque tuve un apoyo inmenso de parte de mis amigos y de mi familia”, sumó. Es que desde que se inscribió para la beca hasta el momento en el que recibió el llamado, pasaron casi 7 meses por lo que Felipe ya se enfocaba en su nuevo inicio en San Rafael.

Los exámenes llegaron y con estos la ansiedad y los nervios. Es que, si rendía mal alguna instancia, perdía la posibilidad de ganar la beca. Fueron días de incertidumbre, en los que Felipe intentó de todo para despejar la cabeza: salía a correr, practicaba algún deporte o escuchaba música, de hecho, así recibió la noticia. “Estaba acostado y me llegó un audio por lo que encima no podía ni ver un adelanto de la noticia. Cuando lo escuché pegué el grito ‘¡no puede ser!’. Vino mi mamá a preguntarme qué pasaba, le conté, llamamos a mi papá, se acercó a casa y saltábamos los tres, lloramos, fue un momento inolvidable, estoy muy agradecido con mi familia por todo lo que han hecho por mí, por la crianza, por acompañarme”, recuerda.

Para el malargüino, ya empezó la cuenta regresiva, la universidad de Michigan otorga una beca total de aproximadamente 57.000 dólares y la Municipalidad de Malargüe hará su aporte con el pasaje de avión para él y un acompañante y también correrá con los gastos de todos los seguros.

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Felipe, además, toca el bajo, el teclado y canta en una banda.

Antes de partir, un mensaje al Felipe del pasado y también al del futuro

“Siempre he sido muy autocrítico, al Felipe niño le diría que no lo dude nunca, que a pesar de que en el futuro encontrará dificultades, personas o situaciones que le harán creer que no es capaz, del otro lado estará siempre la familia y habrá otras personas que lo van a acompañar. Contarle que pudimos cumplir nuestro sueño gracias a todos ellos”, comenzó.

Y concluyó hablando hacia su “yo” del futuro: “Decirle que espero que todo salga bien, que sé que no va a ser fácil, que esto no es algo menor y que puede significar el resto de nuestras vidas. Le quiero pedir que siga con el envión que traemos hasta ahora, que le dé para adelante porque ya vimos que trabajando durante 12 años pudimos cumplir un sueño y que será su turno de proyectar lo que él desee que lo vamos a dar todo para lograrlo, aunque nos quedemos a mitad de camino, vamos a dejar todo”.

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